El departamento Valle Fértil vivió una jornada marcada por la emoción durante el homenaje realizado a Carlos Heredia, uno de sus hijos más comprometidos con el servicio público. En una ceremonia desarrollada en Astica, se concretó la imposición formal del nombre “Carlos Heredia” al Destacamento N°1 de Bomberos Voluntarios.
El reconocimiento busca mantener presente la vocación de servicio que caracterizó a Heredia hasta sus últimos momentos, especialmente por su extensa tarea vinculada con la prevención, la seguridad y la respuesta ante emergencias.
Un último viaje con destino a Valle Fértil
Heredia se desempeñaba al frente de la Dirección de Protección Civil de San Juan cuando, el pasado 29 de julio, perdió la vida junto a tres funcionarios de la Policía de San Juan tras la caída del helicóptero Bell en el que viajaban hacia Ischigualasto.
El destino final de Heredia era precisamente Valle Fértil. Se dirigía al departamento para brindar una capacitación sobre combate de incendios forestales, una tarea relacionada directamente con la protección del territorio y la preparación de quienes deben intervenir ante este tipo de emergencias.
Una trayectoria dedicada a enseñar y proteger
Su actividad profesional también trascendió la gestión de emergencias. Licenciado en Higiene y Seguridad, Heredia volcó parte de sus conocimientos a la formación académica como docente de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ).
Desde las aulas formó a futuras generaciones mientras desarrollaba, en paralelo, sus responsabilidades vinculadas con Protección Civil y los operativos de emergencia. La imposición de su nombre al destacamento de Astica constituye así un reconocimiento a esa trayectoria y mantiene su memoria vinculada a una institución dedicada al servicio y la protección de la comunidad.
Valle Fértil homenajeó a Carlos Heredia con la imposición de su nombre al Destacamento N°1 de Bomberos Voluntarios de Astica. Heredia, oriundo del departamento y exdirector de Protección Civil de San Juan, murió el 29 de julio en la caída del helicóptero Bell que lo trasladaba hacia Ischigualasto junto a tres funcionarios de la Policía de San Juan.
Hay nombres que llegan a un edificio mediante un expediente, una resolución y una placa. Y hay otros que, antes de quedar escritos en una pared, ya estaban grabados en la memoria de quienes entran por esa puerta. En Astica ocurrió lo segundo: el Destacamento N°1 de Bomberos Voluntarios pasó a llevar el nombre de “Carlos Heredia”, una decisión especialmente significativa para un lugar dedicado, precisamente, a aquello que marcó buena parte de su vida: proteger a los demás.
El homenaje tiene además una de esas coincidencias que parecen redactadas con excesivo dramatismo por algún guionista, pero que pertenecen a la realidad. Heredia murió cuando viajaba hacia Ischigualasto y su destino final era Valle Fértil. No iba de paseo ni buscando una fotografía para el álbum institucional: se dirigía a brindar una capacitación sobre combate de incendios forestales. Hasta su último viaje estuvo vinculado con enseñar cómo enfrentar emergencias.
Heredia estaba al frente de la Dirección de Protección Civil de San Juan, pero su currículum tampoco parecía demasiado interesado en respetar fronteras laborales. Licenciado en Higiene y Seguridad, también ejercía como docente en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de San Juan. Entre operativos, prevención y aulas, había convertido el servicio público en una actividad prácticamente sin botón de apagado.
Por eso, poner su nombre en un destacamento de bomberos tiene poco de gesto protocolar y bastante de continuidad simbólica. Las sirenas volverán a sonar, los voluntarios seguirán saliendo ante cada emergencia y las capacitaciones continuarán. Sobre la entrada quedará un nombre que recuerda que detrás de todos esos procedimientos existen personas dispuestas a dedicar su conocimiento y su tiempo a cuidar a otras.
Astica eligió recordarlo desde ese lugar. No mediante una solemnidad distante, sino vinculándolo para siempre con una institución cuya razón de existir coincide con la tarea que Heredia sostuvo durante años. A veces una placa sirve para identificar un edificio. Otras veces explica, sin demasiadas palabras, por qué alguien dejó una marca.