Batalla campal en Liniers tras el triunfo de Vélez sobre Peñarol: barras del Fortín y policías de civil se agarraron a piñas y tiros por un pantaloncito del Manya. Hay 22 detenidos.
¿Bochorno o fatalidad? Barras de Vélez y policías se trenzan a las piñas en Liniers
Un partido de fútbol 5 terminó como el Monumental en el ’94: en un quilombo infernal. Tras el agónico triunfo de Vélez contra Peñarol por la Libertadores, la euforia se desbordó… pero para mal. En un complejo de canchitas cerca del Amalfitani, barras del Fortín y policías de civil se agarraron a las trompadas y hasta hubo tiros al aire. ¿El detonante? Un pantaloncito de Peñarol que usaba uno de los polis mientras jugaba al fútbol. Sí, leyeron bien: un pantaloncito. Parece joda, pero no lo es.
Del picadito a la batalla campal: ¿quién tiró la primera piedra?
Resulta que la barra de Vélez, todavía con la adrenalina del partido a flor de piel, vio el short del Manya y se le prendió fuego la cabeza. Empezaron los insultos, el clima se calentó y lo que era un simple picadito se transformó en una batalla campal digna de la película «300», pero con menos abdominales marcados y más panzas cerveceras. Los barras, cual horda vikinga, invadieron la cancha armados con palos, dispuestos a todo. Los policías, lejos de achicarse, respondieron a las provocaciones y la cosa se puso picante.
En medio del tole tole, un cana sacó su fierro y tiró tiros al aire. Para colmo, un barra le afanó el bolso a otro policía y amenazó con sacar también su arma. Imaginen la escena: un descontrol total, tipo final de la Copa América con invasión de cancha y Bochini dirigiendo el tránsito. Un verdadero papelón.
22 en cana y la polémica servida: ¿qué pasa con la violencia en el fútbol?
La llegada del Despliegue Intervenciones Rápidas (DIR) calmó las aguas (al menos por un rato) y terminó con 22 detenidos: 14 barras y 8 policías. Ahora, todos a disposición de la justicia. Al mejor estilo Eber Ludueña, podríamos decir que «la pelota no se mancha… pero los pantalones de Peñarol sí».
La Dirección Nacional en Eventos Deportivos no se anduvo con chiquitas y le aplicó el Derecho de Admisión a todos los barras involucrados. Jonathan Matías Pereyra, Diego Omar Richini, Brian Benjamín Andelo… y una lista larga de muchachos que, según Pato Bullrich, «jamás volverán a pisar un estadio». ¿Será así o es puro humo? El tiempo dirá.
Mientras tanto, Asuntos Internos de la Policía investiga a los oficiales que participaron del incidente. Veremos si hay sanciones o si todo queda en la nada. Lo cierto es que este bochorno vuelve a poner sobre el tapete la eterna pregunta: ¿qué hacemos con la violencia en el fútbol argentino? ¿Es un problema cultural? ¿Falta de control policial? ¿O simplemente somos un país de barras bravas y pibes que se calientan por cualquier cosa, incluyendo un pantaloncito de fútbol? El debate está abierto.