Reabrió la sala de prensa de Casa Rosada tras once días de cierre

Redacción Cuyo News
8 min

El Gobierno nacional reabrió este lunes 4 de mayo la sala de periodistas de la Casa Rosada, luego de la restricción de ingreso dispuesta el 23 de abril para los acreditados que cubren habitualmente la actividad del Poder Ejecutivo. La vuelta, sin embargo, no implicó una normalización plena: el acceso quedó sujeto a nuevos controles de seguridad y a restricciones de circulación dentro del edificio.

La medida original había sido justificada por la Secretaría de Comunicación y Prensa como una «decisión preventiva» tras una denuncia de Casa Militar por presunto espionaje ilegal, luego de que un programa televisivo difundiera imágenes internas de la sede gubernamental. El secretario Javier Lanari sostuvo entonces: «La decisión de quitar las huellas dactilares a los periodistas acreditados de Casa Rosada se tomó de manera preventiva ante la denuncia de Casa Militar por espionaje ilegal. El único fin es garantizar la seguridad nacional».

Ingreso con DNI, credencial y más controles

Desde las primeras horas de este lunes, los periodistas acreditados pudieron volver a ingresar a Balcarce 50. Entre los cambios aplicados figura el fin del acceso mediante huella digital: ahora los trabajadores de prensa deben concurrir con Documento Nacional de Identidad y credencial oficial, además de atravesar controles físicos, escáner y detector de metales.

Según el nuevo esquema, el acceso autorizado rige de lunes a viernes, entre las 6.30 y las 21. La acreditación habilita el ingreso a la sala de prensa y a otros salones sólo cuando exista una convocatoria o autorización específica para cubrir una actividad oficial.

Las restricciones también alcanzan la circulación interna. Los acreditados no pueden permanecer en el Patio de las Palmeras ni transitar por pasillos que conectan con sectores sensibles del edificio. Tampoco se habilita el recorrido hacia áreas utilizadas por funcionarios del Ejecutivo, lo que limita el contacto informal que históricamente formó parte de la cobertura diaria en Casa Rosada.

Vidrios esmerilados y menor visibilidad

Otro de los cambios señalados en la reapertura fue la reducción de la visibilidad desde sectores próximos a la sala de prensa. En el primer piso, un vidrio esmerilado impide observar el balcón que da al Patio de las Palmeras, y la puerta de acceso a ese espacio permanece cerrada.

También se dispuso que los periodistas sean guiados hacia la sala de prensa por personal de seguridad y que permanezcan en sectores autorizados, como la sala, los baños, la cafetería, el buffet y un patio trasero sin circulación de funcionarios. La nueva logística busca limitar al máximo los desplazamientos dentro de la sede oficial.

Repudios y discusión por la libertad de prensa

El cierre de la sala generó cuestionamientos de entidades periodísticas, dirigentes opositores y organizaciones vinculadas a la libertad de expresión. ADEPA expresó su preocupación en el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa y reclamó la normalización del acceso, al considerar que la medida afectaba el ejercicio del periodismo y el derecho de la ciudadanía a estar informada.

También circuló en redes y comunicados gremiales la consigna: «Una sala que siguió abierta incluso en dictadura hoy está cerrada». La frase fue utilizada para remarcar el peso simbólico de la clausura de un espacio de trabajo que, según periodistas acreditados, no había sido cerrado de manera generalizada desde el regreso de la democracia.

El episodio se produjo en un contexto de fuerte tensión entre el Gobierno y parte de la prensa. En los días previos y posteriores al cierre, el presidente Javier Milei volvió a publicar mensajes críticos contra periodistas y medios, mientras organizaciones del sector advirtieron sobre el deterioro del vínculo institucional con la prensa.

Con la reapertura, los acreditados recuperaron el acceso físico a la sala de periodistas, pero bajo condiciones más estrictas. La nueva etapa queda marcada por mayores controles, menos circulación interna y un debate abierto sobre los límites entre seguridad presidencial, transparencia institucional y libertad de prensa.

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