River debuta en la Libertadores con la presión a tope. Gallardo pide paciencia, pero ¿es el Muñeco responsable del flojo arranque del equipo? ¿Se parece este River al Dream Team del 81 que no ganó nada?
La hora de la verdad para River: Gallardo y el elefante en la habitación
El Millonario visita esta noche a Universitario en Perú por la Copa Libertadores. Un debut que se presenta como la chance perfecta para empezar a tapar bocas y acallar los murmullos que se escuchan cada vez más fuerte en el Monumental. Los hinchas, que bancaron hasta en la derrota con Mineiro, empiezan a impacientarse con un equipo que no encuentra su juego. La pregunta que sobrevuela Núñez, y que nadie se anima a decir en voz alta, es: ¿qué le pasa a Gallardo?
¿Un Muñeco desorientado o un plantel sin chispa?

Ocho meses pasaron desde que el Muñeco volvió al club de sus amores. Ocho meses en los que River jugó 37 partidos, gastó 50 palos verdes en refuerzos y… ¿qué mostró? Poco y nada. El equipo parece un Renault 12: noble, pero sin nafta. No hay brillo, no hay intensidad, no hay ese “ojo de tigre” que Gallardo supo contagiar en sus mejores épocas. ¿Será que el DT perdió la magia o el plantel actual está más para jugar en el torneo de papi fútbol que para la Libertadores?
El juego del Millonario se asemeja al de aquel River plagado de campeones del mundo post ’78 y ’81: nombres rutilantes que no lograron plasmar su jerarquía en la cancha. ¿Se repetirá la historia? Recordemos que ese Dream Team se comió un baile de Boca en la Libertadores y ni el Beto Alonso pudo salvarlos. Ojalá que este River no termine como el de Kempes, Houseman y Tarantini: un rejunte de figuras que solo sirvió para la foto.
Paciencia, Muñeco, paciencia…

Gallardo pide paciencia, habla del “mundo del ya” y de la histeria que rodea al fútbol. Recuerda, quizás con algo de nostalgia, aquel River del 96 que arrancó a los tumbos con Ramón Díaz y terminó levantando la Copa. O el de 2015, que se clasificó a octavos de pedo y después se comió a todos crudos. La historia marca que el Muñeco sabe revertir situaciones difíciles. Pero… ¿podrá hacerlo de nuevo con este River que parece un equipo del ascenso disfrazado de gala?
El partido de hoy en Lima no define nada, pero puede marcar un punto de inflexión. Es la chance para que River empiece a demostrar que tiene con qué pelear. O para que los fantasmas del pasado vuelvan a asomar en Núñez. El tiempo dirá si este Gallardo es el Napoleón que conquistó América o un simple Mariscal de la derrota.