Lo que debía ser un homenaje solemne a una de las voces más trascendentales de la historia del periodismo deportivo argentino se transformó en una jornada de desconcierto, furia y dolor. El entierro de Marcelo Araujo, fallecido a los 78 años, terminó en un escándalo logístico que privó a sus allegados de una despedida digna en el Cementerio de la Chacarita.
Un error insólito y definitivo
El cronograma estipulaba que el coche fúnebre llegara a un sector específico del predio para una ceremonia íntima. Sin embargo, debido a una falla de comunicación entre la empresa de servicios fúnebres y la administración del cementerio, los restos del relator fueron trasladados directamente al sector de cremación.
Cuando figuras de la talla de Tití Fernández y Fernando Niembro, junto a familiares y otros colegas del ambiente deportivo, llegaron al punto de encuentro, se encontraron con el vacío. El féretro nunca llegó a la cita; para cuando se intentó rastrear el paradero del cuerpo, el proceso administrativo de cremación ya era irreversible según los protocolos del predio.
Indignación entre los presentes
La atmósfera de respeto mutó rápidamente en indignación. Los asistentes no ocultaron su malestar ante lo que calificaron como un «bochorno administrativo» sin precedentes para una figura de tal magnitud pública. «Es un cierre que Marcelo no merecía. Vinimos a despedir a un amigo y nos encontramos con una negligencia absoluta», comentó uno de los cronistas presentes en medio del tumulto.
El último aplauso improvisado
Ante la imposibilidad de realizar el responso previsto frente al féretro, los asistentes improvisaron un emotivo pero amargo homenaje en las escalinatas principales del cementerio. Allí, una ronda de aplausos sostenida rompió el silencio de la tarde, en un clima que mezcló la nostalgia por la trayectoria del relator con el profundo enojo por el incidente.
Este lamentable episodio profundiza la tristeza que rodea la partida de Araujo, cuya última etapa de vida estuvo marcada por fuertes tensiones familiares. El histórico relator de 78 años falleció el pasado 17 de marzo debido a complicaciones por neumonía y un deterioro general de su salud.
Cabe recordar que la salud de Araujo ya había atravesado momentos críticos anteriormente. En 2021, el periodista estuvo internado tras sufrir una caída en su domicilio y contraer COVID-19, cuadros de los que logró recuperarse en aquel entonces. Sus últimos días, sin embargo, transcurrieron en un contexto de hermetismo y aislamiento hasta su desenlace final.
<p>El sepelio del histórico relator deportivo Marcelo Araujo, fallecido a los 78 años por complicaciones respiratorias, derivó en un escándalo organizativo en el Cementerio de la Chacarita. Debido a una falla logística, los restos fueron trasladados a cremación antes de la ceremonia prevista, impidiendo el último adiós de familiares y figuras del periodismo como Fernando Niembro y Tití Fernández.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Si Marcelo Araujo estuviera vivo para relatar su propio entierro, seguramente habría gritado «¡¿Qué hiciste, Maestruli?!» te la devoraste… al ver que su propio coche fúnebre metió un pique corto directo al horno crematorio sin pasar por la recepción. En un país donde no podemos organizar ni un asado entre tres personas sin que alguien se olvide el carbón, la logística del último adiós al hombre que inventó el lenguaje del fútbol moderno terminó siendo un blooper digno de «Noticiero Insólito». Imaginate llegar a la Chacarita con tu mejor cara de circunstancia, el nudo de la corbata apretado y el pésame en la punta de la lengua, solo para enterarte de que el protagonista del evento ya es ceniza por un error de comunicación interna. Un fuera de juego administrativo que dejó a todos mirando al juez de línea de la vida sin entender nada.
Tití Fernández y Fernando Niembro estaban ahí, parados en el pasto, esperando un féretro que nunca llegó porque alguien en la administración del cementerio decidió que la puntualidad británica solo se aplica para convertirte en polvo. La escena rozó el surrealismo puro: figuras del periodismo deportivo buscando un cajón como quien busca las llaves antes de salir de casa. «¡No tan rápido!», hubiera dicho Marcelo, pero el proceso ya era irreversible. Al final, entre la furia y el desconcierto, tuvieron que improvisar un aplauso en las escalinatas, un cierre tan accidentado y bizarro como una final de ascenso en medio de una tormenta de tierra. Araujo se fue de este mundo con una última jugada preparada que nadie vio venir, dejando a sus deudos con una mezcla de tristeza y ganas de pedir el VAR para anular semejante bochorno, como diría Marcelo…¡Basta para mi,señoras y señores…buenas noches.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Lo que debía ser un homenaje solemne a una de las voces más trascendentales de la historia del periodismo deportivo argentino se transformó en una jornada de desconcierto, furia y dolor. El entierro de Marcelo Araujo, fallecido a los 78 años, terminó en un escándalo logístico que privó a sus allegados de una despedida digna en el Cementerio de la Chacarita.
Un error insólito y definitivo
El cronograma estipulaba que el coche fúnebre llegara a un sector específico del predio para una ceremonia íntima. Sin embargo, debido a una falla de comunicación entre la empresa de servicios fúnebres y la administración del cementerio, los restos del relator fueron trasladados directamente al sector de cremación.
Cuando figuras de la talla de Tití Fernández y Fernando Niembro, junto a familiares y otros colegas del ambiente deportivo, llegaron al punto de encuentro, se encontraron con el vacío. El féretro nunca llegó a la cita; para cuando se intentó rastrear el paradero del cuerpo, el proceso administrativo de cremación ya era irreversible según los protocolos del predio.
Indignación entre los presentes
La atmósfera de respeto mutó rápidamente en indignación. Los asistentes no ocultaron su malestar ante lo que calificaron como un «bochorno administrativo» sin precedentes para una figura de tal magnitud pública. «Es un cierre que Marcelo no merecía. Vinimos a despedir a un amigo y nos encontramos con una negligencia absoluta», comentó uno de los cronistas presentes en medio del tumulto.
El último aplauso improvisado
Ante la imposibilidad de realizar el responso previsto frente al féretro, los asistentes improvisaron un emotivo pero amargo homenaje en las escalinatas principales del cementerio. Allí, una ronda de aplausos sostenida rompió el silencio de la tarde, en un clima que mezcló la nostalgia por la trayectoria del relator con el profundo enojo por el incidente.
Este lamentable episodio profundiza la tristeza que rodea la partida de Araujo, cuya última etapa de vida estuvo marcada por fuertes tensiones familiares. El histórico relator de 78 años falleció el pasado 17 de marzo debido a complicaciones por neumonía y un deterioro general de su salud.
Cabe recordar que la salud de Araujo ya había atravesado momentos críticos anteriormente. En 2021, el periodista estuvo internado tras sufrir una caída en su domicilio y contraer COVID-19, cuadros de los que logró recuperarse en aquel entonces. Sus últimos días, sin embargo, transcurrieron en un contexto de hermetismo y aislamiento hasta su desenlace final.
Si Marcelo Araujo estuviera vivo para relatar su propio entierro, seguramente habría gritado «¡¿Qué hiciste, Maestruli?!» te la devoraste… al ver que su propio coche fúnebre metió un pique corto directo al horno crematorio sin pasar por la recepción. En un país donde no podemos organizar ni un asado entre tres personas sin que alguien se olvide el carbón, la logística del último adiós al hombre que inventó el lenguaje del fútbol moderno terminó siendo un blooper digno de «Noticiero Insólito». Imaginate llegar a la Chacarita con tu mejor cara de circunstancia, el nudo de la corbata apretado y el pésame en la punta de la lengua, solo para enterarte de que el protagonista del evento ya es ceniza por un error de comunicación interna. Un fuera de juego administrativo que dejó a todos mirando al juez de línea de la vida sin entender nada.
Tití Fernández y Fernando Niembro estaban ahí, parados en el pasto, esperando un féretro que nunca llegó porque alguien en la administración del cementerio decidió que la puntualidad británica solo se aplica para convertirte en polvo. La escena rozó el surrealismo puro: figuras del periodismo deportivo buscando un cajón como quien busca las llaves antes de salir de casa. «¡No tan rápido!», hubiera dicho Marcelo, pero el proceso ya era irreversible. Al final, entre la furia y el desconcierto, tuvieron que improvisar un aplauso en las escalinatas, un cierre tan accidentado y bizarro como una final de ascenso en medio de una tormenta de tierra. Araujo se fue de este mundo con una última jugada preparada que nadie vio venir, dejando a sus deudos con una mezcla de tristeza y ganas de pedir el VAR para anular semejante bochorno, como diría Marcelo…¡Basta para mi,señoras y señores…buenas noches.