El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, defendió la desregulación del mercado yerbatero y sostuvo que el sector atraviesa una etapa de “recuperación” a partir de la aplicación del DNU 70/23. La posición del Gobierno nacional quedó plasmada en las respuestas escritas enviadas a la Cámara de Diputados en el marco del Informe de Gestión 145.
Las consultas de distintos bloques opositores apuntaron a la situación de los productores de yerba mate, la caída del precio de la hoja verde, el endeudamiento industrial y el impacto de la eliminación de facultades regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate. Sin embargo, la respuesta oficial rechazó que exista una crisis estructural en el sector.
El Gobierno defendió la desregulación
En una de las respuestas, el Ejecutivo reivindicó la aplicación del DNU 70/23 y remarcó que la quita de atribuciones al INYM permitió “flexibilizar la comercialización”. Según el planteo oficial, la eliminación de precios mínimos y de mecanismos de control como la “Hoja de Ruta” y los “Libros de Stock” posibilitó “la libre competencia y la negociación directa entre productores e industria”.
Además, el Gobierno consideró que los antiguos cupos de plantación “limitaban la expansión de productores eficientes” y defendió el nuevo esquema de mercado abierto impulsado por la administración de Javier Milei. En esa línea, insistió en que el modelo anterior estaba basado en “intervencionismo estatal” y contrapuso la actual política de “competitividad global”.
El contrapunto por el precio de la hoja verde
Las respuestas oficiales llegaron luego de preguntas formuladas por legisladores que advirtieron sobre el derrumbe de los valores pagados por la hoja verde. En ese contexto, se mencionó que productores reciben actualmente entre 180 y 240 pesos por kilo, por debajo de los costos estimados de producción, calculados en más de 500 pesos.
Pese a esos cuestionamientos, el Gobierno aseguró que “el sector ha ingresado en una fase de sinceramiento y recuperación”. Como argumento central, sostuvo que el consumo interno de yerba mate mostró un crecimiento interanual del 3,11% durante 2025, hasta alcanzar las 266.834 toneladas.
La Secretaría de Agricultura también afirmó que “el sector ha alcanzado los mejores indicadores comerciales de su historia reciente” y remarcó que la Argentina logró superar a Brasil y consolidarse como el principal exportador mundial de yerba mate. Según los datos citados en el informe, las exportaciones llegaron a 60.085 toneladas en 2025, con un incremento del 31,4% respecto del año anterior.
Stocks, exportaciones y tensión en la cadena
Otro de los ejes utilizados por el Gobierno para rechazar la idea de una crisis fue la utilización de los stocks acumulados. Según el informe, la desregulación permitió que la industria dejara de producir “solo para stockearse bajo precios artificiales” y comenzara a movilizar ese excedente hacia el mercado interno y las exportaciones.
El Ejecutivo también rechazó la necesidad de intervenir para fijar precios de la hoja verde y sostuvo que “la no intervención ha permitido alcanzar indicadores récord que el modelo regulado nunca logró”. Para la administración nacional, la recuperación del sector está vinculada al nuevo esquema de mercado, al ordenamiento macroeconómico y a una mayor orientación exportadora.
La postura oficial contrasta con las advertencias realizadas por productores de Misiones y Corrientes, que denuncian una fuerte caída en la rentabilidad y valores de la materia prima por debajo de los costos. Así, la discusión por la yerba que consumen millones de argentinos volvió a quedar atravesada por una pregunta central: quién gana y quién pierde en la cadena productiva después de la desregulación.
<p>Manuel Adorni defendió ante Diputados la desregulación del mercado yerbatero y sostuvo que el sector atraviesa una etapa de “recuperación” tras el DNU 70/23. El Gobierno aseguró que aumentaron el consumo interno y las exportaciones, mientras productores advierten por precios de la hoja verde por debajo de los costos de producción. :contentReference[oaicite:0]{index=0}</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La yerba mate, esa sustancia nacional que permite que millones de argentinos funcionen antes de hablar con otro ser humano, volvió a quedar en el centro de una discusión económica. Esta vez, el Gobierno nacional salió a defender la desregulación del mercado yerbatero con la firmeza de quien mira una ronda de mate y ve, no una costumbre popular, sino una cadena de valor pidiendo a gritos menos Estado y más planilla de Excel.
Manuel Adorni sostuvo que el sector atraviesa una etapa de “recuperación” gracias al DNU 70/23, mientras del otro lado productores de Misiones y Corrientes advierten que la hoja verde se paga entre 180 y 240 pesos por kilo, bastante lejos de los costos estimados en más de 500 pesos. Es decir: para el Gobierno, la yerba está entrando en una fase de sinceramiento; para el productor, el sinceramiento parece consistir en descubrir que cada kilo vendido viene con una clase intensiva de resignación económica.
La respuesta oficial reivindicó la eliminación de precios mínimos, de controles como la “Hoja de Ruta” y los “Libros de Stock”, y celebró la “libre competencia y la negociación directa entre productores e industria”. En términos de sobremesa, sería algo así como sentar a un pequeño colono frente a un molino gigante y decirles: arreglen tranquilos, acá no se mete nadie. Una escena tan equilibrada como discutir el precio del asado con el frigorífico, la parrilla prendida y todos los invitados mirando el reloj.
El Gobierno eligió mostrar los números grandes: más consumo interno, récord de exportaciones y Argentina por encima de Brasil como principal exportador mundial de yerba mate. Del lado oficial, el mate sale al mundo con capa de superhéroe. Del lado del productor primario, la capa parece una bolsa vacía de arpillera. Y en el medio queda el consumidor, ese argentino que solo quería cebar unos mates y terminó atrapado entre el INYM, el DNU, la macroeconomía y una discusión sobre competitividad global que no entra ni en el termo.
La frase “el sector ha alcanzado los mejores indicadores comerciales de su historia reciente” suena impecable en un informe, casi con aroma a PowerPoint recién exportado. Pero la pregunta que sobrevuela el yerbal es menos elegante y bastante más concreta: si todo está tan bien, ¿por qué tantos productores dicen que no les cierran los números? Como suele ocurrir en la Argentina, la respuesta depende del lado de la bombilla desde donde se mire. Toma mate dijo Adorni…
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, defendió la desregulación del mercado yerbatero y sostuvo que el sector atraviesa una etapa de “recuperación” a partir de la aplicación del DNU 70/23. La posición del Gobierno nacional quedó plasmada en las respuestas escritas enviadas a la Cámara de Diputados en el marco del Informe de Gestión 145.
Las consultas de distintos bloques opositores apuntaron a la situación de los productores de yerba mate, la caída del precio de la hoja verde, el endeudamiento industrial y el impacto de la eliminación de facultades regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate. Sin embargo, la respuesta oficial rechazó que exista una crisis estructural en el sector.
El Gobierno defendió la desregulación
En una de las respuestas, el Ejecutivo reivindicó la aplicación del DNU 70/23 y remarcó que la quita de atribuciones al INYM permitió “flexibilizar la comercialización”. Según el planteo oficial, la eliminación de precios mínimos y de mecanismos de control como la “Hoja de Ruta” y los “Libros de Stock” posibilitó “la libre competencia y la negociación directa entre productores e industria”.
Además, el Gobierno consideró que los antiguos cupos de plantación “limitaban la expansión de productores eficientes” y defendió el nuevo esquema de mercado abierto impulsado por la administración de Javier Milei. En esa línea, insistió en que el modelo anterior estaba basado en “intervencionismo estatal” y contrapuso la actual política de “competitividad global”.
El contrapunto por el precio de la hoja verde
Las respuestas oficiales llegaron luego de preguntas formuladas por legisladores que advirtieron sobre el derrumbe de los valores pagados por la hoja verde. En ese contexto, se mencionó que productores reciben actualmente entre 180 y 240 pesos por kilo, por debajo de los costos estimados de producción, calculados en más de 500 pesos.
Pese a esos cuestionamientos, el Gobierno aseguró que “el sector ha ingresado en una fase de sinceramiento y recuperación”. Como argumento central, sostuvo que el consumo interno de yerba mate mostró un crecimiento interanual del 3,11% durante 2025, hasta alcanzar las 266.834 toneladas.
La Secretaría de Agricultura también afirmó que “el sector ha alcanzado los mejores indicadores comerciales de su historia reciente” y remarcó que la Argentina logró superar a Brasil y consolidarse como el principal exportador mundial de yerba mate. Según los datos citados en el informe, las exportaciones llegaron a 60.085 toneladas en 2025, con un incremento del 31,4% respecto del año anterior.
Stocks, exportaciones y tensión en la cadena
Otro de los ejes utilizados por el Gobierno para rechazar la idea de una crisis fue la utilización de los stocks acumulados. Según el informe, la desregulación permitió que la industria dejara de producir “solo para stockearse bajo precios artificiales” y comenzara a movilizar ese excedente hacia el mercado interno y las exportaciones.
El Ejecutivo también rechazó la necesidad de intervenir para fijar precios de la hoja verde y sostuvo que “la no intervención ha permitido alcanzar indicadores récord que el modelo regulado nunca logró”. Para la administración nacional, la recuperación del sector está vinculada al nuevo esquema de mercado, al ordenamiento macroeconómico y a una mayor orientación exportadora.
La postura oficial contrasta con las advertencias realizadas por productores de Misiones y Corrientes, que denuncian una fuerte caída en la rentabilidad y valores de la materia prima por debajo de los costos. Así, la discusión por la yerba que consumen millones de argentinos volvió a quedar atravesada por una pregunta central: quién gana y quién pierde en la cadena productiva después de la desregulación.
La yerba mate, esa sustancia nacional que permite que millones de argentinos funcionen antes de hablar con otro ser humano, volvió a quedar en el centro de una discusión económica. Esta vez, el Gobierno nacional salió a defender la desregulación del mercado yerbatero con la firmeza de quien mira una ronda de mate y ve, no una costumbre popular, sino una cadena de valor pidiendo a gritos menos Estado y más planilla de Excel.
Manuel Adorni sostuvo que el sector atraviesa una etapa de “recuperación” gracias al DNU 70/23, mientras del otro lado productores de Misiones y Corrientes advierten que la hoja verde se paga entre 180 y 240 pesos por kilo, bastante lejos de los costos estimados en más de 500 pesos. Es decir: para el Gobierno, la yerba está entrando en una fase de sinceramiento; para el productor, el sinceramiento parece consistir en descubrir que cada kilo vendido viene con una clase intensiva de resignación económica.
La respuesta oficial reivindicó la eliminación de precios mínimos, de controles como la “Hoja de Ruta” y los “Libros de Stock”, y celebró la “libre competencia y la negociación directa entre productores e industria”. En términos de sobremesa, sería algo así como sentar a un pequeño colono frente a un molino gigante y decirles: arreglen tranquilos, acá no se mete nadie. Una escena tan equilibrada como discutir el precio del asado con el frigorífico, la parrilla prendida y todos los invitados mirando el reloj.
El Gobierno eligió mostrar los números grandes: más consumo interno, récord de exportaciones y Argentina por encima de Brasil como principal exportador mundial de yerba mate. Del lado oficial, el mate sale al mundo con capa de superhéroe. Del lado del productor primario, la capa parece una bolsa vacía de arpillera. Y en el medio queda el consumidor, ese argentino que solo quería cebar unos mates y terminó atrapado entre el INYM, el DNU, la macroeconomía y una discusión sobre competitividad global que no entra ni en el termo.
La frase “el sector ha alcanzado los mejores indicadores comerciales de su historia reciente” suena impecable en un informe, casi con aroma a PowerPoint recién exportado. Pero la pregunta que sobrevuela el yerbal es menos elegante y bastante más concreta: si todo está tan bien, ¿por qué tantos productores dicen que no les cierran los números? Como suele ocurrir en la Argentina, la respuesta depende del lado de la bombilla desde donde se mire. Toma mate dijo Adorni…