Australia: ley de redes sociales a prueba, entre adolescentes y gigantes

Redacción Cuyo News
9 min
Cortito y conciso:

Australia implementó una ley pionera que prohíbe el acceso a redes sociales a menores de 16 años, buscando mejorar la salud mental adolescente y reducir su exposición a algoritmos. Tras la desactivación de 4.7 millones de cuentas, el Gobierno celebra resultados, aunque la medida ha generado grietas: los jóvenes buscan cómo eludirla y gigantes tecnológicos como Meta y Reddit critican su efectividad y legalidad, planteando un complejo debate sobre la privacidad, el acceso a la información y el control parental en la era digital.

El muelle de Woolwich, uno de los tantos que conectan los suburbios ribereños de Sídney con el vibrante centro de la ciudad, se ha convertido este verano en un inesperado epicentro de una silenciosa revolución. Allí, entre el vaivén de las olas, adolescentes que hasta hace poco habitaban el universo de los algoritmos y los likes, ahora se dedican a la pesca. Una imagen casi bucólica, que contrasta con la furiosa discusión global sobre el impacto de las pantallas en la juventud.

Jamie D., un pibe de 14 años, encarna esta nueva realidad. Con el sol pegándole en la frente, mientras cuida dos cañas, confiesa: «Creo que estuve durmiendo mejor sin mirar TikTok y después de las fiestas me animé a venir hasta aquí más temprano porque los otros muelles están llenos». La vida sin redes, dice, le mejoró el sueño, pero le trajo otros «problemas»: «Vengo solo porque es un lío quedar. Algunos de mis amigos se abrieron nuevas cuentas en Snapchat, pero mis padres no me dejaron intentarlo». El testimonio de Jamie D. es apenas un eco de un experimento social sin precedentes.

La gran desconexión australiana: ¿un éxito o una utopía?

Este verano ha sido, sin dudas, inusual para millones de adolescentes australianos. Desde el 10 de diciembre pasado, el Gobierno laborista activó una ley pionera que veta el acceso a una decena de plataformas como Instagram, TikTok o Snapchat a menores de 16 años. ¿La zanahoria y el garrote? Multas millonarias –hasta 49,5 millones de dólares australianos– para las empresas que no tomen «pasos razonables» para verificar la edad de sus usuarios. A mediados de este mes, el primer ministro Anthony Albanese, con la satisfacción del deber cumplido, anunció la desactivación de unos 4,7 millones de usuarios en las plataformas bajo escrutinio: Instagram, Facebook, Threads, X, TikTok, Reddit, Kick, Twitch y YouTube.

«Sabemos que ha sido difícil para muchos. Todo cambio lo es», reconoció Albanese desde Queensland. Pero la balanza, para el mandatario, se inclina hacia el lado positivo: «Durante estas vacaciones, los jóvenes han andado en bicicleta, han estado leyendo libros, quedando con amigos y familiares. Interactuando. Esto ha marcado una enorme diferencia para ellos». El orgulloso primer ministro calificó esta iniciativa como «una fuente de orgullo australiano», que, ni más ni menos, ya es mirada con lupa por otros gobiernos. La Asamblea Nacional de Francia ya aprobó un proyecto similar, y países como Nueva Zelanda, Dinamarca o Malasia coquetean con la idea de seguir el mismo derrotero.

Pero la realidad, como siempre, es más compleja que los comunicados oficiales. Los adolescentes, maestros en el arte de la reinvención digital, encontraron sus grietas. El verano, sí, estuvo plagado de jóvenes pescando en los muelles de Sídney o invadiendo campos de golf con bicicletas en otras ciudades. Una postal que, si bien suena a retorno a la naturaleza, también esconde una persistente búsqueda de conexión. Muchos han eludido los controles faciales de redes como Snapchat, consiguieron abrir nuevas cuentas en TikTok o Instagram, o siguen enganchados a los videos de YouTube sin necesidad de iniciar sesión, sorteando así la barrera impuesta.

La comisionada de Seguridad Digital, Julie Inman Grant, en un ejercicio de pragmatismo, puso los puntos sobre las íes: “No esperamos que las leyes de seguridad eliminen todas las infracciones. Si así fuera, los límites de velocidad no servirían porque todavía hay gente que los incumple”. Y añadió, para dejar clara la intención: “No se trata de limitar el acceso de los jóvenes a la tecnología. Se trata de evitar que las empresas depredadoras de redes sociales accedan a nuestros hijos”. Una declaración que, si bien suena sensata, omite el hecho de que el control absoluto es, en el mundo digital, casi una quimera.

La voz de la discordia: gigantes tecnológicos contra el Estado

Mientras el Gobierno australiano celebra sus cifras, las grandes plataformas no se quedan de brazos cruzados. Las autoridades no han detallado el porcentaje de cuentas bloqueadas por cada plataforma, pero Meta, con un aire de reproche, afirmó haber eliminado medio millón de usuarios menores de 16 años: 330.639 cuentas de Instagram, 173.497 perfiles de Facebook y 39.916 de Threads. Y no se quedó ahí. En un blog, la compañía arremetió contra la esencia de la ley: “La premisa de la ley, que impide a los menores de 16 años tener una cuenta en redes sociales para evitar una ‘experiencia algorítmica’, es falsa. Las plataformas que permiten a los adolescentes usarlas sin iniciar sesión aún utilizan algoritmos para determinar el contenido que podría interesar al usuario, aunque de una forma menos personalizada y que puede adaptarse adecuadamente a su edad”. Un golpe directo a la línea de flotación de la argumentación gubernamental.

La preocupación por el algoritmo no es exclusiva de las empresas. Marie Easton, madre de dos jóvenes en Nueva Gales del Sur, confiesa haber perdido la batalla contra YouTube, incluso después de que sus hijos ya no tuvieran usuarios Premium. “Es incluso peor”, sentencia. “Antes veían todo lo que querían sin anuncios. Ahora siguen mirando vídeos, pero cada dos minutos se cuelan los anuncios de juegos para el móvil o de sitios de apuestas”. La paradoja, en este caso, es brutal: la desconexión oficial puede estar llevando a una exposición aún mayor a contenido no deseado.

Meta, insistente en su crítica, sostiene que la ley “aísla a jóvenes vulnerables, impidiendo que accedan a otras comunidades en línea” y “empuja a los adolescentes a otras redes y a sitios de internet con menos regulaciones”. Un argumento que resuena en la trinchera de los defensores de la libertad en la red. Esta crítica ha sido la más contundente que ha enfrentado el Gobierno, que a finales de diciembre ya fue demandado por otra plataforma, Reddit, ante la Corte Suprema australiana.

Reddit en pie de guerra: libertad de comunicación vs. seguridad digital

Reddit, un foro enfocado en discusiones sobre temas específicos que se nutre de texto, video e imágenes, busca que la Justicia admita que la norma viola los derechos constitucionales de los adolescentes a la libertad de comunicación política. Un argumento de peso, ya blandido por grupos libertarios y activistas digitales ante la Corte. Además, la plataforma argumenta que no debería ser regulada, ya que no promueve la interacción social entre usuarios anónimos de la misma manera que otras redes. La Corte, en un fallo que sentará precedente, resolverá ambas demandas el próximo mes.

El dilema es complejo: ¿es la ley australiana una heroica defensa de la infancia frente a las garras de los algoritmos, o una medida paternalista que ignora la capacidad de adaptación y los derechos de los jóvenes en la era digital? Mientras los políticos celebran y los gigantes tecnológicos contraatacan, los adolescentes australianos siguen buscando sus propios caminos, demostrando que la desconexión total es, quizás, una ilusión en un mundo hiperconectado. La polémica está servida, y el debate, lejos de cerrarse, recién empieza.

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