Un libro con fotografías inéditas del partido homenaje de Diego Maradona en La Bombonera fue presentado este martes 5 de mayo en La Rural de Buenos Aires, ante figuras del ámbito cultural, deportivo y mediático. El material reúne imágenes tomadas por el fotógrafo Jorge Luengo, quien fue el único autorizado por el propio Diego para ingresar al campo de juego aquella tarde del 10 de noviembre de 2001. {index=1}
Las fotografías permanecieron fuera del registro público durante 25 años y ahora salen a la luz como parte de una obra que recupera uno de los momentos más emotivos de la historia reciente del fútbol argentino: el homenaje a Maradona en una Bombonera colmada.
Una presentación con voces cercanas al universo Maradona
La presentación tuvo como moderador al periodista Víctor Hugo Morales y contó con la participación especial del preparador físico Fernando Signorini, una de las personas más vinculadas al recorrido deportivo y personal del Diez. El encuentro convocó a referentes del deporte, la cultura y los medios en una jornada atravesada por la memoria visual y la historia del fútbol argentino.
El valor del archivo radica en el lugar desde el cual fueron tomadas las imágenes. Luengo pudo registrar desde adentro del campo una tarde que ya formaba parte del patrimonio emocional de los hinchas, pero que ahora suma una mirada inédita sobre los gestos, los abrazos y la emoción de Maradona.
El día que Diego no quería llamar despedida
Antes de aquel partido, Maradona había sido terminante con la prensa y dejó una frase que volvió a circular con la presentación del libro: “Muchachos, no vayan a promocionar esto como mi despedida. Es un partido homenaje. Si dicen despedida, los boxeo a todos, uno por uno”.
Aunque Diego insistía en definirlo como un homenaje, el encuentro del 10 de noviembre de 2001 quedó instalado en la memoria popular como su despedida en La Bombonera. La jornada fue ganando intensidad emocional con el paso de los minutos y tuvo su tramo más conmovedor hacia el final del partido.
Durante los últimos 30 minutos, Maradona jugó con la camiseta número 10 de Boca, la de Juan Román Riquelme, con el nombre “Román” en el dorso. En medio de la ovación del estadio, el Diez comenzó a llorar dentro del campo de juego. En las tribunas, Doña Tota y Don Diego tampoco pudieron contener la emoción.
Una tarde que volvió en imágenes
Al cierre del encuentro, sus hijas Dalma y Gianinna ingresaron al campo, en una de las postales más recordadas de aquella tarde. La presentación del libro recupera ese clima de despedida, homenaje y devoción popular desde un archivo que permaneció guardado durante un cuarto de siglo.
El nuevo material fotográfico no sólo amplía el registro de una jornada histórica, sino que también devuelve al presente una escena central del vínculo entre Maradona, Boca y el fútbol argentino. A 25 años de aquel partido, las imágenes de Luengo permiten volver a mirar una tarde que todavía ocupa un lugar singular en la memoria deportiva del país.
<p>Un libro con fotografías inéditas del partido homenaje de Diego Maradona en La Bombonera fue presentado este martes 5 de mayo en La Rural de Buenos Aires. Las imágenes fueron tomadas por Jorge Luengo, fotógrafo autorizado por el propio Diez para ingresar al campo aquel 10 de noviembre de 2001, y permanecieron fuera del registro público durante 25 años. <p>Durante años, la despedida de Diego Maradona en La Bombonera pareció una de esas ceremonias nacionales que ya no admitían nuevas capas: lágrimas, ovación, camiseta de Boca, familia en la tribuna y una frase que quedó tatuada en la memoria argentina. Pero faltaba un detalle, apenas uno: un archivo fotográfico guardado durante 25 años, como si la historia hubiera dejado una carpeta sin abrir en el escritorio de la emoción colectiva.</p> <p>Ese material apareció ahora en forma de libro, presentado en La Rural de Buenos Aires ante figuras del deporte, la cultura y los medios. Las imágenes fueron tomadas por Jorge Luengo, el fotógrafo que Diego autorizó a ingresar al campo de juego aquella tarde del 10 de noviembre de 2001, cuando la Bombonera no era un estadio sino una caja torácica gigante haciendo fuerza para que el corazón nacional no se saliera por la boca.</p> <p>La escena tiene todos los ingredientes de una liturgia argentina: Víctor Hugo Morales moderando, Fernando Signorini aportando memoria de cercanía y un público dispuesto a volver a llorar por hechos que ya conocía, pero desde un ángulo nuevo. Porque con Maradona pasa algo curioso: cada vez que aparece una imagen inédita, el país suspende por un rato sus discusiones habituales y se reúne frente a la misma pregunta imposible: cómo puede seguir doliendo tanto una foto que todavía no habíamos visto.</p> <p>Diego, fiel a su estilo, ya había intentado ordenar el relato antes de que el relato lo desobedeciera con total entusiasmo. “Muchachos, no vayan a promocionar esto como mi despedida. Es un partido homenaje. Si dicen despedida, los boxeo a todos, uno por uno”, lanzó ante la prensa. La advertencia era precisa, teatral y jurídicamente poco aconsejable, pero resumía a la perfección ese modo maradoniano de discutir con el idioma, con el marketing y con cualquier intento de ponerle moño a lo que él todavía quería dejar abierto.</p> <p>La tarde, sin embargo, hizo lo que quiso. Maradona terminó llorando en el campo con la camiseta número 10 de Boca, la de Riquelme, con “Román” en la espalda. Sus padres no pudieron contener la emoción en la tribuna. Dalma y Gianinna entraron al final del encuentro. Y la Bombonera, que suele rugir como si tuviera motor propio, se convirtió en un lugar donde hasta el cemento parecía hacer silencio para escuchar una despedida que Diego no quería llamar despedida, pero que el país decidió guardar con ese nombre porque a veces la memoria también es terca.</p> <p>El libro llega como una ventana nueva a una tarde ya mítica. No cambia lo ocurrido, no reescribe el partido ni altera el archivo sentimental del fútbol argentino. Apenas hace algo más peligroso: muestra lo que faltaba ver. Y en el universo Maradona, donde cada gesto parece venir con banda sonora, contradicción y destino de mural, una foto inédita nunca es solamente una foto. Es otra forma de comprobar que el Diez todavía encuentra maneras de volver.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Durante años, la despedida de Diego Maradona en La Bombonera pareció una de esas ceremonias nacionales que ya no admitían nuevas capas: lágrimas, ovación, camiseta de Boca, familia en la tribuna y una frase que quedó tatuada en la memoria argentina. Pero faltaba un detalle, apenas uno: un archivo fotográfico guardado durante 25 años, como si la historia hubiera dejado una carpeta sin abrir en el escritorio de la emoción colectiva.
Ese material apareció ahora en forma de libro, presentado en La Rural de Buenos Aires ante figuras del deporte, la cultura y los medios. Las imágenes fueron tomadas por Jorge Luengo, el fotógrafo que Diego autorizó a ingresar al campo de juego aquella tarde del 10 de noviembre de 2001, cuando la Bombonera no era un estadio sino una caja torácica gigante haciendo fuerza para que el corazón nacional no se saliera por la boca.
La escena tiene todos los ingredientes de una liturgia argentina: Víctor Hugo Morales moderando, Fernando Signorini aportando memoria de cercanía y un público dispuesto a volver a llorar por hechos que ya conocía, pero desde un ángulo nuevo. Porque con Maradona pasa algo curioso: cada vez que aparece una imagen inédita, el país suspende por un rato sus discusiones habituales y se reúne frente a la misma pregunta imposible: cómo puede seguir doliendo tanto una foto que todavía no habíamos visto.
Diego, fiel a su estilo, ya había intentado ordenar el relato antes de que el relato lo desobedeciera con total entusiasmo. “Muchachos, no vayan a promocionar esto como mi despedida. Es un partido homenaje. Si dicen despedida, los boxeo a todos, uno por uno”, lanzó ante la prensa. La advertencia era precisa, teatral y jurídicamente poco aconsejable, pero resumía a la perfección ese modo maradoniano de discutir con el idioma, con el marketing y con cualquier intento de ponerle moño a lo que él todavía quería dejar abierto.
La tarde, sin embargo, hizo lo que quiso. Maradona terminó llorando en el campo con la camiseta número 10 de Boca, la de Riquelme, con “Román” en la espalda. Sus padres no pudieron contener la emoción en la tribuna. Dalma y Gianinna entraron al final del encuentro. Y la Bombonera, que suele rugir como si tuviera motor propio, se convirtió en un lugar donde hasta el cemento parecía hacer silencio para escuchar una despedida que Diego no quería llamar despedida, pero que el país decidió guardar con ese nombre porque a veces la memoria también es terca.
El libro llega como una ventana nueva a una tarde ya mítica. No cambia lo ocurrido, no reescribe el partido ni altera el archivo sentimental del fútbol argentino. Apenas hace algo más peligroso: muestra lo que faltaba ver. Y en el universo Maradona, donde cada gesto parece venir con banda sonora, contradicción y destino de mural, una foto inédita nunca es solamente una foto. Es otra forma de comprobar que el Diez todavía encuentra maneras de volver.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Un libro con fotografías inéditas del partido homenaje de Diego Maradona en La Bombonera fue presentado este martes 5 de mayo en La Rural de Buenos Aires, ante figuras del ámbito cultural, deportivo y mediático. El material reúne imágenes tomadas por el fotógrafo Jorge Luengo, quien fue el único autorizado por el propio Diego para ingresar al campo de juego aquella tarde del 10 de noviembre de 2001. {index=1}
Las fotografías permanecieron fuera del registro público durante 25 años y ahora salen a la luz como parte de una obra que recupera uno de los momentos más emotivos de la historia reciente del fútbol argentino: el homenaje a Maradona en una Bombonera colmada.
Una presentación con voces cercanas al universo Maradona
La presentación tuvo como moderador al periodista Víctor Hugo Morales y contó con la participación especial del preparador físico Fernando Signorini, una de las personas más vinculadas al recorrido deportivo y personal del Diez. El encuentro convocó a referentes del deporte, la cultura y los medios en una jornada atravesada por la memoria visual y la historia del fútbol argentino.
El valor del archivo radica en el lugar desde el cual fueron tomadas las imágenes. Luengo pudo registrar desde adentro del campo una tarde que ya formaba parte del patrimonio emocional de los hinchas, pero que ahora suma una mirada inédita sobre los gestos, los abrazos y la emoción de Maradona.
El día que Diego no quería llamar despedida
Antes de aquel partido, Maradona había sido terminante con la prensa y dejó una frase que volvió a circular con la presentación del libro: “Muchachos, no vayan a promocionar esto como mi despedida. Es un partido homenaje. Si dicen despedida, los boxeo a todos, uno por uno”.
Aunque Diego insistía en definirlo como un homenaje, el encuentro del 10 de noviembre de 2001 quedó instalado en la memoria popular como su despedida en La Bombonera. La jornada fue ganando intensidad emocional con el paso de los minutos y tuvo su tramo más conmovedor hacia el final del partido.
Durante los últimos 30 minutos, Maradona jugó con la camiseta número 10 de Boca, la de Juan Román Riquelme, con el nombre “Román” en el dorso. En medio de la ovación del estadio, el Diez comenzó a llorar dentro del campo de juego. En las tribunas, Doña Tota y Don Diego tampoco pudieron contener la emoción.
Una tarde que volvió en imágenes
Al cierre del encuentro, sus hijas Dalma y Gianinna ingresaron al campo, en una de las postales más recordadas de aquella tarde. La presentación del libro recupera ese clima de despedida, homenaje y devoción popular desde un archivo que permaneció guardado durante un cuarto de siglo.
El nuevo material fotográfico no sólo amplía el registro de una jornada histórica, sino que también devuelve al presente una escena central del vínculo entre Maradona, Boca y el fútbol argentino. A 25 años de aquel partido, las imágenes de Luengo permiten volver a mirar una tarde que todavía ocupa un lugar singular en la memoria deportiva del país.
Durante años, la despedida de Diego Maradona en La Bombonera pareció una de esas ceremonias nacionales que ya no admitían nuevas capas: lágrimas, ovación, camiseta de Boca, familia en la tribuna y una frase que quedó tatuada en la memoria argentina. Pero faltaba un detalle, apenas uno: un archivo fotográfico guardado durante 25 años, como si la historia hubiera dejado una carpeta sin abrir en el escritorio de la emoción colectiva.
Ese material apareció ahora en forma de libro, presentado en La Rural de Buenos Aires ante figuras del deporte, la cultura y los medios. Las imágenes fueron tomadas por Jorge Luengo, el fotógrafo que Diego autorizó a ingresar al campo de juego aquella tarde del 10 de noviembre de 2001, cuando la Bombonera no era un estadio sino una caja torácica gigante haciendo fuerza para que el corazón nacional no se saliera por la boca.
La escena tiene todos los ingredientes de una liturgia argentina: Víctor Hugo Morales moderando, Fernando Signorini aportando memoria de cercanía y un público dispuesto a volver a llorar por hechos que ya conocía, pero desde un ángulo nuevo. Porque con Maradona pasa algo curioso: cada vez que aparece una imagen inédita, el país suspende por un rato sus discusiones habituales y se reúne frente a la misma pregunta imposible: cómo puede seguir doliendo tanto una foto que todavía no habíamos visto.
Diego, fiel a su estilo, ya había intentado ordenar el relato antes de que el relato lo desobedeciera con total entusiasmo. “Muchachos, no vayan a promocionar esto como mi despedida. Es un partido homenaje. Si dicen despedida, los boxeo a todos, uno por uno”, lanzó ante la prensa. La advertencia era precisa, teatral y jurídicamente poco aconsejable, pero resumía a la perfección ese modo maradoniano de discutir con el idioma, con el marketing y con cualquier intento de ponerle moño a lo que él todavía quería dejar abierto.
La tarde, sin embargo, hizo lo que quiso. Maradona terminó llorando en el campo con la camiseta número 10 de Boca, la de Riquelme, con “Román” en la espalda. Sus padres no pudieron contener la emoción en la tribuna. Dalma y Gianinna entraron al final del encuentro. Y la Bombonera, que suele rugir como si tuviera motor propio, se convirtió en un lugar donde hasta el cemento parecía hacer silencio para escuchar una despedida que Diego no quería llamar despedida, pero que el país decidió guardar con ese nombre porque a veces la memoria también es terca.
El libro llega como una ventana nueva a una tarde ya mítica. No cambia lo ocurrido, no reescribe el partido ni altera el archivo sentimental del fútbol argentino. Apenas hace algo más peligroso: muestra lo que faltaba ver. Y en el universo Maradona, donde cada gesto parece venir con banda sonora, contradicción y destino de mural, una foto inédita nunca es solamente una foto. Es otra forma de comprobar que el Diez todavía encuentra maneras de volver.