El Gobierno nacional reabrió este lunes 4 de mayo la sala de periodistas de la Casa Rosada, luego de la restricción de ingreso dispuesta el 23 de abril para los acreditados que cubren habitualmente la actividad del Poder Ejecutivo. La vuelta, sin embargo, no implicó una normalización plena: el acceso quedó sujeto a nuevos controles de seguridad y a restricciones de circulación dentro del edificio.
La medida original había sido justificada por la Secretaría de Comunicación y Prensa como una «decisión preventiva» tras una denuncia de Casa Militar por presunto espionaje ilegal, luego de que un programa televisivo difundiera imágenes internas de la sede gubernamental. El secretario Javier Lanari sostuvo entonces: «La decisión de quitar las huellas dactilares a los periodistas acreditados de Casa Rosada se tomó de manera preventiva ante la denuncia de Casa Militar por espionaje ilegal. El único fin es garantizar la seguridad nacional».
Ingreso con DNI, credencial y más controles
Desde las primeras horas de este lunes, los periodistas acreditados pudieron volver a ingresar a Balcarce 50. Entre los cambios aplicados figura el fin del acceso mediante huella digital: ahora los trabajadores de prensa deben concurrir con Documento Nacional de Identidad y credencial oficial, además de atravesar controles físicos, escáner y detector de metales.
Según el nuevo esquema, el acceso autorizado rige de lunes a viernes, entre las 6.30 y las 21. La acreditación habilita el ingreso a la sala de prensa y a otros salones sólo cuando exista una convocatoria o autorización específica para cubrir una actividad oficial.
Las restricciones también alcanzan la circulación interna. Los acreditados no pueden permanecer en el Patio de las Palmeras ni transitar por pasillos que conectan con sectores sensibles del edificio. Tampoco se habilita el recorrido hacia áreas utilizadas por funcionarios del Ejecutivo, lo que limita el contacto informal que históricamente formó parte de la cobertura diaria en Casa Rosada.
Vidrios esmerilados y menor visibilidad
Otro de los cambios señalados en la reapertura fue la reducción de la visibilidad desde sectores próximos a la sala de prensa. En el primer piso, un vidrio esmerilado impide observar el balcón que da al Patio de las Palmeras, y la puerta de acceso a ese espacio permanece cerrada.
También se dispuso que los periodistas sean guiados hacia la sala de prensa por personal de seguridad y que permanezcan en sectores autorizados, como la sala, los baños, la cafetería, el buffet y un patio trasero sin circulación de funcionarios. La nueva logística busca limitar al máximo los desplazamientos dentro de la sede oficial.
Repudios y discusión por la libertad de prensa
El cierre de la sala generó cuestionamientos de entidades periodísticas, dirigentes opositores y organizaciones vinculadas a la libertad de expresión. ADEPA expresó su preocupación en el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa y reclamó la normalización del acceso, al considerar que la medida afectaba el ejercicio del periodismo y el derecho de la ciudadanía a estar informada.
También circuló en redes y comunicados gremiales la consigna: «Una sala que siguió abierta incluso en dictadura hoy está cerrada». La frase fue utilizada para remarcar el peso simbólico de la clausura de un espacio de trabajo que, según periodistas acreditados, no había sido cerrado de manera generalizada desde el regreso de la democracia.
El episodio se produjo en un contexto de fuerte tensión entre el Gobierno y parte de la prensa. En los días previos y posteriores al cierre, el presidente Javier Milei volvió a publicar mensajes críticos contra periodistas y medios, mientras organizaciones del sector advirtieron sobre el deterioro del vínculo institucional con la prensa.
Con la reapertura, los acreditados recuperaron el acceso físico a la sala de periodistas, pero bajo condiciones más estrictas. La nueva etapa queda marcada por mayores controles, menos circulación interna y un debate abierto sobre los límites entre seguridad presidencial, transparencia institucional y libertad de prensa.
<p>El Gobierno nacional reabrió este lunes 4 de mayo la sala de periodistas de la Casa Rosada, cerrada desde el 23 de abril tras una denuncia de Casa Militar por presunto espionaje ilegal. El retorno de los acreditados quedó sujeto a nuevos controles de ingreso, restricciones de circulación y menor contacto directo con funcionarios. </p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La sala de periodistas de la Casa Rosada volvió a abrir, aunque con una novedad digna de manual de convivencia redactado por un detector de metales: los cronistas pueden entrar, sí, pero con movimientos más medidos que estatua viviente en peatonal turística. Después de once días con la puerta cerrada, el regreso llegó envuelto en protocolos, listados, credenciales, controles y una coreografía de seguridad que transforma cada paso hacia la sala de prensa en una pequeña expedición administrativa.
La Casa Rosada, ese edificio donde históricamente la política entraba, salía, negociaba, negaba y ocasionalmente saludaba desde algún pasillo, ahora parece decidida a practicar el periodismo de baja visibilidad: menos circulación, menos contacto, menos posibilidad de mirar quién entra y quién sale. El Patio de las Palmeras, que hasta hace poco funcionaba como termómetro visual de la rosca oficial, quedó fuera del alcance de los acreditados, como si mirar un funcionario caminando pudiera desestabilizar los cimientos de la República.
El Gobierno justificó el cierre inicial como una «decisión preventiva» ante una denuncia por supuesto espionaje ilegal, luego de la difusión televisiva de imágenes internas. La palabra “preventiva” volvió a demostrar su enorme versatilidad nacional: sirve para hablar de salud, seguridad, tránsito y, ahora, para clausurar durante días el espacio desde donde se cubre al Poder Ejecutivo. Todo en nombre de la seguridad, esa señora solemne que suele aparecer cuando el poder prefiere hablar con menos testigos cerca.
El resultado es una reapertura con gusto a puerta entreabierta. Los periodistas recuperaron el espacio físico, pero no las condiciones previas de trabajo. Y en una democracia, la diferencia no es menor: una sala puede estar abierta y, aun así, el acceso a la información quedar rodeado de vallas invisibles. O visibles, según el día, el pasillo y la cantidad de uniformados disponibles para recordar que preguntar sigue permitido, pero circular ya es otra discusión.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El Gobierno nacional reabrió este lunes 4 de mayo la sala de periodistas de la Casa Rosada, luego de la restricción de ingreso dispuesta el 23 de abril para los acreditados que cubren habitualmente la actividad del Poder Ejecutivo. La vuelta, sin embargo, no implicó una normalización plena: el acceso quedó sujeto a nuevos controles de seguridad y a restricciones de circulación dentro del edificio.
La medida original había sido justificada por la Secretaría de Comunicación y Prensa como una «decisión preventiva» tras una denuncia de Casa Militar por presunto espionaje ilegal, luego de que un programa televisivo difundiera imágenes internas de la sede gubernamental. El secretario Javier Lanari sostuvo entonces: «La decisión de quitar las huellas dactilares a los periodistas acreditados de Casa Rosada se tomó de manera preventiva ante la denuncia de Casa Militar por espionaje ilegal. El único fin es garantizar la seguridad nacional».
Ingreso con DNI, credencial y más controles
Desde las primeras horas de este lunes, los periodistas acreditados pudieron volver a ingresar a Balcarce 50. Entre los cambios aplicados figura el fin del acceso mediante huella digital: ahora los trabajadores de prensa deben concurrir con Documento Nacional de Identidad y credencial oficial, además de atravesar controles físicos, escáner y detector de metales.
Según el nuevo esquema, el acceso autorizado rige de lunes a viernes, entre las 6.30 y las 21. La acreditación habilita el ingreso a la sala de prensa y a otros salones sólo cuando exista una convocatoria o autorización específica para cubrir una actividad oficial.
Las restricciones también alcanzan la circulación interna. Los acreditados no pueden permanecer en el Patio de las Palmeras ni transitar por pasillos que conectan con sectores sensibles del edificio. Tampoco se habilita el recorrido hacia áreas utilizadas por funcionarios del Ejecutivo, lo que limita el contacto informal que históricamente formó parte de la cobertura diaria en Casa Rosada.
Vidrios esmerilados y menor visibilidad
Otro de los cambios señalados en la reapertura fue la reducción de la visibilidad desde sectores próximos a la sala de prensa. En el primer piso, un vidrio esmerilado impide observar el balcón que da al Patio de las Palmeras, y la puerta de acceso a ese espacio permanece cerrada.
También se dispuso que los periodistas sean guiados hacia la sala de prensa por personal de seguridad y que permanezcan en sectores autorizados, como la sala, los baños, la cafetería, el buffet y un patio trasero sin circulación de funcionarios. La nueva logística busca limitar al máximo los desplazamientos dentro de la sede oficial.
Repudios y discusión por la libertad de prensa
El cierre de la sala generó cuestionamientos de entidades periodísticas, dirigentes opositores y organizaciones vinculadas a la libertad de expresión. ADEPA expresó su preocupación en el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa y reclamó la normalización del acceso, al considerar que la medida afectaba el ejercicio del periodismo y el derecho de la ciudadanía a estar informada.
También circuló en redes y comunicados gremiales la consigna: «Una sala que siguió abierta incluso en dictadura hoy está cerrada». La frase fue utilizada para remarcar el peso simbólico de la clausura de un espacio de trabajo que, según periodistas acreditados, no había sido cerrado de manera generalizada desde el regreso de la democracia.
El episodio se produjo en un contexto de fuerte tensión entre el Gobierno y parte de la prensa. En los días previos y posteriores al cierre, el presidente Javier Milei volvió a publicar mensajes críticos contra periodistas y medios, mientras organizaciones del sector advirtieron sobre el deterioro del vínculo institucional con la prensa.
Con la reapertura, los acreditados recuperaron el acceso físico a la sala de periodistas, pero bajo condiciones más estrictas. La nueva etapa queda marcada por mayores controles, menos circulación interna y un debate abierto sobre los límites entre seguridad presidencial, transparencia institucional y libertad de prensa.
La sala de periodistas de la Casa Rosada volvió a abrir, aunque con una novedad digna de manual de convivencia redactado por un detector de metales: los cronistas pueden entrar, sí, pero con movimientos más medidos que estatua viviente en peatonal turística. Después de once días con la puerta cerrada, el regreso llegó envuelto en protocolos, listados, credenciales, controles y una coreografía de seguridad que transforma cada paso hacia la sala de prensa en una pequeña expedición administrativa.
La Casa Rosada, ese edificio donde históricamente la política entraba, salía, negociaba, negaba y ocasionalmente saludaba desde algún pasillo, ahora parece decidida a practicar el periodismo de baja visibilidad: menos circulación, menos contacto, menos posibilidad de mirar quién entra y quién sale. El Patio de las Palmeras, que hasta hace poco funcionaba como termómetro visual de la rosca oficial, quedó fuera del alcance de los acreditados, como si mirar un funcionario caminando pudiera desestabilizar los cimientos de la República.
El Gobierno justificó el cierre inicial como una «decisión preventiva» ante una denuncia por supuesto espionaje ilegal, luego de la difusión televisiva de imágenes internas. La palabra “preventiva” volvió a demostrar su enorme versatilidad nacional: sirve para hablar de salud, seguridad, tránsito y, ahora, para clausurar durante días el espacio desde donde se cubre al Poder Ejecutivo. Todo en nombre de la seguridad, esa señora solemne que suele aparecer cuando el poder prefiere hablar con menos testigos cerca.
El resultado es una reapertura con gusto a puerta entreabierta. Los periodistas recuperaron el espacio físico, pero no las condiciones previas de trabajo. Y en una democracia, la diferencia no es menor: una sala puede estar abierta y, aun así, el acceso a la información quedar rodeado de vallas invisibles. O visibles, según el día, el pasillo y la cantidad de uniformados disponibles para recordar que preguntar sigue permitido, pero circular ya es otra discusión.