La Cámara de Diputados de la Nación se ha convertido en el nuevo escenario de conflicto para la reforma laboral, centrando la atención en la «letra chica» del polémico artículo 44. Esta disposición, atribuida al ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, propone un recorte sustancial en las licencias por enfermedad, una medida calificada por diversos sectores como un ejercicio de «darwinismo laboral».
Rebelión de aliados y el retroceso oficialista
A pesar de haber sido aprobado por el Senado, el artículo encontró una resistencia inesperada en la Cámara Baja. Cristian Ritondo, jefe de la bancada del PRO, y el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, fueron los primeros en advertir que sus legisladores no acompañarían lo que consideran una afrenta a los derechos básicos de los trabajadores. Ante el riesgo de que el rechazo a este punto pusiera en peligro la totalidad de la ley, la ministra de Seguridad y operadora legislativa, Patricia Bullrich, confirmó que el oficialismo aceptará la eliminación del artículo 44.
La estrategia busca garantizar un «objetivo mayor»: la aprobación del grueso de la reforma. «Patricia Bullrich logró que la reforma pasara por un tubo en la Cámara Alta», recordaron fuentes parlamentarias, pero el pragmatismo actual obliga a sacrificar la iniciativa de Sturzenegger para mantener la gobernabilidad y el consenso con los sectores dialoguistas.
El origen del proyecto: de Bullrich a Milei
La historia detrás de esta reforma revela las complejas alianzas de la política argentina. Sturzenegger desarrolló originalmente su plan de reducción del Estado y eliminación de la burocracia para la campaña presidencial de Bullrich en 2023. Tras los resultados electorales que dejaron a la candidata de Juntos por el Cambio fuera del balotaje, el economista trasladó su proyecto al actual presidente Javier Milei.
Hoy, la paradoja política muestra a Bullrich desactivando una de las propuestas centrales de su ex aliado. Mientras tanto, la narrativa oficial continúa sosteniendo que la iniciativa no vulnera derechos, sino que «solo modernizaba las condiciones de trabajo» para fomentar la creación de nuevos empleos, un axioma defendido con tenacidad en medios de comunicación y redes sociales, a pesar de las críticas por el retroceso en materia de protección social.
Con el retiro del artículo 44, el Gobierno espera destrabar la sesión en Diputados, aunque queda abierta la discusión sobre qué otros puntos de la denominada «modernización laboral» sufrirán modificaciones ante la presión de los bloques aliados y el costo político de las medidas más restrictivas.
<p>La Cámara de Diputados debate la eliminación del artículo 44 de la reforma laboral, una iniciativa impulsada por Federico Sturzenegger que propone el recorte de las licencias por enfermedad. Ante el rechazo de sectores aliados como el PRO y el bloque salteño, la ministra Patricia Bullrich cedió en la supresión de dicho punto para asegurar la aprobación del resto del paquete legislativo.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En el fascinante laboratorio del «Darwinismo Laboral» que comanda Federico Sturzenegger, parece que estar enfermo se ha vuelto un lujo de casta que el Estado ya no está dispuesto a financiar. El polémico artículo 44 de la reforma laboral, ese que los senadores votaron con los ojos cerrados como quien firma un pacto con el diablo a oscuras, pretende recortar las licencias por enfermedad bajo la premisa de que, si no te morís, podés seguir tecleando. Es una movida tan audaz que hasta a los aliados más entusiastas del Gobierno les dio un frío en la espalda que ni una licencia de tres días alcanzaría para curar. Sturzenegger, ese arquitecto de la desregulación que tiene un plan para achicar todo lo que no sea su propio ego, parece haber olvidado que hasta los robots necesitan mantenimiento, pero para él, un resfrío es básicamente una conspiración comunista contra el PBI.
Lo más desopilante de esta opereta es el rol de Patricia Bullrich, la actual guardiana de los votos oficialistas, quien ahora sale a «ajusticiar» la idea de su antiguo socio de aventuras políticas. Recordemos que este plan de Sturzenegger fue diseñado originalmente para el placard de «Pato» cuando soñaba con la Rosada, pero terminó en las manos de Milei como un regalo de Navidad reciclado. Ahora, ante la rebelión de Ritondo y los gobernadores que no quieren cargar con el muerto de mandar a trabajar a gente con 40 de fiebre, Bullrich aplicó un pragmatismo digno de una serie de espías: tiró el artículo 44 por la ventana para salvar el resto del barco. Es una vuelta de campana fenomenal que nos muestra que, en la política argentina, el amor dura lo que tarda en aparecer una encuesta negativa y la lealtad es un concepto tan volátil como el precio del dólar.
Mientras tanto, el relato oficial sigue intentando vendernos que esta poda de derechos es, en realidad, una «modernización» para crear empleo, con una convicción que sería conmovedora si no fuera porque nos están diciendo que perder la licencia por enfermedad es un beneficio. En las redes y los medios, los axiomas libertarios defienden estas medidas como si fueran la invención de la pólvora, mientras el empleado de a pie mira el termómetro y se pregunta si el próximo paso de la desregulación será prohibir el estornudo en horario de oficina. Al final del día, el artículo 44 se encamina al tacho de basura de la historia legislativa, no por piedad, sino por la simple aritmética de los votos en Diputados.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La Cámara de Diputados de la Nación se ha convertido en el nuevo escenario de conflicto para la reforma laboral, centrando la atención en la «letra chica» del polémico artículo 44. Esta disposición, atribuida al ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, propone un recorte sustancial en las licencias por enfermedad, una medida calificada por diversos sectores como un ejercicio de «darwinismo laboral».
Rebelión de aliados y el retroceso oficialista
A pesar de haber sido aprobado por el Senado, el artículo encontró una resistencia inesperada en la Cámara Baja. Cristian Ritondo, jefe de la bancada del PRO, y el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, fueron los primeros en advertir que sus legisladores no acompañarían lo que consideran una afrenta a los derechos básicos de los trabajadores. Ante el riesgo de que el rechazo a este punto pusiera en peligro la totalidad de la ley, la ministra de Seguridad y operadora legislativa, Patricia Bullrich, confirmó que el oficialismo aceptará la eliminación del artículo 44.
La estrategia busca garantizar un «objetivo mayor»: la aprobación del grueso de la reforma. «Patricia Bullrich logró que la reforma pasara por un tubo en la Cámara Alta», recordaron fuentes parlamentarias, pero el pragmatismo actual obliga a sacrificar la iniciativa de Sturzenegger para mantener la gobernabilidad y el consenso con los sectores dialoguistas.
El origen del proyecto: de Bullrich a Milei
La historia detrás de esta reforma revela las complejas alianzas de la política argentina. Sturzenegger desarrolló originalmente su plan de reducción del Estado y eliminación de la burocracia para la campaña presidencial de Bullrich en 2023. Tras los resultados electorales que dejaron a la candidata de Juntos por el Cambio fuera del balotaje, el economista trasladó su proyecto al actual presidente Javier Milei.
Hoy, la paradoja política muestra a Bullrich desactivando una de las propuestas centrales de su ex aliado. Mientras tanto, la narrativa oficial continúa sosteniendo que la iniciativa no vulnera derechos, sino que «solo modernizaba las condiciones de trabajo» para fomentar la creación de nuevos empleos, un axioma defendido con tenacidad en medios de comunicación y redes sociales, a pesar de las críticas por el retroceso en materia de protección social.
Con el retiro del artículo 44, el Gobierno espera destrabar la sesión en Diputados, aunque queda abierta la discusión sobre qué otros puntos de la denominada «modernización laboral» sufrirán modificaciones ante la presión de los bloques aliados y el costo político de las medidas más restrictivas.
En el fascinante laboratorio del «Darwinismo Laboral» que comanda Federico Sturzenegger, parece que estar enfermo se ha vuelto un lujo de casta que el Estado ya no está dispuesto a financiar. El polémico artículo 44 de la reforma laboral, ese que los senadores votaron con los ojos cerrados como quien firma un pacto con el diablo a oscuras, pretende recortar las licencias por enfermedad bajo la premisa de que, si no te morís, podés seguir tecleando. Es una movida tan audaz que hasta a los aliados más entusiastas del Gobierno les dio un frío en la espalda que ni una licencia de tres días alcanzaría para curar. Sturzenegger, ese arquitecto de la desregulación que tiene un plan para achicar todo lo que no sea su propio ego, parece haber olvidado que hasta los robots necesitan mantenimiento, pero para él, un resfrío es básicamente una conspiración comunista contra el PBI.
Lo más desopilante de esta opereta es el rol de Patricia Bullrich, la actual guardiana de los votos oficialistas, quien ahora sale a «ajusticiar» la idea de su antiguo socio de aventuras políticas. Recordemos que este plan de Sturzenegger fue diseñado originalmente para el placard de «Pato» cuando soñaba con la Rosada, pero terminó en las manos de Milei como un regalo de Navidad reciclado. Ahora, ante la rebelión de Ritondo y los gobernadores que no quieren cargar con el muerto de mandar a trabajar a gente con 40 de fiebre, Bullrich aplicó un pragmatismo digno de una serie de espías: tiró el artículo 44 por la ventana para salvar el resto del barco. Es una vuelta de campana fenomenal que nos muestra que, en la política argentina, el amor dura lo que tarda en aparecer una encuesta negativa y la lealtad es un concepto tan volátil como el precio del dólar.
Mientras tanto, el relato oficial sigue intentando vendernos que esta poda de derechos es, en realidad, una «modernización» para crear empleo, con una convicción que sería conmovedora si no fuera porque nos están diciendo que perder la licencia por enfermedad es un beneficio. En las redes y los medios, los axiomas libertarios defienden estas medidas como si fueran la invención de la pólvora, mientras el empleado de a pie mira el termómetro y se pregunta si el próximo paso de la desregulación será prohibir el estornudo en horario de oficina. Al final del día, el artículo 44 se encamina al tacho de basura de la historia legislativa, no por piedad, sino por la simple aritmética de los votos en Diputados.