El Gobierno todavía no consiguió los votos necesarios para suspender o eliminar las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Según dejaron trascender en la Casa Rosada, la propuesta no fue mencionada durante la mesa política encabezada el martes por Karina Milei y Diego Santilli, pese a que había ocupado buena parte de los encuentros anteriores.
Un funcionario nacional atribuyó esa ausencia a que el asunto ya había sido discutido la semana pasada. Sin embargo, fuentes oficialistas reconocen que las conversaciones de los últimos días todavía no permitieron garantizar los apoyos necesarios para llevar la reforma al recinto.
Dentro del oficialismo sostienen que Karina Milei teme que un resultado adverso en las primarias, celebradas dos meses antes de la elección general, pueda perjudicar la campaña de reelección de Javier Milei. La intención del Ejecutivo es debatir la modificación en agosto, una vez finalizado el Mundial.
En el Gobierno aseguran que la situación no genera preocupación, aunque admiten que la negociación avanza con lentitud. «Le falta al tema, le falta», señalaron fuentes oficiales al evaluar la cantidad de adhesiones reunidas hasta el momento.
La presencia de gobernadores en los actos del 9 de Julio realizados en Tucumán y en la jura de Santilli todavía no se tradujo en compromisos legislativos concretos.
Los apoyos contabilizados por la Casa Rosada
El gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, expresó uno de los respaldos más contundentes al definir las PASO como «una encuesta muy cara» que no fortalece a los partidos políticos. El mandatario peronista se manifestó a favor de eliminarlas, aunque tomó distancia de una eventual restitución de las listas colectoras.
Ese mecanismo permanece como uno de los puntos abiertos dentro de la negociación impulsada por el oficialismo. Rogelio Frigerio, gobernador de Entre Ríos, también respaldó la eliminación de las primarias y destacó el ahorro fiscal que implicaría dejar de organizarlas.
Claudio Poggi, de San Luis, ratificó su acompañamiento después de reunirse con Santilli. Gustavo Sáenz, de Salta, y Hugo Passalacqua, de Misiones, anticiparon igualmente que apoyarían la modificación.
La Casa Rosada incorpora a esa lista a Juan Pablo Valdés, de Corrientes, y Marcelo Orrego, de San Juan, a quienes considera favorables al proyecto en los términos planteados por el Poder Ejecutivo.
Martín Llaryora tampoco objeta el cambio, debido a que el peronismo cordobés rechazó históricamente ese sistema. No obstante, los pronunciamientos públicos de los mandatarios todavía no garantizan el acompañamiento de los legisladores de cada provincia.
Santilli continuará con las reuniones durante los próximos días. El lunes recibió a Poggi y el martes mantuvo un encuentro con Claudio Vidal, gobernador de Santa Cruz. Para el viernes está prevista la visita del mandatario pampeano Sergio Ziliotto, un dirigente opositor a quien en Balcarce 50 consideran difícil de convencer.
Después de cada encuentro, los funcionarios nacionales aseguran que los gobernadores mostraron buena predisposición. En el Congreso, sin embargo, esas señales aún no se reflejan en compromisos concretos. «Nadie promete nada. El espíritu es que hay que trabajar mucho», reconoció un armador parlamentario de La Libertad Avanza.
Las listas colectoras siguen en discusión
Santilli, Martín Menem y Eduardo «Lule» Menem introdujeron hace dos semanas la posibilidad de restablecer las listas colectoras. El mecanismo permitiría que distintos candidatos compartieran una misma fórmula presidencial y fue presentado como una herramienta para atraer respaldos provinciales.
La propuesta, sin embargo, no figura en el proyecto enviado al Congreso. Los gobernadores continúan evaluando esa alternativa y todavía no existe una posición común entre las provincias. Jalil ya expresó sus objeciones, mientras que otros mandatarios evitaron pronunciarse públicamente.
En el oficialismo mantienen abierta esa opción porque la prioridad es suspender las primarias antes de las elecciones de 2027. La cantidad de interlocutores también complica la medición del avance de las conversaciones.
Santilli y los Menem negocian con gobernadores, legisladores y operadores provinciales que no siempre transmiten la misma posición. En el bloque libertario admiten que una señal favorable durante una reunión no equivale necesariamente a un voto afirmativo en el recinto.
La reorganización de áreas bajo el mando de Santilli
Mientras busca sumar adhesiones entre los gobernadores, Santilli también comenzó a ordenar las áreas que recibió con su llegada a la Jefatura de Gabinete. El Decreto 581/2026 trasladó a su estructura organismos que se encontraban bajo la influencia de Santiago Caputo.
En la Casa Rosada comenzaron a circular versiones encontradas sobre los funcionarios que conservarán sus cargos después del traspaso. El secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, pasó a depender del vicejefe de Gabinete Ignacio Devitt.
Durante la gestión de Manuel Adorni, Genua reportaba directamente al jefe de Gabinete y era considerado un funcionario cercano a Caputo. El decreto también redistribuyó los tres organismos que dependían de la secretaría encabezada por Genua.
El Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) quedó directamente bajo el mando de Santilli. La empresa Arsat y el Correo Oficial pasaron a la órbita del vicejefe del Interior, Gustavo Coria, uno de los principales colaboradores del nuevo jefe de Gabinete.
Las conducciones de esos organismos continúan, por el momento, en manos de funcionarios vinculados con el asesor presidencial.
El Gobierno aún no consiguió los votos necesarios para suspender o eliminar las PASO antes de las elecciones de 2027. La Casa Rosada busca llevar la reforma al recinto en agosto y negocia con gobernadores y legisladores, mientras evalúa restablecer las listas colectoras como herramienta para sumar apoyos.
La Casa Rosada emprendió la búsqueda de los votos para eliminar las PASO con el entusiasmo de quien revisa todos los bolsillos de un pantalón esperando encontrar dólares y termina rescatando un boleto vencido. El proyecto existe, la intención también y hasta hay gobernadores que asienten con expresión institucional, pero cuando llega el momento de transformar la simpatía en votos, el Congreso activa su tradicional sistema de respuesta automática: “estamos evaluando”.
Karina Milei observa las primarias como quien descubre que el examen de práctica también lleva nota. La preocupación oficial es sencilla: una derrota dos meses antes de la elección general podría convertir la campaña de reelección en una extensa conferencia de prensa para explicar por qué perder, en realidad, formaba parte del plan. Por eso, el Ejecutivo pretende resolver el asunto en agosto, después del Mundial, cuando el país recupere la capacidad de debatir algo que no incluya formaciones, penales ni personas reclamando que el entrenador haga cambios.
Los gobernadores, mientras tanto, desfilan por reuniones, actos patrios y ceremonias oficiales dejando elogios, predisposición y fotografías cuidadosamente encuadradas. El problema es que ninguna de esas tres cosas ocupa una banca. En Balcarce 50 celebran cada gesto favorable, aunque los armadores parlamentarios ya aprendieron que una sonrisa provincial puede significar respaldo, cortesía o simplemente que había café.
Como refuerzo apareció la posibilidad de restablecer las listas colectoras, ese mecanismo electoral que permite multiplicar candidatos sin violar las leyes conocidas de la reproducción política. La propuesta busca seducir aliados, pero también abrió nuevas discusiones entre quienes quieren eliminar una herramienta mientras negocian recuperar otra. La reforma avanza así con la precisión de un mueble armado sin manual: sobran piezas, faltan tornillos y todos aseguran que, una vez terminado, va a quedar perfectamente estable.
El oficialismo afirma que no está preocupado, frase que en política suele pronunciarse inmediatamente antes de contar votos por séptima vez. Por ahora, la suspensión de las PASO continúa en territorio parlamentario incierto: tiene impulso, operadores y calendario, pero todavía carece del detalle menor que exige una votación democrática, es decir, suficientes personas dispuestas a levantar la mano.
