La Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) atraviesa una nueva crisis institucional tras la renuncia de su director titular, Fernando Bearzi. La salida del funcionario se produjo luego de un enfrentamiento frontal con la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y marca un punto de inflexión en la interna del Gobierno Nacional, donde el sector liderado por Lule Menem —mano derecha de Karina Milei— ha logrado desplazar a un hombre clave del Ministerio de Economía.
Bearzi, quien respondía directamente a las directivas de Luis «Toto» Caputo, se vio forzado a dejar el cargo cuando la ministra Pettovello decidió remover a su secretaria general sin previo aviso. Este desplazamiento fue el detonante de una relación que ya venía desgastada por la gestión de expedientes sensibles y denuncias de irregularidades, específicamente sobre sobreprecios de 2000 millones de pesos en la contratación de servicios de limpieza para las dependencias del organismo.
El avance de Lule Menem y el negocio de los seguros
Con la salida de Bearzi, el control operativo de la Anses recae en Guillermo Arancibia, quien hasta el momento se desempeñaba como subdirector y cuenta con el respaldo total de Lule Menem. Arancibia es un funcionario que ya ha estado en el centro de la polémica: en 2024 fue objeto de escraches gremiales tras detectarse el uso de fondos de la caja chica del organismo para gastos personales, tales como la compra de yogures y barras de cereal.
Fuentes oficiales indican que el objetivo primordial de este recambio es el control del negocio de los seguros dentro de la Anses, una caja que ya había provocado la salida de Osvaldo Giordano al inicio de la gestión libertaria. Asimismo, trascendió que el exgobernador cordobés Juan Schiaretti mantiene negociaciones con el Ejecutivo para obtener una subdirección en el ente, a cambio de garantizar el apoyo legislativo de sus diputados en el Congreso.
Caputo pierde el manejo del Fondo de Garantía de Sustentabilidad
La dimisión de Bearzi representa un golpe estratégico para el ministro de Economía. Según investigaciones periodísticas, el ahora exdirector fue asesor financiero de Noctua, una firma con sedes en Miami y Delaware vinculada a Caputo que administraba fondos en las Islas Caimán. Esta cercanía técnica permitió que, durante su breve mandato iniciado en febrero de 2025, la Anses utilizara recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para intervenir en el mercado financiero.
Bearzi destinó «miles de millones de la plata de los jubilados para evitar un derrumbe de los bonos» con el fin de mitigar la crisis de confianza generada por la Criptoestafa de Libra, promovida originalmente por el presidente Javier Milei. Con su salida, Caputo pierde la herramienta principal para frenar la escalada de los dólares financieros, en lo que dentro del oficialismo ya se denomina como el inicio de una purga de funcionarios vinculados al Palacio de Hacienda.
<p>Fernando Bearzi presentó su renuncia a la dirección de la Anses tras un severo conflicto con la ministra Sandra Pettovello. El funcionario, vinculado directamente al ministro de Economía Luis Caputo, será reemplazado por Guillermo Arancibia, figura cercana a Lule Menem. La salida marca el avance del sector de Karina Milei sobre el organismo previsional y el control del Fondo de Garantía de Sustentabilidad.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En un nuevo episodio de la serie «Los Juegos del Hambre: Edición Casa Rosada», Fernando Bearzi decidió que ya no tiene la estabilidad emocional necesaria para explicarle a Sandra Pettovello que la Anses no es un centro de estética ni una sucursal de sus miedos existenciales. Bearzi, que hasta ayer era el guardián de la caja de los jubilados bajo la estricta vigilancia de Luis «Toto» Caputo, tiró la toalla tras descubrir que en el organigrama libertario, ser el asesor financiero de una empresa en Islas Caimán cuenta menos que tener el visto bueno de Lule Menem para comprar snacks con la plata del Estado.
La salida de Bearzi no es una simple renuncia; es un certificado de defunción para la influencia de Caputo en los pasillos previsionales. Mientras el Ministro de Economía usaba el Fondo de Garantía de Sustentabilidad como si fuera su billetera de Steam para comprar bonos y frenar el dólar —especialmente después del papelón cósmico de la Criptoestafa de Libra—, el ala de Karina Milei decidió que ya era hora de pasar a la fase de «limpieza profunda». Y no hablamos de la limpieza de 2000 millones con sobreprecios que denunciaron por ahí, sino de una purga política que dejaría a Stalin pareciendo un moderado de centro-izquierda. Ahora, el control queda en manos de Guillermo Arancibia, un hombre cuya visión estratégica es tan amplia que incluye el uso de la caja chica para financiar su adicción al yogur y las barritas de cereal, demostrando que la verdadera soberanía alimentaria empieza por el escritorio del subdirector.
Lo más fascinante de este ecosistema de tiburones es la aparición estelar de Juan Schiaretti, quien desde Córdoba observa el incendio pidiendo una subdirección a cambio de votos, como quien pide una porción de muzza por haber ayudado a cruzar la calle a una anciana. Mientras tanto, Bearzi vuelve al llano, o quizás a Noctua en Miami, lejos de los gremialistas que escrachan por un Danonino y de ministras que le corren a la secretaria por deporte nacional. En el Gobierno aseguran que esto es solo el comienzo de la «descaputización», lo cual es irónico considerando que Caputo es el único que parece saber dónde está el botón de «imprimir billetes sin que explote el país». La gestión previsional argentina sigue siendo ese lugar donde los jubilados esperan un aumento mientras los funcionarios se pelean por quién se queda con el negocio de los seguros y quién paga el próximo pack de yogures descremados.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) atraviesa una nueva crisis institucional tras la renuncia de su director titular, Fernando Bearzi. La salida del funcionario se produjo luego de un enfrentamiento frontal con la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y marca un punto de inflexión en la interna del Gobierno Nacional, donde el sector liderado por Lule Menem —mano derecha de Karina Milei— ha logrado desplazar a un hombre clave del Ministerio de Economía.
Bearzi, quien respondía directamente a las directivas de Luis «Toto» Caputo, se vio forzado a dejar el cargo cuando la ministra Pettovello decidió remover a su secretaria general sin previo aviso. Este desplazamiento fue el detonante de una relación que ya venía desgastada por la gestión de expedientes sensibles y denuncias de irregularidades, específicamente sobre sobreprecios de 2000 millones de pesos en la contratación de servicios de limpieza para las dependencias del organismo.
El avance de Lule Menem y el negocio de los seguros
Con la salida de Bearzi, el control operativo de la Anses recae en Guillermo Arancibia, quien hasta el momento se desempeñaba como subdirector y cuenta con el respaldo total de Lule Menem. Arancibia es un funcionario que ya ha estado en el centro de la polémica: en 2024 fue objeto de escraches gremiales tras detectarse el uso de fondos de la caja chica del organismo para gastos personales, tales como la compra de yogures y barras de cereal.
Fuentes oficiales indican que el objetivo primordial de este recambio es el control del negocio de los seguros dentro de la Anses, una caja que ya había provocado la salida de Osvaldo Giordano al inicio de la gestión libertaria. Asimismo, trascendió que el exgobernador cordobés Juan Schiaretti mantiene negociaciones con el Ejecutivo para obtener una subdirección en el ente, a cambio de garantizar el apoyo legislativo de sus diputados en el Congreso.
Caputo pierde el manejo del Fondo de Garantía de Sustentabilidad
La dimisión de Bearzi representa un golpe estratégico para el ministro de Economía. Según investigaciones periodísticas, el ahora exdirector fue asesor financiero de Noctua, una firma con sedes en Miami y Delaware vinculada a Caputo que administraba fondos en las Islas Caimán. Esta cercanía técnica permitió que, durante su breve mandato iniciado en febrero de 2025, la Anses utilizara recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para intervenir en el mercado financiero.
Bearzi destinó «miles de millones de la plata de los jubilados para evitar un derrumbe de los bonos» con el fin de mitigar la crisis de confianza generada por la Criptoestafa de Libra, promovida originalmente por el presidente Javier Milei. Con su salida, Caputo pierde la herramienta principal para frenar la escalada de los dólares financieros, en lo que dentro del oficialismo ya se denomina como el inicio de una purga de funcionarios vinculados al Palacio de Hacienda.
En un nuevo episodio de la serie «Los Juegos del Hambre: Edición Casa Rosada», Fernando Bearzi decidió que ya no tiene la estabilidad emocional necesaria para explicarle a Sandra Pettovello que la Anses no es un centro de estética ni una sucursal de sus miedos existenciales. Bearzi, que hasta ayer era el guardián de la caja de los jubilados bajo la estricta vigilancia de Luis «Toto» Caputo, tiró la toalla tras descubrir que en el organigrama libertario, ser el asesor financiero de una empresa en Islas Caimán cuenta menos que tener el visto bueno de Lule Menem para comprar snacks con la plata del Estado.
La salida de Bearzi no es una simple renuncia; es un certificado de defunción para la influencia de Caputo en los pasillos previsionales. Mientras el Ministro de Economía usaba el Fondo de Garantía de Sustentabilidad como si fuera su billetera de Steam para comprar bonos y frenar el dólar —especialmente después del papelón cósmico de la Criptoestafa de Libra—, el ala de Karina Milei decidió que ya era hora de pasar a la fase de «limpieza profunda». Y no hablamos de la limpieza de 2000 millones con sobreprecios que denunciaron por ahí, sino de una purga política que dejaría a Stalin pareciendo un moderado de centro-izquierda. Ahora, el control queda en manos de Guillermo Arancibia, un hombre cuya visión estratégica es tan amplia que incluye el uso de la caja chica para financiar su adicción al yogur y las barritas de cereal, demostrando que la verdadera soberanía alimentaria empieza por el escritorio del subdirector.
Lo más fascinante de este ecosistema de tiburones es la aparición estelar de Juan Schiaretti, quien desde Córdoba observa el incendio pidiendo una subdirección a cambio de votos, como quien pide una porción de muzza por haber ayudado a cruzar la calle a una anciana. Mientras tanto, Bearzi vuelve al llano, o quizás a Noctua en Miami, lejos de los gremialistas que escrachan por un Danonino y de ministras que le corren a la secretaria por deporte nacional. En el Gobierno aseguran que esto es solo el comienzo de la «descaputización», lo cual es irónico considerando que Caputo es el único que parece saber dónde está el botón de «imprimir billetes sin que explote el país». La gestión previsional argentina sigue siendo ese lugar donde los jubilados esperan un aumento mientras los funcionarios se pelean por quién se queda con el negocio de los seguros y quién paga el próximo pack de yogures descremados.