Mar Argentino: el Gobierno defiende el acuerdo con Estados Unidos y la oposición lo cuestiona

Redacción Cuyo News
10 min

La Armada Argentina firmó una Carta de Intención con el Departamento de Defensa de Estados Unidos para avanzar en un programa de cooperación de cinco años orientado a fortalecer las capacidades de patrullaje, vigilancia, monitoreo y control de los espacios marítimos de interés nacional en el Atlántico Sur. La iniciativa se enmarca en el programa 333 de Desarrollo de Capacidades de Asociación y contempla transferencia tecnológica, formación de personal y asistencia técnica especializada.

El acuerdo fue presentado por la Embajada de Estados Unidos bajo el nombre «Protecting Global Commons Program», una denominación que generó críticas políticas por el uso del concepto «bienes comunes globales» aplicado al Atlántico Sur. Desde el Ministerio de Defensa argentino, en cambio, la comunicación oficial remarcó que el objetivo es desarrollar capacidades propias para el control de espacios marítimos de interés nacional.

Qué incluye el acuerdo con Estados Unidos

Según la información oficial publicada por el Ministerio de Defensa, la cooperación ya tuvo un primer avance con la modernización de un avión B-200M Cormorán de la Aviación Naval de la Armada Argentina, al que se le incorporaron sensores multiespectrales, sistemas de comando y control, enlaces de datos y nuevas capacidades de comunicaciones.

El equipamiento incluye el sistema electroóptico WESCAM MX-10, con capacidad infrarroja, destinado a mejorar tareas de vigilancia, reconocimiento, búsqueda y rescate, tanto de día como de noche y en distintas condiciones meteorológicas. Defensa sostuvo que el sistema incrementa las capacidades de exploración y control desde el aire sobre los espacios marítimos.

Dentro del cronograma establecido en la Carta de Intenciones, se prevé además la incorporación de dos aeronaves nuevas Textron B-360ER MPA, configuradas para patrullaje marítimo. La primera unidad llegaría al país en diciembre de 2026 y la segunda a partir de junio de 2027. Estos aviones contarán con radar de búsqueda de superficie, sensores infrarrojos, comunicaciones satelitales, sistemas ISR y capacidades de comando y control.

El plan también contempla la provisión de vehículos aéreos no tripulados de despegue y aterrizaje vertical, aptos para operar desde patrulleros oceánicos de la Armada, a partir de mediados de 2027. Para 2029 está prevista la entrega de un simulador para las aeronaves P-3C Orión incorporadas recientemente, con el objetivo de fortalecer la capacitación y el adiestramiento del personal.

La polémica por los «bienes comunes globales»

La principal controversia surgió por la forma en que Estados Unidos presentó el programa. La Embajada estadounidense lo definió como una alianza estratégica de cinco años para “defender los bienes comunes globales y fortalecer la seguridad regional”, mientras que el Gobierno argentino eligió subrayar la idea de soberanía marítima, presencia nacional y capacidades propias.

La oposición cuestionó esa formulación y advirtió que el Mar Argentino no puede ser tratado como un espacio de administración global. Carlos Bianco, ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, planteó: “El mar argentino no es un bien común global. Es un espacio donde la Argentina tiene la obligación de ejercer jurisdicción propia y custodiar sus recursos”.

También sostuvo: “En vez de ofrecer nuestro Atlántico sur como área de entrenamiento y mapeo naval para otras potencias, el Gobierno nacional debe cumplir allí sus funciones soberanas”. Las críticas se extendieron a sectores kirchneristas, que acusaron al gobierno de Javier Milei de comprometer información estratégica y profundizar su alineamiento con Washington.

La posición oficial y los puntos sensibles

Desde el Ministerio de Defensa, la lectura fue distinta. La cartera sostuvo que la cooperación en defensa y seguridad marítima constituye una herramienta para fortalecer capacidades propias, incrementar el conocimiento del dominio marítimo y consolidar la presencia argentina en el Atlántico Sur.

El comunicado oficial también señaló que el país viene trabajando desde 2025 junto a la Embajada de Estados Unidos en este proceso, en cuyo marco ya recibió parte del equipamiento específico. La firma de la Carta de Intenciones, concretada en mayo de 2026, ordena las etapas del programa de cooperación previsto para los próximos cinco años.

El punto crítico es el alcance político y operativo del acuerdo. Mientras el Gobierno lo presenta como una vía para modernizar recursos de vigilancia y combatir actividades ilícitas en el mar, sectores opositores y especialistas advierten que la presencia tecnológica y operativa estadounidense en el Atlántico Sur puede abrir una discusión sensible sobre soberanía, autonomía estratégica y control de recursos naturales.

El Atlántico Sur tiene un valor estratégico central para la Argentina por sus recursos pesqueros, energéticos, logísticos y por su vínculo con la cuestión Malvinas. Por eso, el acuerdo con Estados Unidos quedó rápidamente atravesado por una tensión política de fondo: cómo reforzar la vigilancia marítima sin que la cooperación internacional sea leída como una cesión de capacidad soberana en una de las zonas más sensibles para los intereses nacionales.

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