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Cada 10 de octubre se conmemora el \Día Mundial de la Salud Mental\, una fecha destinada a visibilizar el bienestar emocional, reducir los estigmas, combatir los estereotipos y promover la prevención. Aunque en los últimos años se registraron avances en la conversación pública sobre el tema, todavía persisten prejuicios y barreras que dificultan el acceso oportuno a la ayuda profesional.\

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En ese marco, cinco licenciados en Psicología de San Juan —Celeste Sánchez, Silvana Bonil, Andrea Pedrol, Valeria Alvo y José Icazatti— compartieron sus reflexiones sobre la importancia de cuidar la salud mental, su influencia en la vida cotidiana y los desafíos que enfrenta la sociedad para abordar el tema de manera integral.\

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Por qué es importante hablar de salud mental\

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\“Si no hay salud mental es imposible sostenerse en el mundo actual”\, destacó Sánchez. Los profesionales coincidieron en que el bienestar emocional debe formar parte de la agenda pública para facilitar la prevención y permitir que las personas busquen ayuda antes de llegar a una situación crítica.\

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En esa línea, Pedrol señaló que cuidar la salud mental no consiste únicamente en responder ante una crisis. También supone conocerse, identificar las propias necesidades, aprender a establecer límites y construir vínculos saludables.\

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\“Creo que necesitamos dejar de considerar la salud mental como un tema accesorio o una respuesta ante una crisis. El bienestar tiene que formar parte de cómo pensamos, diseñamos y gestionamos nuestras organizaciones”,\ sostuvo Bonil.\

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Sin embargo, las exigencias cotidianas, las responsabilidades laborales y la necesidad de generar ingresos suelen relegar el cuidado emocional. Frente a esa realidad, Alvo remarcó: “Hablar del tema permite poner en palabras lo que sentimos y acercarnos a la ayuda que necesitamos. No hace falta llegar al límite para consultar”.\

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Icazatti también destacó el valor de hablar sobre lo que ocurre y buscar herramientas para afrontar situaciones difíciles. Para el profesional, hacerlo puede convertirse en \“el acto de amor más bonito que se puede tener hacia uno mismo”\.\

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El impacto de la salud mental en la vida diaria\

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La salud mental atraviesa las relaciones personales, las decisiones, la gestión de las emociones y la manera de comunicarlas. Por eso, los especialistas advirtieron que no debe entenderse como un aspecto aislado de la vida, sino como una dimensión que influye en distintos ámbitos, desde el trabajo hasta los vínculos familiares y de amistad.\

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Bonil sostuvo que el objetivo no debería ser que las personas aprendan a soportar mejor el malestar, sino generar condiciones que eviten naturalizarlo. La mirada, explicó, también debe contemplar los entornos en los que cada persona desarrolla su vida.\

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Por su parte, Pedrol señaló que distintas situaciones cotidianas pueden estar relacionadas con el bienestar emocional: descansar con culpa, sostener una autoexigencia permanente, tener miedo de decepcionar a otros o no poder decir que no por temor a perder un vínculo o incumplir expectativas.\

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Reconocer estas señales permite prestar atención a las propias necesidades y comprender que la salud mental no se limita a los momentos de crisis. También forma parte de la manera en que las personas transitan sus responsabilidades y construyen sus relaciones.\

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Los prejuicios que todavía persisten\

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Los cinco profesionales consultados señalaron que, pese a los avances registrados, continúan existiendo prejuicios que pueden demorar la búsqueda de ayuda o generar rechazo a los tratamientos. Entre los motivos aparecen el temor, la inseguridad, la falta de información y los cuestionamientos sin fundamento.\

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La pandemia representó un punto de inflexión para visibilizar la importancia de la salud mental. Sin embargo, todavía persiste la idea de que acudir a un psicólogo o pedir ayuda es una señal de debilidad.\

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Sobre ese prejuicio, Pedrol explicó: \“A veces el prejuicio aparece de manera explícita cuando alguien escucha que ir al psicólogo es para personas débiles. Otras veces se presenta de formas más sutiles, cuando minimizamos el sufrimiento de alguien o le decimos que tiene que ser fuerte o suponemos que, si tiene trabajo, familia o cumple con sus responsabilidades, necesariamente está bien. Necesitamos comprender que el sufrimiento no siempre es visible. Una persona puede continuar con su rutina, cumplir con sus obligaciones y, aun así, estar atravesando un momento emocional muy difícil. Por eso, más que preguntarnos si alguien tiene motivos suficientes para sentirse mal, necesitamos aprender a escuchar sin juzgar. No todas las personas viven las mismas situaciones de la misma manera, y reconocer esa singularidad es fundamental para acompañar”.\*\*\

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La reflexión apunta a reconocer que el malestar emocional no siempre se manifiesta de manera evidente. Cumplir con las obligaciones cotidianas no significa necesariamente que una persona se encuentre bien, por lo que escuchar sin juzgar resulta clave para ofrecer acompañamiento.\

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El riesgo de utilizar términos clínicos sin diagnóstico\

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Otro de los temas abordados fue la tendencia a utilizar palabras como ansiedad, depresión o pánico para explicar reacciones y comportamientos sin contar con una evaluación profesional. Los especialistas señalaron que el fenómeno requiere una mirada equilibrada: es necesario evitar el uso indiscriminado de conceptos clínicos, pero también impedir que se conviertan en argumentos para invalidar el sufrimiento de otras personas.\

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“Existe un riesgo cuando usamos estos términos como etiquetas sin comprender qué significan. No toda tristeza es depresión, ni todo nerviosismo es un trastorno de ansiedad, ni cualquier miedo es un ataque de pánico. Usarlos de manera indiscriminada puede banalizar el sufrimiento de quienes atraviesan esas situaciones y favorecer el autodiagnóstico”, señaló Alvo.\

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La licenciada también advirtió sobre el error de considerar que quien utiliza esas palabras necesariamente busca una excusa. En algunos casos, explicó, la persona “puede estar intentando expresar un malestar que todavía no sabe cómo nombrar”.\

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Pedrol coincidió en la importancia de sostener ambas perspectivas: \“La clave está en no banalizar los términos clínicos, pero tampoco utilizarlos para desacreditar a quien sufre. Los diagnósticos requieren una evaluación profesional y cada experiencia necesita ser comprendida en su contexto. Comprender lo que nos pasa no significa justificarlo todo; significa tener mejores herramientas para transformarlo”.\\

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De esta manera, los profesionales remarcaron que las expresiones vinculadas con la salud mental pueden ayudar a comunicar lo que una persona siente, pero no reemplazan una evaluación clínica. La recomendación es evitar tanto los diagnósticos improvisados como las descalificaciones automáticas.\

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Qué necesita la sociedad para fortalecer la salud mental comunitaria\

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Bonil sostuvo que es necesario construir entornos que permitan trabajar, vincularse y atravesar dificultades con recursos y acompañamiento. Desde esa perspectiva, la salud mental comunitaria requiere acciones que vayan más allá de las respuestas individuales.\

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Sánchez, en tanto, destacó la necesidad de articular a los distintos sectores de la sociedad. En ese trabajo intervienen las políticas públicas, las legislaciones, los derechos adquiridos y también el papel de los medios de comunicación y las redes sociales.\

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La prevención aparece como uno de los ejes centrales para mejorar el abordaje comunitario. A nivel individual, los especialistas señalaron que también es posible contribuir mediante una escucha sin prejuicios, el conocimiento de los servicios disponibles y el aprendizaje de herramientas de educación emocional.\

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El desafío, plantearon, consiste en reconocer que las personas no sienten ni piensan de la misma manera y que el acompañamiento debe contemplar esas diferencias. Hablar de salud mental, buscar ayuda cuando sea necesario y generar espacios de escucha son pasos fundamentales para reducir el estigma y fortalecer el bienestar emocional.\

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