La senadora provincial de La Libertad Avanza, Macarena D’Ambrogio, presentó un proyecto de ley para incorporar controles toxicológicos obligatorios en los operativos viales de Mendoza y endurecer las sanciones para quienes conduzcan bajo los efectos de sustancias psicoactivas. La propuesta modifica tanto la Ley de Tránsito N.º 9024 como el Código Contravencional de la provincia.
La iniciativa busca establecer un marco específico para la realización de los denominados narcotest, además de incorporar nuevas escalas de multas, inhabilitaciones y otras sanciones para los infractores.
Narcotest y controles con criterios objetivos
El proyecto dispone que los conductores deberán someterse a los controles toxicológicos cuando así lo determinen las autoridades competentes. Asimismo, establece que la negativa injustificada a realizar la prueba será considerada una falta gravísima y tendrá las mismas consecuencias administrativas que un resultado positivo.
Al mismo tiempo, la propuesta incorpora un protocolo para limitar la discrecionalidad durante los controles. Según el texto, los agentes deberán verificar previamente indicadores objetivos de alteración psicofísica, como dificultades motrices, alteraciones del habla, signos oculares o cambios conductuales, antes de ordenar la realización del narcotest.
Multas de hasta $5,5 millones
La iniciativa establece una escala de sanciones diferenciada según la sustancia detectada. Para los casos vinculados con cannabis y sus derivados prevé multas de entre 3.000 y 6.000 unidades fijas, equivalentes a entre $1,5 y $3 millones, además de inhabilitaciones para conducir.
Cuando se trate de cocaína, opiáceos o benzodiacepinas utilizadas sin autorización terapéutica, las multas podrían llegar hasta 9.000 unidades fijas, acompañadas por arrestos de hasta 30 días e inhabilitaciones de hasta un año.
Las sanciones más severas alcanzan a los casos considerados de mayor riesgo, como el consumo de anfetaminas, metanfetaminas o la combinación de dos o más sustancias, incluido el alcohol. En esos supuestos, las multas podrían ascender hasta 11.000 unidades fijas, equivalentes a aproximadamente $5,5 millones, además de arrestos de hasta 120 días e inhabilitaciones de hasta 545 días.
Retención del vehículo y licencias más cortas
El proyecto también dispone la retención obligatoria del vehículo en todos los casos alcanzados por la norma y elimina la posibilidad de sustituir las sanciones mediante trabajo comunitario.
Además, establece que los vehículos retenidos por infracciones relacionadas con alcohol o drogas no podrán ser restituidos hasta que el infractor cumpla con la sanción correspondiente. Para los reincidentes, la iniciativa propone reducir la vigencia de la licencia de conducir a cinco años, en lugar de los diez años previstos actualmente para quienes no registran antecedentes.
La propuesta deberá ahora iniciar su tratamiento legislativo en la Legislatura de Mendoza antes de una eventual aprobación.
La senadora mendocina de La Libertad Avanza, Macarena D’Ambrogio, presentó un proyecto para incorporar controles toxicológicos obligatorios en operativos viales y endurecer las sanciones para quienes conduzcan bajo los efectos de sustancias psicoactivas. La iniciativa también modifica la Ley de Tránsito y el Código Contravencional con nuevas multas, inhabilitaciones y criterios para aplicar los narcotest.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En Mendoza ya no alcanzaría con soplar. La propuesta ahora es que algunos conductores también deban someterse a un narcotest. La diferencia es que esta vez el debate no pasa solamente por cuánto se multa, sino por cómo se decide quién tiene que hacerse el control y bajo qué criterios.
Durante años la discusión vial giró alrededor del alcohol. Ahora el foco empieza a moverse hacia las sustancias psicoactivas. El problema aparece cuando la prevención necesita convivir con las garantías. Porque un control efectivo sirve poco si depende del humor del inspector de turno. Y un protocolo sin controles también termina siendo apenas un folleto.
El proyecto intenta resolver esa tensión. Los agentes no podrían ordenar un narcotest simplemente porque alguien les «pareció sospechoso». Antes deberían constatar indicadores objetivos de alteración psicofísica, como dificultades para hablar, alteraciones motrices o signos visibles compatibles con el consumo de sustancias. La idea es que el criterio no viaje en el asiento del acompañante.
Después llega la parte que siempre consigue titulares: las multas. La iniciativa propone sanciones que podrían superar los $5,5 millones, inhabilitaciones para conducir, retención del vehículo y hasta arrestos en determinados casos. Además, rechazar el narcotest tendría las mismas consecuencias administrativas que dar positivo. A veces el «prefiero no responder» también responde.
El proyecto establece diferencias según el tipo de sustancia detectada y contempla escalas distintas de sanción. También elimina la posibilidad de reemplazar las penas por trabajo comunitario y obliga a realizar cursos de capacitación sobre conducción responsable. Porque la idea no es solo castigar, sino intentar que la próxima infracción no exista.
Por ahora se trata de una iniciativa legislativa que deberá atravesar el debate parlamentario. Como ocurre con casi todos los proyectos vinculados al tránsito, la discusión volverá a girar sobre el mismo eje: hasta dónde puede avanzar el Estado para prevenir accidentes sin vulnerar derechos individuales.
En la Argentina las leyes de tránsito cambian seguido. Lo difícil sigue siendo que cambie la costumbre de creer que el problema siempre maneja el auto de adelante.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La senadora provincial de La Libertad Avanza, Macarena D’Ambrogio, presentó un proyecto de ley para incorporar controles toxicológicos obligatorios en los operativos viales de Mendoza y endurecer las sanciones para quienes conduzcan bajo los efectos de sustancias psicoactivas. La propuesta modifica tanto la Ley de Tránsito N.º 9024 como el Código Contravencional de la provincia.
La iniciativa busca establecer un marco específico para la realización de los denominados narcotest, además de incorporar nuevas escalas de multas, inhabilitaciones y otras sanciones para los infractores.
Narcotest y controles con criterios objetivos
El proyecto dispone que los conductores deberán someterse a los controles toxicológicos cuando así lo determinen las autoridades competentes. Asimismo, establece que la negativa injustificada a realizar la prueba será considerada una falta gravísima y tendrá las mismas consecuencias administrativas que un resultado positivo.
Al mismo tiempo, la propuesta incorpora un protocolo para limitar la discrecionalidad durante los controles. Según el texto, los agentes deberán verificar previamente indicadores objetivos de alteración psicofísica, como dificultades motrices, alteraciones del habla, signos oculares o cambios conductuales, antes de ordenar la realización del narcotest.
Multas de hasta $5,5 millones
La iniciativa establece una escala de sanciones diferenciada según la sustancia detectada. Para los casos vinculados con cannabis y sus derivados prevé multas de entre 3.000 y 6.000 unidades fijas, equivalentes a entre $1,5 y $3 millones, además de inhabilitaciones para conducir.
Cuando se trate de cocaína, opiáceos o benzodiacepinas utilizadas sin autorización terapéutica, las multas podrían llegar hasta 9.000 unidades fijas, acompañadas por arrestos de hasta 30 días e inhabilitaciones de hasta un año.
Las sanciones más severas alcanzan a los casos considerados de mayor riesgo, como el consumo de anfetaminas, metanfetaminas o la combinación de dos o más sustancias, incluido el alcohol. En esos supuestos, las multas podrían ascender hasta 11.000 unidades fijas, equivalentes a aproximadamente $5,5 millones, además de arrestos de hasta 120 días e inhabilitaciones de hasta 545 días.
Retención del vehículo y licencias más cortas
El proyecto también dispone la retención obligatoria del vehículo en todos los casos alcanzados por la norma y elimina la posibilidad de sustituir las sanciones mediante trabajo comunitario.
Además, establece que los vehículos retenidos por infracciones relacionadas con alcohol o drogas no podrán ser restituidos hasta que el infractor cumpla con la sanción correspondiente. Para los reincidentes, la iniciativa propone reducir la vigencia de la licencia de conducir a cinco años, en lugar de los diez años previstos actualmente para quienes no registran antecedentes.
La propuesta deberá ahora iniciar su tratamiento legislativo en la Legislatura de Mendoza antes de una eventual aprobación.
La senadora mendocina de La Libertad Avanza, Macarena D’Ambrogio, presentó un proyecto para incorporar controles toxicológicos obligatorios en operativos viales y endurecer las sanciones para quienes conduzcan bajo los efectos de sustancias psicoactivas. La iniciativa también modifica la Ley de Tránsito y el Código Contravencional con nuevas multas, inhabilitaciones y criterios para aplicar los narcotest.
En Mendoza ya no alcanzaría con soplar. La propuesta ahora es que algunos conductores también deban someterse a un narcotest. La diferencia es que esta vez el debate no pasa solamente por cuánto se multa, sino por cómo se decide quién tiene que hacerse el control y bajo qué criterios.
Durante años la discusión vial giró alrededor del alcohol. Ahora el foco empieza a moverse hacia las sustancias psicoactivas. El problema aparece cuando la prevención necesita convivir con las garantías. Porque un control efectivo sirve poco si depende del humor del inspector de turno. Y un protocolo sin controles también termina siendo apenas un folleto.
El proyecto intenta resolver esa tensión. Los agentes no podrían ordenar un narcotest simplemente porque alguien les «pareció sospechoso». Antes deberían constatar indicadores objetivos de alteración psicofísica, como dificultades para hablar, alteraciones motrices o signos visibles compatibles con el consumo de sustancias. La idea es que el criterio no viaje en el asiento del acompañante.
Después llega la parte que siempre consigue titulares: las multas. La iniciativa propone sanciones que podrían superar los $5,5 millones, inhabilitaciones para conducir, retención del vehículo y hasta arrestos en determinados casos. Además, rechazar el narcotest tendría las mismas consecuencias administrativas que dar positivo. A veces el «prefiero no responder» también responde.
El proyecto establece diferencias según el tipo de sustancia detectada y contempla escalas distintas de sanción. También elimina la posibilidad de reemplazar las penas por trabajo comunitario y obliga a realizar cursos de capacitación sobre conducción responsable. Porque la idea no es solo castigar, sino intentar que la próxima infracción no exista.
Por ahora se trata de una iniciativa legislativa que deberá atravesar el debate parlamentario. Como ocurre con casi todos los proyectos vinculados al tránsito, la discusión volverá a girar sobre el mismo eje: hasta dónde puede avanzar el Estado para prevenir accidentes sin vulnerar derechos individuales.
En la Argentina las leyes de tránsito cambian seguido. Lo difícil sigue siendo que cambie la costumbre de creer que el problema siempre maneja el auto de adelante.