«Ahí está el detalle»: Cómo Mario Moreno inventó al «peladito» y conquistó al mundo con el arte de no decir nada

Redacción Cuyo News
7 min

Este 20 de abril se recuerda el fallecimiento de Mario Moreno «Cantinflas», una de las figuras más trascendentales de la cultura popular latinoamericana. El actor falleció en 1993, a los 81 años, en su residencia de la Ciudad de México, tras enfrentar un paro cardíaco derivado de un cáncer de pulmón fulminante. Su despedida fue un evento de magnitud nacional, donde miles de ciudadanos desfilaron durante tres días por el Palacio de Bellas Artes para rendirle un último tributo.

El origen del «peladito» y el impacto en la lengua española

El personaje de Cantinflas no surgió en los grandes estudios, sino en la precariedad de las carpas o teatros ambulantes de la década de 1930. Su estética, inspirada en el «peladito» de barrio (el hombre humilde, ingenioso y de vestimenta desprolija), se convirtió rápidamente en un sello iconográfico reconocido mundialmente.

Sin embargo, su aporte más disruptivo fue el uso del lenguaje. Su forma de hablar —discursos extensos, veloces y carentes de contenido concreto— fue tan influyente que en 1992 la Real Academia Española (RAE) incluyó formalmente el verbo «cantinflear» en su diccionario, definiéndolo como la acción de hablar de forma disparatada e incongruente sin decir nada.

Trayectoria cinematográfica y éxito en Hollywood

La carrera de Moreno abarcó la transición histórica del cine en blanco y negro al color, participando en más de 50 largometrajes. Entre sus hitos más destacados se encuentran:

  • «Ahí está el detalle» (1940): Considerada su obra maestra, la cual consolidó su fama en toda Hispanoamérica.
  • «La vuelta al mundo en 80 días» (1956): Su exitosa incursión en Hollywood, que le valió el Globo de Oro al Mejor Actor de Comedia o Musical, superando en la terna a figuras de la talla de Marlon Brando.
  • «Pepe» (1960): Una superproducción que contó con la participación de estrellas internacionales como Frank Sinatra y Judy Garland.

Filantropía y vida privada

Fuera de los sets de filmación, Mario Moreno mantenía un perfil reservado y culto. Se casó en 1934 con la moscovita Valentina Ivanova, con quien permaneció unido hasta el fallecimiento de ella en 1966. Juntos adoptaron a su único hijo, Mario Arturo Moreno Ivanova.

Su faceta menos conocida por el gran público, pero más valorada institucionalmente, fue su profunda labor filantrópica. Moreno destinó gran parte de su fortuna personal a la construcción de viviendas para sectores vulnerables y al financiamiento de hospitales infantiles. Asimismo, fue un destacado referente gremial, ejerciendo la presidencia de la Asociación Nacional de Actores (ANDA) de México. Sus restos descansan actualmente en el Panteón Español de la capital mexicana, permaneciendo como un símbolo eterno de la astucia y la resiliencia del hombre común.

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