La cadena de panaderías Pandanés cerró sus 25 sucursales, despidió a 150 empleados y anunció que solicitará la quiebra, luego de atravesar una prolongada crisis financiera que ya la había llevado a presentarse en concurso preventivo.

Los trabajadores fueron informados durante la madrugada del viernes 2 de octubre mediante un mensaje de WhatsApp. Además, empleados denunciaron que no pudieron ingresar posteriormente a los locales para retirar sus pertenencias debido a que las cerraduras habían sido cambiadas.

En el mensaje enviado al personal, la compañía señaló: “Hoy tenemos que comunicarles una noticia muy difícil. Como les contamos, Pandanés viene atravesando una situación económica muy compleja. En este último tiempo estuvimos buscando distintas alternativas para poder continuar, pero, lamentablemente, no encontramos una solución que nos permita seguir adelante”.

La comunicación continuó: “La situación llegó a un punto en el que la empresa se quedó sin los fondos necesarios para continuar funcionando y para afrontar las obligaciones que tiene por delante. Nuestra intención siempre fue mantener Pandanés y preservar las fuentes de trabajo. Hasta último momento seguimos buscando una salida, pero lamentablemente no encontramos una solución viable”.

Luego, la empresa confirmó el cierre definitivo de sus operaciones: “Por este motivo, Pandanés deja de operar y se solicitará la quiebra de la empresa. Esto significa que a partir de hoy, 2 de octubre, no deberán presentarse a trabajar”.

La empresa confirmó que pedirá la quiebra

Pandanés también explicó a sus empleados que, con la presentación judicial, comenzará una nueva instancia vinculada al proceso de quiebra.

“Sabemos que esta noticia genera angustia, incertidumbre y muchas preguntas, especialmente sobre los pagos y los próximos pasos. Entendemos que detrás de cada puesto de trabajo hay una persona, una familia y una vida que se ve afectada. Con la presentación del pedido de quiebra comienza una nueva etapa que ya no depende de nosotros directamente, sino de un proceso judicial”, afirmaron.

La compañía cerró su comunicación con un mensaje dirigido al personal: “Este cierre significa una pérdida enorme para todos. Pandanés fue un proyecto al que muchas personas dedicamos años de trabajo, esfuerzo y compromiso, y en el que también se invirtieron enormes recursos económicos a lo largo de estos años. Hoy se pierde ese trabajo, todo lo que construimos juntos y también el capital que fue invertido en el proyecto. Nos duele profundamente que el final sea este. Queremos agradecerles profundamente por el trabajo, el compromiso y el esfuerzo que pusieron durante todo este tiempo”, concluyeron.

El cierre general había sido precedido por la baja de dos sucursales. El viernes anterior dejaron de funcionar los locales de avenida San Martín, en Villa Crespo, y de la calle Sanabria, en Villa Devoto. En ese momento, la explicación brindada a los trabajadores había sido que los alquileres resultaban demasiado elevados para renovar los contratos.

Trabajadores denunciaron que no pudieron retirar sus pertenencias

Con el cierre del resto de los locales, algunos empleados señalaron que encontraron los establecimientos cerrados y sin posibilidad de ingresar.

Uno de los trabajadores despedidos contó: “Andá a saber a qué hora de la madrugada se dedicaron a cambiar las cerraduras y tapar todo. Nuestras cosas quedaron adentro”.

Según relató, el personal conocía la existencia del concurso preventivo, aunque desde la empresa les habían comunicado que esperaban la llegada de fondos de rescate provenientes de Dinamarca.

El trabajador también indicó que los sueldos habían sido depositados el miércoles junto con el aguinaldo que, según señaló, debía haberse abonado en junio. Sin embargo, aseguró que no se realizaron aportes ni se pagó la obra social, y “mucho menos indemnizaciones o algo similar”.

Una crisis marcada por la caída del consumo y las deudas

La situación financiera de Pandanés venía deteriorándose desde tiempo atrás. En una presentación judicial realizada en noviembre del año pasado, la empresa había expuesto las dificultades que enfrentaba para sostener sus operaciones.

En ese documento sostuvo: “La incertidumbre, la recesión, la inflación y el incremento significativo en los costos ocasionaron una caída abrupta y persistente del consumo, que supera el 50% del volumen histórico de la empresa”.

Pandanés había desarrollado un modelo basado en panificación artesanal y una producción centralizada desde una planta de 1.700 metros cuadrados.

En medio de la crisis, la firma acumuló cheques rechazados por aproximadamente $58 millones. En su presentación judicial había advertido: “Los cheques emitidos para cumplir nuestras obligaciones superan nuestra capacidad de recaudación”.

La empresa aseguró además que había intentado distintos mecanismos para revertir la situación. Entre ellos mencionó “se implementaron múltiples medidas correctivas: optimización de costos, renegociación de alquileres, cambio de proveedores, ampliación del surtido de productos, acuerdos impositivos y reorganización operativa”.

El deterioro de la compañía se produjo en un contexto complejo para el sector panadero. De acuerdo con datos de la Cámara de Industriales Panaderos, las ventas de pan tradicional cayeron entre 50% y 60%, mientras que las de facturas y productos de pastelería retrocedieron 80%.

La entidad resumió el cambio en el comportamiento de los consumidores con una frase: “​La gente ya no compra por kilo, sino por lo que le alcanza en el bolsillo».