La comunidad científica internacional ha puesto bajo la lupa la evolución de las temperaturas en el Océano Pacífico ante la inminente llegada del fenómeno de El Niño. Según los informes más recientes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), las condiciones de «La Niña» débil han dado paso a una fase neutra, la cual precederá a un episodio de calentamiento global con efectos significativos en el hemisferio sur.
Probabilidades y cronograma del fenómeno
De acuerdo con el reporte de la NOAA emitido el 13 de abril, existe un 80% de probabilidad de que las condiciones neutras se mantengan hasta junio de 2026. No obstante, el desarrollo de El Niño se espera para el trimestre mayo-julio con una probabilidad del 61%. Esta tendencia se fortalecerá hacia el cierre del año, alcanzando un 90% de certeza para el periodo comprendido entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
«El Niño viene y esto nos permite saber que hay que prepararnos», señaló Bárbara Tapia Cortés, especialista de la OMM. La experta destacó que, a diferencia de otros eventos, este fenómeno ofrece una ventana de alerta de aproximadamente seis meses para que las naciones tomen medidas preventivas.
Intensidad y mitos: ¿Un «Niño Godzilla»?
A pesar del alarmismo generado por términos como «Súper Niño» o «Niño Godzilla», la terminología técnica oficial no contempla dichos adjetivos. La intensidad del fenómeno se mide por la anomalía térmica de la superficie oceánica: si la temperatura se mantiene 0,5°C por encima del promedio durante tres meses, se declara el evento. Actualmente, la probabilidad de que se trate de un fenómeno «muy fuerte» (con anomalías superiores a los 2°C) es de una en cuatro.
Tom Di Liberto, científico climático de Climate Central, advirtió que el volumen de agua caliente acumulada en el Pacífico es sustancial en comparación con registros históricos, lo que justifica el estado de vigilancia activa en toda la región.
Impacto regional en América Latina
El comportamiento de El Niño no es uniforme y depende de la estación del año en la que se manifieste. Según las proyecciones para el Cono Sur:
- Durante el invierno (junio-agosto): Se esperan condiciones cálidas en Ecuador, Perú y el norte de Chile, mientras que el centro de Chile podría registrar mayor humedad.
- Hacia finales de año: La tendencia histórica indica un aumento de la humedad y precipitaciones en el noreste de Argentina y Uruguay, además de calor extremo en el sureste de Brasil.
Ante la variabilidad de los modelos, los expertos recomiendan a la población y a los sectores productivos seguir estrictamente las actualizaciones de las autoridades meteorológicas locales, quienes poseen la capacidad de traducir estas tendencias globales a los efectos específicos en cada territorio.
<p>Organismos científicos internacionales como la OMM y la NOAA confirmaron la transición hacia el fenómeno de El Niño para el segundo semestre de 2026. Tras un periodo de condiciones neutras, existe un 61% de probabilidad de que el calentamiento se desarrolle entre mayo y julio, alcanzando un 90% de certeza hacia fin de año. Expertos instan a la preparación ante posibles eventos climáticos extremos en América Latina.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Si usted pensaba que el 2026 venía tranquilo, lamento informarle que el Pacífico tiene otros planes y está calentando motores —literalmente—. La comunidad científica, que suele ser bastante medida, ya soltó la bomba: «La Niña» hizo las valijas y ahora le toca el turno a «El Niño». Pero ojo, que no es un nene cualquiera; algunos medios ya lo bautizaron como «Niño Godzilla» o «Súper Niño», nombres que suenan más a película clase B de los años 50 que a un reporte meteorológico serio, pero que sirven perfectamente para que entremos en pánico preventivo y miremos el cielo con desconfianza cada vez que sube un grado la temperatura.
Bárbara Tapia Cortés, de la OMM, salió a poner paños fríos (chiste climático involuntario) aclarando que esos apodos marketineros no existen en los manuales. Sin embargo, los modelos están más excitados que un sanjuanino cuando anuncian que no hay viento Zonda. Hay un 25% de chances de que sea un evento «muy fuerte», lo que en criollo significa que la probabilidad de que nos cocinemos o nos inundemos es de una en cuatro. Es como jugar a la ruleta rusa con el termómetro, pero con seis meses de anticipación para comprar protector solar factor 100 o un bote inflable, dependiendo de qué lado de la cordillera te toque estar.
Lo más pintoresco es que para fin de año, las probabilidades de tener al Niño instalado en el living de casa son del 90%. Para nuestra región, esto suele traducirse en un noreste argentino más húmedo que sesión de acuagym y olas de calor que harían que pida un ventilador. Los expertos dicen que «cada Niño es un mundo», lo cual es una forma muy elegante de decir que no tienen la más mínima idea de si vamos a terminar braceando para ir al almacén o si el pasto se va a convertir en rastrojo seco en cuestión de días. Por ahora, la recomendación oficial es «prepararse», que es básicamente el equivalente científico a decir «que Dios nos ayude».
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La comunidad científica internacional ha puesto bajo la lupa la evolución de las temperaturas en el Océano Pacífico ante la inminente llegada del fenómeno de El Niño. Según los informes más recientes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), las condiciones de «La Niña» débil han dado paso a una fase neutra, la cual precederá a un episodio de calentamiento global con efectos significativos en el hemisferio sur.
Probabilidades y cronograma del fenómeno
De acuerdo con el reporte de la NOAA emitido el 13 de abril, existe un 80% de probabilidad de que las condiciones neutras se mantengan hasta junio de 2026. No obstante, el desarrollo de El Niño se espera para el trimestre mayo-julio con una probabilidad del 61%. Esta tendencia se fortalecerá hacia el cierre del año, alcanzando un 90% de certeza para el periodo comprendido entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
«El Niño viene y esto nos permite saber que hay que prepararnos», señaló Bárbara Tapia Cortés, especialista de la OMM. La experta destacó que, a diferencia de otros eventos, este fenómeno ofrece una ventana de alerta de aproximadamente seis meses para que las naciones tomen medidas preventivas.
Intensidad y mitos: ¿Un «Niño Godzilla»?
A pesar del alarmismo generado por términos como «Súper Niño» o «Niño Godzilla», la terminología técnica oficial no contempla dichos adjetivos. La intensidad del fenómeno se mide por la anomalía térmica de la superficie oceánica: si la temperatura se mantiene 0,5°C por encima del promedio durante tres meses, se declara el evento. Actualmente, la probabilidad de que se trate de un fenómeno «muy fuerte» (con anomalías superiores a los 2°C) es de una en cuatro.
Tom Di Liberto, científico climático de Climate Central, advirtió que el volumen de agua caliente acumulada en el Pacífico es sustancial en comparación con registros históricos, lo que justifica el estado de vigilancia activa en toda la región.
Impacto regional en América Latina
El comportamiento de El Niño no es uniforme y depende de la estación del año en la que se manifieste. Según las proyecciones para el Cono Sur:
- Durante el invierno (junio-agosto): Se esperan condiciones cálidas en Ecuador, Perú y el norte de Chile, mientras que el centro de Chile podría registrar mayor humedad.
- Hacia finales de año: La tendencia histórica indica un aumento de la humedad y precipitaciones en el noreste de Argentina y Uruguay, además de calor extremo en el sureste de Brasil.
Ante la variabilidad de los modelos, los expertos recomiendan a la población y a los sectores productivos seguir estrictamente las actualizaciones de las autoridades meteorológicas locales, quienes poseen la capacidad de traducir estas tendencias globales a los efectos específicos en cada territorio.
Si usted pensaba que el 2026 venía tranquilo, lamento informarle que el Pacífico tiene otros planes y está calentando motores —literalmente—. La comunidad científica, que suele ser bastante medida, ya soltó la bomba: «La Niña» hizo las valijas y ahora le toca el turno a «El Niño». Pero ojo, que no es un nene cualquiera; algunos medios ya lo bautizaron como «Niño Godzilla» o «Súper Niño», nombres que suenan más a película clase B de los años 50 que a un reporte meteorológico serio, pero que sirven perfectamente para que entremos en pánico preventivo y miremos el cielo con desconfianza cada vez que sube un grado la temperatura.
Bárbara Tapia Cortés, de la OMM, salió a poner paños fríos (chiste climático involuntario) aclarando que esos apodos marketineros no existen en los manuales. Sin embargo, los modelos están más excitados que un sanjuanino cuando anuncian que no hay viento Zonda. Hay un 25% de chances de que sea un evento «muy fuerte», lo que en criollo significa que la probabilidad de que nos cocinemos o nos inundemos es de una en cuatro. Es como jugar a la ruleta rusa con el termómetro, pero con seis meses de anticipación para comprar protector solar factor 100 o un bote inflable, dependiendo de qué lado de la cordillera te toque estar.
Lo más pintoresco es que para fin de año, las probabilidades de tener al Niño instalado en el living de casa son del 90%. Para nuestra región, esto suele traducirse en un noreste argentino más húmedo que sesión de acuagym y olas de calor que harían que pida un ventilador. Los expertos dicen que «cada Niño es un mundo», lo cual es una forma muy elegante de decir que no tienen la más mínima idea de si vamos a terminar braceando para ir al almacén o si el pasto se va a convertir en rastrojo seco en cuestión de días. Por ahora, la recomendación oficial es «prepararse», que es básicamente el equivalente científico a decir «que Dios nos ayude».