La industria argentina llega al último trimestre de 2026 con la actividad, el empleo y la cantidad de empresas en retroceso. Los últimos indicadores sectoriales y las expectativas de los empresarios muestran un escenario en el que la demanda interna continúa débil y todavía no aparecen señales claras de un cambio de rumbo.

Según los datos del Indec, en agosto la producción industrial aumentó 1,9% frente a julio en la serie sin estacionalidad, aunque ese resultado no alcanzó para compensar la caída de 5,1% registrada el mes anterior. En la comparación interanual, la actividad cayó 3,2%.

Durante los primeros ocho meses de 2026, la industria acumula una contracción de 2,7% y se encuentra 17,2% por debajo del máximo alcanzado en noviembre de 2017.

El deterioro también alcanza al empleo y al entramado productivo. De acuerdo con un informe de coyuntura de Industria y Desarrollo (I+D), en junio se perdieron 2.561 puestos asalariados formales en la industria, mientras que en los últimos doce meses la pérdida llegó a 51.810 empleos.

En cuanto a las empresas, I+D registró 138 compañías industriales menos en junio, frente a más de 400 en mayo. Durante el primer semestre, la baja acumulada superó las 1.600 empresas.

Empresarios anticipan una demanda más débil

La presión también se observa en los costos. En los primeros ocho meses del año, los precios de los bienes industriales aumentaron 8,3% medidos en dólares, frente al 15,5% del índice general de precios al consumidor, el 21% de los servicios y el 41% de la energía eléctrica.

Con ventas más bajas y costos que crecen a mayor ritmo que los precios, las empresas tienen menos margen para invertir. En el segundo trimestre, la inversión cayó 11% interanual y acumuló cinco descensos trimestrales consecutivos, según I+D.

La última Encuesta de Tendencia de Negocios del Indec consultó a las empresas sobre sus expectativas para octubre y noviembre. El resultado general fue de estabilidad, aunque con una inclinación negativa.

Respecto de la producción, el 64,9% de las empresas consultadas considera que no habrá cambios, mientras que el 19,7% prevé una disminución y el 15,4% espera un aumento. El balance, que surge de restar las respuestas negativas de las positivas, quedó en -4,3 puntos.

El indicador de confianza empresarial, que combina las expectativas de producción con la evaluación actual de pedidos y stocks, se ubicó en -20,2% en agosto. En julio había sido de -17,2%, por lo que agosto marcó el nivel más bajo del año.

La demanda interna aparece como el principal problema. El 23,8% de los empresarios espera que los pedidos disminuyan durante los próximos tres meses, mientras que el 13,8% anticipa un aumento y el 62,4% no prevé modificaciones.

Además, el 52,9% considera que su cartera de pedidos está por debajo de lo normal. Al ser consultadas sobre el principal factor que limita su capacidad para aumentar la producción, el 53,6% de las empresas señaló la demanda interna insuficiente.

Muy por detrás quedaron la competencia de productos importados, con 10,1%, y la incertidumbre económica, con 6,7%.

El empleo y los cierres siguen bajo presión

Las exportaciones constituyen el único rubro de la encuesta con un balance levemente positivo. El 18,2% de las empresas espera que aumenten, mientras que el 17,1% prevé una caída y el 64,7% no anticipa cambios.

En cuanto a los precios de venta, el 30,5% de las empresas espera aumentos, el 62,4% no prevé modificaciones y apenas el 7,1% anticipa bajas.

Las expectativas sobre el empleo tampoco muestran una recuperación. El 79,8% de las compañías cree que su cantidad de trabajadores no cambiará, el 16,5% prevé una reducción y solo el 3,7% espera incorporar personal.

Las proyecciones de I+D apuntan en la misma dirección. Para todo 2026, la consultora estima una pérdida de 50.000 empleos industriales directos y de 90.000 si se incluyen los puestos indirectos.

En relación con las empresas, I+D proyecta alrededor de 1.400 firmas menos durante el segundo semestre, lo que llevaría la pérdida total del año a unas 3.000 compañías. El informe señala que el ritmo de destrucción se moderó, aunque todavía se encuentra lejos de representar una recuperación.

Las bajas expectativas de repunte están relacionadas principalmente con la debilidad de la demanda y el elevado costo del financiamiento. Según el Indec, el 31,4% de las empresas considera difícil el acceso al crédito y apenas el 6% lo califica como fácil.

Una economía a dos velocidades

Tomás Amerio, de la Fundación Libertad y Progreso, analizó los indicadores industriales y los vinculó con una “Argentina a dos velocidades”. Desde su perspectiva, “lo que se debilita es la inversión en bienes de capital y la demanda de bienes durables, no el procesamiento de materias primas”.

Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics, puso el foco en el mercado interno. “El serrucho de la actividad, con caídas seguidas de rebotes, empieza a mostrar menos capacidad para esconder las debilidades de fondo”, señaló.

“El problema sigue siendo la debilidad de la demanda doméstica”, agregó Casas. Para el economista, agosto no modificó el diagnóstico: la actividad vinculada al mercado interno continúa sin encontrar un motor de crecimiento y la industria sigue operando en niveles bajos.

Casas también analizó el desafío del Gobierno para reactivar la demanda doméstica “sin desanclar el programa económico”. En ese sentido, planteó que el regreso del crédito en pesos sería central, aunque admitió que todavía no se observa una mejora pronunciada.

Los especialistas de I+D, en cambio, concentraron su análisis en la “ausencia de una agenda micro”, que calificaron como “procíclica” porque profundiza la fragilidad de empresas que ya vienen perdiendo actividad.

El informe también advierte sobre la competencia internacional. “El contrabando y el retiro de medidas antidumping suman presión en un contexto de apreciación cambiaria”, remarcaron los especialistas de I+D.

Según el relevamiento citado por la consultora, seis de cada diez empresas encuestadas reportan un impacto alto o muy alto de la competencia desleal y el contrabando sobre su actividad. Además, la mitad de las compañías señala que los productos importados se comercializan a precios artificialmente bajos.

Entre los problemas mencionados también aparecen la falta de certificaciones obligatorias, la ausencia de trazabilidad y la comercialización sin factura, factores que agregan presión sobre un sector que enfrenta una demanda interna debilitada y expectativas de producción todavía negativas.