Ismael Faro, vicepresidente de Quantum e IA en IBM, es un gallego que, tras una trayectoria de autodidactismo y siete *start-ups*, se consolidó en Silicon Valley como una figura clave en el desarrollo de la IA. Co-creador de las máquinas que debatían con inteligencia artificial (precursoras de ChatGPT), Faro propone una visión audaz: una IA proactiva que redefina la interacción humano-máquina y supere al internet en impacto, mientras explora la fusión con la computación cuántica. Su filosofía sobre el éxito y el «fracaso» como aprendizaje es tan provocadora como su apuesta por un futuro donde las máquinas sean verdaderas colaboradoras.
Desde los rincones más humildes de Galicia hasta el epicentro de la innovación tecnológica en Silicon Valley, la historia de Ismael Faro, Vicepresidente de Quantum e IA en la división de Investigación de IBM, no es solo un relato de superación, sino una provocación a los paradigmas establecidos sobre el éxito y el futuro de la inteligencia artificial. Este español, que forjó su camino en el efervescente caldo de cultivo de la tecnología, fue una pieza clave en la creación de las primeras máquinas de IBM que debatían con IA, verdaderos padres conceptuales de lo que hoy conocemos como ChatGPT. Su ascenso, sin escalas, lo llevó a la órbita de Darío Gil, hoy subsecretario de Ciencia en la Administración Trump, quien lo fichó hace una década para el gigante azul.
Con 50 años y nacido en Pontevedra, Faro se rebela contra el manual. Cuando las carencias económicas en casa le impidieron cursar COU, este "bicho raro" de la Formación Profesional terminó dando clases a sus propios profesores. Una escena que, para muchos, podría sonar a fábula, pero que para Faro fue el cimiento de una pasión inquebrantable por los ordenadores, una obsesión que lo acompaña desde los 13 años. Eran tiempos donde los tutoriales de YouTube se compraban en los kioscos, en revistas de informática: la sed de conocimiento lo empujó a preguntar a cualquiera que supiera de programación, y así se zambulló en el ensamblador, un lenguaje que hoy parece prehistórico pero que, para él, fue la llave.
Su primer contacto con la tecnología fue un hito doméstico que marcó su destino. "Mis padres hicieron un tremendo esfuerzo y me compraron un PC, un 8088, que venía con dos velocidades, botón de turbo, dos disqueteras", recuerda Faro. Su instinto natural no fue el de un usuario pasivo: "Empecé a romperlo todo porque quería saber qué había dentro. Y mi padre me dijo: ‘La garantía’. Yo respondí: ‘No sé qué significa, pero es importante’." Una anécdota que pinta de cuerpo entero la curiosidad insaciable que lo llevaría a la cima de la innovación.
El «friki» que dio cátedra a sus profesores: una educación fuera de molde
No es difícil imaginar que su fervor por las máquinas le valiera alguna mirada extraña. "Sí, la gente no entiende y dice ‘este es un friki’. Yo lo veo por el lado positivo", comenta Faro, con una perspectiva que desarma cualquier prejuicio. Sin embargo, no todo era color de rosa: "Lo único que llevaba mal es cuando te usaban a veces como un conejito que enseñaban como diciendo: ‘¿viste qué magia hace?’ Era más por el espectáculo que por el conocimiento y me daba pena." Para él, el show sin entendimiento es una oportunidad perdida. "Al no entenderlo, dicen que es magia. Y quieren más el show que aprender. No te preguntan ‘oye, ¿cómo se hace?’ Ellos solo quieren ‘la magia’. Luego no saben hacerlo y me preguntan más veces cómo solucionarlo." Una mordaz reflexión sobre la superficialidad que a menudo rodea a la tecnología.
¿Fracaso o maestría? La redefinición del éxito en Silicon Valley
En 20 años, Faro creó siete start-ups. Para la mentalidad rioplatense, donde el fracaso a menudo se carga de estigma, la visión de Faro es casi disruptiva. "Hice siete start-ups. ¿Qué es el éxito? Para mí es aprender y hacer cosas nuevas. Para mucha gente éxito es ganar mucho dinero y no fallar. Para mí no hay fracaso, cierras una puerta para abrir otra. Es algo evolutivo. Cada fracaso es como un máster." Una declaración que, sin duda, invita a la reflexión y al cuestionamiento de las métricas convencionales del éxito.
Desde 1993, estaba obsesionado con "hacer hablar al ordenador". Pero, ¿qué significa realmente "pensar" para una máquina? Para Faro, la verdadera revolución no es solo la voz, sino reducir "la distancia de interacción entre el humano y la máquina". Cuestiona la linealidad de nuestra comunicación actual con la tecnología: "Desde que tenía 13 años hay una cosa que me frustra mucho: para programar sigo usando los dedos y mirando una pantalla." Él sueña con una sinergia donde la máquina no solo responda, sino que anticipe y colabore.
Su visión es de máquinas proactivas, que "te ayuden a ti a colaborar, que sean como un compañero". Hoy, la IA, incluso un ChatGPT, es "muy pasiva" si no la provocamos. "¿Qué pasa si entras en un ChatGPT y te quedas mirándolo?", interpela, desafiando la concepción actual. Él explora nuevos horizontes: "Tengo sets montados con una cámara arriba que ve lo que dibujo mientras hablo con la máquina y la máquina me está proyectando. La interacción es distinta. Es más rica, hay más contexto."
Cuando habla de máquinas que "piensan", Faro se refiere a que sean una extensión de nuestra capacidad, una herramienta que colabore. La IA actual, aunque asombrosa, no piensa en el sentido humano. "No están pensando", sentencia, pero reconoce que "son pequeños pasos que dan la sensación que piensan". Para Faro, la interacción futura será una conversación fluida, donde la máquina ya tiene el contexto, anticipa y nos ayuda a ir "por delante".
ChatGPT irrumpió en 2022, pero IBM ya había sembrado las bases con el Proyecto Debater años antes. "¿Cómo lo vivió?", uno se pregunta. La respuesta de Faro es lapidaria: "Primero, que era obvio." Si bien reconoce el mérito, distingue el enfoque. Mientras que Debater se concentraba en "generar información con un contexto, para debatir", el gran salto de OpenAI fue centrarse en "la interacción con humanos, que parezca que sea una persona quien te esté contestando." Una distinción crucial que subraya el camino recorrido y los desafíos que aún persisten.
IA: ¿Más grande que internet y una simple herramienta? La paradoja de Faro
La afirmación de Faro suena a una audaz paradoja: la IA "será más grande que internet" y, a la vez, "solo una herramienta más". ¿Contradicción? No para él. Internet es "un concepto dentro de una ventana", un gigante al que accedemos por partes, limitados por "los ojitos y deditos". La IA, en cambio, "reduce la complejidad de uso". Donde antes uno "tenía que ir abriendo enlaces, haciéndote tu resumen", ahora "ChatGPT lo hace". La eficiencia liberará nuestro tiempo para otras cosas, y ahí radica su magnitud. "Todas las herramientas con las que hemos innovado van a optimizar nuestro tiempo", concluye.
La pregunta que resuena en los laboratorios de IBM es cómo se mezclan la IA y la computación cuántica. Si la IA es el puente para abordar problemas complejos, la cuántica es el siguiente escalón. "Lo que se hace son aproximaciones con la IA hasta un punto. A partir de ese punto la cuántica podrá extenderla", explica Faro. Es un trabajo mancomunado de hardware, software y algoritmos, un desafío monumental que IBM afronta desde hace medio siglo.
La computación cuántica: un horizonte incierto pero prometedor
¿Cuándo habrá un ordenador cuántico "operativo"? La respuesta es tan nebulosa como fascinante: "Podemos discutir mucho qué significa operativo: ¿qué caso de uso soluciona? Por ejemplo, los ordenadores actuales ya son operativos para la gente que hace ciencia sobre computación cuántica. Para lo demás, yo trabajo para verlo. No hay un plazo, porque cuando aparezca algo en el mercado que rompa, lo que eran 10 años acaban siendo dos." Un horizonte incierto, impulsado por la inversión y la tenacidad. "En IBM llevamos 50 años trabajando en computación cuántica. Imagine toda la inversión de gente y tiempo para llegar hasta aquí", subraya, recordándonos que las grandes revoluciones no son producto de la magia, sino de la persistencia y una visión inquebrantable.