El cine argentino se viste de luto. Este martes 21 de abril de 2026, falleció en Buenos Aires a los 80 años el cineasta Luis Puenzo, una figura fundamental de la cultura nacional y el primer director argentino en alzar una estatuilla de la Academia de Hollywood. Puenzo, quien se encontraba alejado de la vida pública por complicaciones de salud, deja un legado imborrable que fusiona el arte con el compromiso histórico y la gestión política del sector audiovisual.
Una carrera marcada por la memoria
Luis Puenzo comenzó su camino en la publicidad, pero fue su transición al cine narrativo lo que cambió la historia del país. Su obra maestra, «La historia oficial» (1985), fue la primera película argentina y latinoamericana en ganar el Oscar a la Mejor Película Extranjera, exponiendo ante el mundo el horror de los bebés robados durante la última dictadura militar.
A lo largo de su trayectoria, dirigió y produjo piezas de gran relevancia internacional:
- «Luces de mis zapatos» (1973): Su debut en el largometraje.
- «La historia oficial» (1985): Drama histórico central sobre los desaparecidos.
- «Gringo viejo» (1989): Producción estadounidense protagonizada por Gregory Peck y Jane Fonda.
- «La peste» (1992): Adaptación de la novela de Albert Camus con elenco internacional.
- «La puta y la ballena» (2004): Su último gran largometraje como director.
Premios y gestión en la industria
Su vitrina no se limita al reconocimiento de Hollywood; fue celebrado en los festivales más prestigiosos. Obtuvo el Globo de Oro en 1986, el Premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Cannes y múltiples premios Cóndor de Plata. Recientemente, en 2024, había sido distinguido con el Premio Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes.
Sin embargo, Puenzo no fue solo un hombre detrás de cámara; fue un arquitecto de la industria cinematográfica argentina actual. Entre sus múltiples funciones se destacan su rol como redactor de la Ley de Cine (1994), que otorgó autarquía y financiamiento al INCAA, organismo que presidió entre 2019 y 2022. Además, fue impulsor de la Academia de Cine de la Argentina en 2004 y un prolífico productor que apoyó a las nuevas generaciones, incluyendo la carrera de su hija, la directora Lucía Puenzo.
Con su partida, desaparece un narrador que supo encontrar las palabras y las imágenes cuando el país más necesitó hablar de sus heridas. Su nombre queda grabado como el sinónimo del prestigio internacional del cine nacional.
<p>El cine nacional despide a Luis Puenzo, fallecido este martes 21 de abril de 2026 en Buenos Aires a los 80 años. Director de la emblemática «La historia oficial», fue el primer cineasta argentino en obtener un premio Oscar. Además de su destacada filmografía internacional, Puenzo fue un pilar institucional como redactor de la Ley de Cine y presidente del INCAA, dejando un legado fundamental en la industria audiovisual.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
El cine argentino acaba de perder a su capitán de industria, al hombre que convenció a Hollywood de que en el fin del mundo no solo hacíamos asado, sino también obras maestras. Luis Puenzo se fue a los 80 años, probablemente a explicarle a los ángeles cómo se redacta una ley de fomento cinematográfico que realmente funcione. Se nos fue el director que, en 1986, nos regaló la primera alegría dorada de la Academia, permitiéndonos por un rato olvidar la inflación y creer que éramos el centro del universo cinematográfico, mucho antes de que Messi levantara la tercera.
Puenzo fue el único capaz de sentar a Gregory Peck y Jane Fonda en un set para filmar una novela de Carlos Fuentes sin que nadie se preguntara qué hacían ahí, y el mismo que, años después, se puso el traje de presidente del INCAA para lidiar con una pandemia que cerró los cines pero no su capacidad de pelear por el sector. Su partida nos deja un vacío tan grande como el de una sala de cine un lunes a la mañana, pero con la diferencia de que su «La historia oficial» seguirá proyectándose mientras haya alguien con memoria. Luis; gracias por enseñarnos que el prestigio no es solo una estatuilla, sino el compromiso de contar lo que otros quieren callar.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El cine argentino se viste de luto. Este martes 21 de abril de 2026, falleció en Buenos Aires a los 80 años el cineasta Luis Puenzo, una figura fundamental de la cultura nacional y el primer director argentino en alzar una estatuilla de la Academia de Hollywood. Puenzo, quien se encontraba alejado de la vida pública por complicaciones de salud, deja un legado imborrable que fusiona el arte con el compromiso histórico y la gestión política del sector audiovisual.
Una carrera marcada por la memoria
Luis Puenzo comenzó su camino en la publicidad, pero fue su transición al cine narrativo lo que cambió la historia del país. Su obra maestra, «La historia oficial» (1985), fue la primera película argentina y latinoamericana en ganar el Oscar a la Mejor Película Extranjera, exponiendo ante el mundo el horror de los bebés robados durante la última dictadura militar.
A lo largo de su trayectoria, dirigió y produjo piezas de gran relevancia internacional:
- «Luces de mis zapatos» (1973): Su debut en el largometraje.
- «La historia oficial» (1985): Drama histórico central sobre los desaparecidos.
- «Gringo viejo» (1989): Producción estadounidense protagonizada por Gregory Peck y Jane Fonda.
- «La peste» (1992): Adaptación de la novela de Albert Camus con elenco internacional.
- «La puta y la ballena» (2004): Su último gran largometraje como director.
Premios y gestión en la industria
Su vitrina no se limita al reconocimiento de Hollywood; fue celebrado en los festivales más prestigiosos. Obtuvo el Globo de Oro en 1986, el Premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Cannes y múltiples premios Cóndor de Plata. Recientemente, en 2024, había sido distinguido con el Premio Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes.
Sin embargo, Puenzo no fue solo un hombre detrás de cámara; fue un arquitecto de la industria cinematográfica argentina actual. Entre sus múltiples funciones se destacan su rol como redactor de la Ley de Cine (1994), que otorgó autarquía y financiamiento al INCAA, organismo que presidió entre 2019 y 2022. Además, fue impulsor de la Academia de Cine de la Argentina en 2004 y un prolífico productor que apoyó a las nuevas generaciones, incluyendo la carrera de su hija, la directora Lucía Puenzo.
Con su partida, desaparece un narrador que supo encontrar las palabras y las imágenes cuando el país más necesitó hablar de sus heridas. Su nombre queda grabado como el sinónimo del prestigio internacional del cine nacional.
El cine argentino acaba de perder a su capitán de industria, al hombre que convenció a Hollywood de que en el fin del mundo no solo hacíamos asado, sino también obras maestras. Luis Puenzo se fue a los 80 años, probablemente a explicarle a los ángeles cómo se redacta una ley de fomento cinematográfico que realmente funcione. Se nos fue el director que, en 1986, nos regaló la primera alegría dorada de la Academia, permitiéndonos por un rato olvidar la inflación y creer que éramos el centro del universo cinematográfico, mucho antes de que Messi levantara la tercera.
Puenzo fue el único capaz de sentar a Gregory Peck y Jane Fonda en un set para filmar una novela de Carlos Fuentes sin que nadie se preguntara qué hacían ahí, y el mismo que, años después, se puso el traje de presidente del INCAA para lidiar con una pandemia que cerró los cines pero no su capacidad de pelear por el sector. Su partida nos deja un vacío tan grande como el de una sala de cine un lunes a la mañana, pero con la diferencia de que su «La historia oficial» seguirá proyectándose mientras haya alguien con memoria. Luis; gracias por enseñarnos que el prestigio no es solo una estatuilla, sino el compromiso de contar lo que otros quieren callar.