Argentina atraviesa una crisis de salud mental que especialistas describen como un problema creciente de salud pública. Durante 2025 se notificaron 11.799 intentos de suicidio hasta el 31 de octubre, según el Boletín Epidemiológico Nacional. Los registros reflejan una problemática que afecta a adolescentes, jóvenes, adultos y personas mayores y que plantea nuevos desafíos para el sistema sanitario y para la sociedad.
Las tasas más altas de intentos se concentran entre los 15 y los 24 años, mientras que el grupo de entre 15 y 34 años reúne la mayor cantidad de episodios notificados. Sin embargo, los especialistas advierten que reducir el fenómeno exclusivamente a los jóvenes sería un error. También alcanza a personas de mediana edad y adultos mayores atravesados por enfermedades, duelos, aislamiento, dificultades económicas o pérdida de proyectos de vida.
La evidencia científica y los organismos de salud coinciden en que el suicidio es un fenómeno multicausal. Puede estar asociado a trastornos de salud mental, pero también a conflictos familiares, violencia, consumo problemático, presión social, endeudamiento, desempleo, soledad y dificultades para acceder a tratamientos adecuados.
Los números que preocupan
El Boletín Epidemiológico Nacional 2025 notificó 11.799 intentos de suicidio hasta el 31 de octubre y registró 724 fallecimientos dentro del sistema de vigilancia epidemiológica durante ese período.
Especialistas recuerdan que estos registros corresponden a distintos sistemas de información y que, por sus diferencias metodológicas, no representan la totalidad de los casos ocurridos en el país. También advierten que existen situaciones que nunca llegan a notificarse o que ingresan por otros circuitos administrativos.
Los contextos de pobreza, desempleo, precarización laboral, violencia, aislamiento y pérdida de expectativas aparecen de manera recurrente entre los factores que incrementan la vulnerabilidad y agravan el sufrimiento emocional.

¿Qué está pasando?
El psiquiatra Guillermo Jemar, del Hospital Borda, explicó que muchas personas que atraviesan una crisis suicida no necesariamente desean morir, sino que sienten que ya no pueden continuar viviendo bajo las condiciones que están atravesando. Esa diferencia resulta central para comprender el fenómeno y orientar las estrategias de prevención.
El sufrimiento psicológico suele construirse de manera progresiva y responde a la combinación de múltiples factores personales, familiares, sociales y económicos. Por ese motivo, los especialistas sostienen que la prevención requiere una mirada integral y un acceso temprano a la atención.
El sufrimiento no siempre se ve
Las personas que atraviesan una crisis emocional profunda no siempre expresan de manera directa lo que sienten. Cambios bruscos de conducta, aislamiento, pérdida de interés por actividades habituales, alteraciones del sueño o la alimentación, desesperanza persistente, cansancio extremo o frases que reflejan la pérdida de sentido pueden constituir señales de alerta.
La evidencia disponible también indica que preguntar de manera respetuosa sobre el sufrimiento emocional no aumenta el riesgo. Por el contrario, puede abrir una conversación que facilite el acceso a ayuda profesional y a una red de apoyo.
Factores que ayudan a reducir el riesgo
Los especialistas destacan que existen factores protectores que pueden marcar una diferencia durante una crisis emocional. Entre ellos se encuentran el acompañamiento familiar y social, el acceso oportuno a la atención psicológica o psiquiátrica, la continuidad de los vínculos comunitarios, la reducción del aislamiento y la posibilidad de hablar sobre lo que ocurre sin miedo al estigma.
La prevención no depende exclusivamente del sistema de salud. También involucra a las familias, las escuelas, los lugares de trabajo y las comunidades.
¿Qué ocurre en San Juan?
San Juan desarrolla sus políticas de atención dentro del marco de la Ley Nacional de Salud Mental y cuenta con el Órgano de Revisión de Salud Mental, creado por la Ley Provincial 2491-Q, cuya función es promover y proteger los derechos de las personas usuarias de los servicios de salud mental y fortalecer el funcionamiento de la red provincial de atención.
Aunque la provincia no publica de manera periódica estadísticas abiertas comparables con las nacionales sobre suicidios e intentos, las autoridades sanitarias trabajan en la articulación entre hospitales, centros de salud y dispositivos especializados para la atención de personas que atraviesan crisis emocionales.

Dónde buscar ayuda
Ante una situación de riesgo o una crisis emocional, la recomendación es solicitar asistencia profesional sin demora.
Emergencias:
• 107: Emergencias médicas.
• 911: Emergencias y situaciones de riesgo inmediato.
En San Juan, también es posible concurrir al hospital público o centro de salud más cercano para acceder a la red provincial de atención en salud mental.
El Órgano de Revisión de Salud Mental de San Juan brinda orientación institucional:
• Teléfonos: 264-4307210 / 264-4307212.
A nivel nacional, el Ministerio de Salud dispone de Salud Responde:
• 0800-222-1002.
La importancia de acompañar
Si una persona cercana dejó de ser como era, se aisló, perdió interés por actividades que antes disfrutaba o expresa una profunda desesperanza, no es conveniente esperar a que atraviese la situación en soledad. Acercarse, escuchar con respeto, mantenerse presente y ayudar a buscar atención profesional puede convertirse en un paso decisivo.
Acompañar no significa tener todas las respuestas. Muchas veces significa permanecer disponible, facilitar el acceso a la ayuda adecuada y recordar que ninguna persona debería enfrentar una crisis emocional completamente sola.
Argentina enfrenta una creciente crisis de salud mental reflejada en el aumento de los intentos de suicidio registrados durante 2025. Especialistas advierten que se trata de un fenómeno multicausal que afecta a adolescentes, adultos y personas mayores. La prevención, la detección temprana y el fortalecimiento de las redes de acompañamiento aparecen como herramientas fundamentales para reducir el riesgo y mejorar el acceso a la atención.
Las cifras muestran una realidad que dejó de ser un conjunto de casos aislados. Miles de personas atravesaron durante el último año una crisis emocional lo suficientemente profunda como para requerir asistencia o quedar registradas en los sistemas de salud y seguridad. Detrás de cada número hay una historia que no siempre llegó a tiempo al sistema de contención.
Durante mucho tiempo la salud mental ocupó un lugar secundario en la conversación pública. Mientras se discutían indicadores económicos, empleo o inflación, miles de personas convivían con un sufrimiento que pocas veces encontraba espacio para ser escuchado. La crisis no distingue edad, profesión ni nivel de ingresos.
Los datos muestran que los jóvenes concentran la mayor cantidad de intentos registrados, pero el problema también atraviesa a adultos de mediana edad, personas mayores y jubilados. La pérdida de proyectos, los problemas económicos, los duelos, las enfermedades, la violencia, el aislamiento y la falta de acceso oportuno a tratamientos forman parte de un escenario complejo que no admite una explicación única.
Especialistas coinciden en que el suicidio no puede entenderse únicamente desde la enfermedad mental. Se trata de un fenómeno donde intervienen factores psicológicos, sociales, familiares y económicos. Por eso la prevención comienza mucho antes de una emergencia: empieza cuando una persona encuentra un espacio donde puede hablar sin sentirse juzgada y cuando alguien de su entorno decide no mirar para otro lado.
Hablar sobre salud mental sigue generando incomodidad en muchos ámbitos. Sin embargo, el silencio rara vez protege. Escuchar, acompañar y facilitar el acceso a ayuda profesional forman parte de las herramientas más importantes para reducir el sufrimiento y fortalecer las redes de cuidado.