En un fuerte gesto político y militar, el presidente Javier Milei participó de una actividad conjunta a bordo del portaaviones USS Nimitz de Estados Unidos, en el marco de los ejercicios navales Passex 2026 desarrollados en el Atlántico Sur. La visita se realizó el 30 de abril y contó con la presencia de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, además de autoridades nacionales, militares y diplomáticas.
Según informó Presidencia, el mandatario aterrizó en la cubierta del buque desde un Grumman C-2 Greyhound estadounidense. La actividad incluyó una demostración aérea de aviones F/A-18 Hornet y helicópteros MH-60 Seahawk, en una jornada presentada oficialmente como parte del fortalecimiento del adiestramiento combinado entre ambas armadas.
Passex 2026 y “Daga Atlántica”
El ejercicio Passex 2026 fue autorizado mediante el Decreto 264/2026, publicado el 17 de abril en el Boletín Oficial. La norma habilitó el despliegue de medios y personal de fuerzas nacionales para la ejecución del ejercicio en la Zona Económica Exclusiva argentina entre el 26 y el 30 de abril.
El mismo decreto también autorizó el ingreso de medios y personal de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para participar del ejercicio “Daga Atlántica”, previsto entre el 21 de abril y el 12 de junio de 2026 en la Base Naval Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada Aérea de Moreno, provincia de Buenos Aires.
La Armada Argentina informó que unidades de superficie y aeronavales participaron durante tres días junto al USS Nimitz y el destructor USS Gridley. Entre las actividades se incluyeron maniobras de comunicaciones, evoluciones tácticas, formaciones de navegación compleja, ejercicios de defensa aérea y operaciones con aeronaves.
El DNU y el debate institucional
El Decreto 264/2026 invocó la “naturaleza excepcional” de la situación para justificar la imposibilidad de seguir los trámites ordinarios previstos en la Constitución para la sanción de leyes. Además, dispuso que se dé cuenta a la Comisión Bicameral Permanente del Congreso.
Ese mecanismo abrió cuestionamientos políticos por la autorización de ejercicios militares sin una ley previa aprobada por el Congreso. En paralelo, el Gobierno defendió la medida como una oportunidad para mejorar la interoperabilidad, actualizar procedimientos y afianzar la confianza con un socio estratégico.
¿Hay bases de Estados Unidos en Argentina?
A diferencia de otros países de la región, Estados Unidos no cuenta en Argentina con bases militares propias bajo soberanía estadounidense. Sin embargo, existen puntos de cooperación e infraestructura que generan debate público, especialmente por su ubicación estratégica y por el rol del Comando Sur.
Uno de los casos señalados por sectores críticos es el Centro de Operaciones de Emergencia en Neuquén, presentado oficialmente como una instalación vinculada a asistencia humanitaria y defensa civil. Sus detractores lo describen como una base encubierta por su cercanía con Vaca Muerta y por el financiamiento asociado a Estados Unidos.
Otro punto sensible es la cooperación técnica con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos en la gestión de puertos y vías navegables. La información oficial argentina indicó que el convenio apunta a capacitaciones, mantenimiento de la navegación, gestión portuaria, equilibrio ambiental y desarrollo de infraestructura.
Ushuaia, Antártida y la pulseada con China
El proyecto de una Base Naval Integrada en Ushuaia volvió a ocupar un lugar central dentro de la agenda estratégica. El Gobierno busca acelerar una infraestructura considerada clave para el acceso logístico a la Antártida y para reforzar la presencia argentina en el Atlántico Sur.
Según reportes periodísticos, el proyecto contempla convertir a Ushuaia en un centro logístico de proyección antártica, en un contexto de creciente competencia entre Estados Unidos y China por áreas sensibles del hemisferio sur. La iniciativa también fue leída como un contrapeso a la estación espacial china instalada en Neuquén y a los intereses logísticos de Beijing en la región.
“Ushuaia es la puerta de entrada a la Antártida y el punto donde Argentina recupera su rol como centinela del Atlántico Sur junto a nuestros aliados naturales”, declaró el Presidente durante una visita a la provincia, según el material difundido.
Malvinas y la nueva arquitectura de seguridad
La visita al USS Nimitz también se produjo en medio de renovadas tensiones diplomáticas por la cuestión Malvinas. Argentina volvió a reclamar la apertura de negociaciones con el Reino Unido, mientras trascendió un correo del Pentágono que mencionaba una eventual revisión de la postura estadounidense sobre territorios británicos de ultramar, aunque Washington luego ratificó su neutralidad respecto de los reclamos de soberanía.
En los últimos meses circularon análisis y versiones sobre el impacto que podría tener el alineamiento argentino con Estados Unidos en la discusión por las islas. Sin embargo, no hay una confirmación oficial sobre una base tripartita entre Argentina, Estados Unidos y el Reino Unido en Malvinas; por ahora, ese escenario permanece en el terreno de la especulación política y geopolítica.
El fortalecimiento del vínculo militar con Washington sitúa al gobierno de Milei en una posición de alineamiento cada vez más explícito con la estrategia de seguridad estadounidense. Para la Casa Rosada, se trata de cooperación, modernización e inserción internacional. Para la oposición y especialistas críticos, el proceso obliga a discutir límites institucionales, soberanía nacional y el rol argentino en el Atlántico Sur.
<p>El presidente Javier Milei visitó el portaaviones USS Nimitz en el Atlántico Sur, en el marco del ejercicio Passex 2026 entre la Armada Argentina y la Marina de Estados Unidos. La actividad, autorizada por el Decreto 264/2026, se inscribe en una agenda de cooperación militar con Washington que también incluye el operativo “Daga Atlántica” y reavivó el debate por la soberanía y la presencia estratégica estadounidense.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Javier Milei aterrizó en el USS Nimitz y la política exterior argentina tuvo una de esas postales que no necesitan demasiado subtítulo: un presidente argentino sobre la cubierta de un portaaviones estadounidense, con el Atlántico Sur abajo y la discusión por la soberanía haciendo ruido como motor de avión militar. La escena fue tan simbólica que, si la geopolítica tuviera community manager, ya estaría subiendo el video con música épica, bandera, humo y una frase sobre “la nueva era” escrita en mayúsculas innecesarias.
El ejercicio Passex 2026 apareció como entrenamiento combinado, interoperabilidad y confianza mutua entre armadas, palabras que en el lenguaje diplomático suenan impecables y en la política local se traducen rápidamente en una pelea a cielo abierto entre quienes ven una alianza estratégica y quienes huelen cesión de soberanía antes de terminar el primer café. En el medio, el USS Nimitz puso la escenografía: un portaaviones que no llega precisamente con la discreción de una lancha de pesca, sino con la sutileza de un edificio flotante capaz de convertir cualquier visita oficial en tráiler de superproducción.
La autorización por DNU le agregó al episodio ese condimento nacional infaltable: el debate institucional. Porque en la Argentina nada puede ser solo un ejercicio militar; también debe ser una clase acelerada de derecho constitucional, una discusión sobre el Congreso, una sospecha geopolítica y, si queda espacio, una mesa de panelistas explicando el Atlántico Sur con mapas que parecen hechos por alguien que odia la escala.
El operativo “Daga Atlántica” sumó otro capítulo, con fuerzas especiales estadounidenses en puntos de entrenamiento argentino. El nombre, convengamos, no ayuda a bajar la temperatura: podría ser un ejercicio militar, una película de acción de los años 90 o una banda de heavy metal de zona portuaria. Todo mientras Washington mira el Atlántico Sur, China aparece como fantasma estratégico permanente y Ushuaia vuelve a ocupar el lugar de puerta antártica, tablero global y ciudad donde hasta el viento parece discutir doctrina de defensa.
La Casa Rosada presenta el acercamiento como cooperación, entrenamiento y modernización. La oposición y sectores críticos lo leen como una señal de alerta sobre la soberanía nacional. En el fondo, la foto de Milei en el Nimitz funcionó como esas imágenes que ordenan una época: unos ven un aliado poderoso; otros, una alarma encendida. Y el portaaviones, indiferente al debate argentino, siguió navegando como si nada, probablemente sin imaginar que acababa de entrar en la trituradora política más eficiente del hemisferio.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En un fuerte gesto político y militar, el presidente Javier Milei participó de una actividad conjunta a bordo del portaaviones USS Nimitz de Estados Unidos, en el marco de los ejercicios navales Passex 2026 desarrollados en el Atlántico Sur. La visita se realizó el 30 de abril y contó con la presencia de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, además de autoridades nacionales, militares y diplomáticas.
Según informó Presidencia, el mandatario aterrizó en la cubierta del buque desde un Grumman C-2 Greyhound estadounidense. La actividad incluyó una demostración aérea de aviones F/A-18 Hornet y helicópteros MH-60 Seahawk, en una jornada presentada oficialmente como parte del fortalecimiento del adiestramiento combinado entre ambas armadas.
Passex 2026 y “Daga Atlántica”
El ejercicio Passex 2026 fue autorizado mediante el Decreto 264/2026, publicado el 17 de abril en el Boletín Oficial. La norma habilitó el despliegue de medios y personal de fuerzas nacionales para la ejecución del ejercicio en la Zona Económica Exclusiva argentina entre el 26 y el 30 de abril.
El mismo decreto también autorizó el ingreso de medios y personal de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para participar del ejercicio “Daga Atlántica”, previsto entre el 21 de abril y el 12 de junio de 2026 en la Base Naval Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada Aérea de Moreno, provincia de Buenos Aires.
La Armada Argentina informó que unidades de superficie y aeronavales participaron durante tres días junto al USS Nimitz y el destructor USS Gridley. Entre las actividades se incluyeron maniobras de comunicaciones, evoluciones tácticas, formaciones de navegación compleja, ejercicios de defensa aérea y operaciones con aeronaves.
El DNU y el debate institucional
El Decreto 264/2026 invocó la “naturaleza excepcional” de la situación para justificar la imposibilidad de seguir los trámites ordinarios previstos en la Constitución para la sanción de leyes. Además, dispuso que se dé cuenta a la Comisión Bicameral Permanente del Congreso.
Ese mecanismo abrió cuestionamientos políticos por la autorización de ejercicios militares sin una ley previa aprobada por el Congreso. En paralelo, el Gobierno defendió la medida como una oportunidad para mejorar la interoperabilidad, actualizar procedimientos y afianzar la confianza con un socio estratégico.
¿Hay bases de Estados Unidos en Argentina?
A diferencia de otros países de la región, Estados Unidos no cuenta en Argentina con bases militares propias bajo soberanía estadounidense. Sin embargo, existen puntos de cooperación e infraestructura que generan debate público, especialmente por su ubicación estratégica y por el rol del Comando Sur.
Uno de los casos señalados por sectores críticos es el Centro de Operaciones de Emergencia en Neuquén, presentado oficialmente como una instalación vinculada a asistencia humanitaria y defensa civil. Sus detractores lo describen como una base encubierta por su cercanía con Vaca Muerta y por el financiamiento asociado a Estados Unidos.
Otro punto sensible es la cooperación técnica con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos en la gestión de puertos y vías navegables. La información oficial argentina indicó que el convenio apunta a capacitaciones, mantenimiento de la navegación, gestión portuaria, equilibrio ambiental y desarrollo de infraestructura.
Ushuaia, Antártida y la pulseada con China
El proyecto de una Base Naval Integrada en Ushuaia volvió a ocupar un lugar central dentro de la agenda estratégica. El Gobierno busca acelerar una infraestructura considerada clave para el acceso logístico a la Antártida y para reforzar la presencia argentina en el Atlántico Sur.
Según reportes periodísticos, el proyecto contempla convertir a Ushuaia en un centro logístico de proyección antártica, en un contexto de creciente competencia entre Estados Unidos y China por áreas sensibles del hemisferio sur. La iniciativa también fue leída como un contrapeso a la estación espacial china instalada en Neuquén y a los intereses logísticos de Beijing en la región.
“Ushuaia es la puerta de entrada a la Antártida y el punto donde Argentina recupera su rol como centinela del Atlántico Sur junto a nuestros aliados naturales”, declaró el Presidente durante una visita a la provincia, según el material difundido.
Malvinas y la nueva arquitectura de seguridad
La visita al USS Nimitz también se produjo en medio de renovadas tensiones diplomáticas por la cuestión Malvinas. Argentina volvió a reclamar la apertura de negociaciones con el Reino Unido, mientras trascendió un correo del Pentágono que mencionaba una eventual revisión de la postura estadounidense sobre territorios británicos de ultramar, aunque Washington luego ratificó su neutralidad respecto de los reclamos de soberanía.
En los últimos meses circularon análisis y versiones sobre el impacto que podría tener el alineamiento argentino con Estados Unidos en la discusión por las islas. Sin embargo, no hay una confirmación oficial sobre una base tripartita entre Argentina, Estados Unidos y el Reino Unido en Malvinas; por ahora, ese escenario permanece en el terreno de la especulación política y geopolítica.
El fortalecimiento del vínculo militar con Washington sitúa al gobierno de Milei en una posición de alineamiento cada vez más explícito con la estrategia de seguridad estadounidense. Para la Casa Rosada, se trata de cooperación, modernización e inserción internacional. Para la oposición y especialistas críticos, el proceso obliga a discutir límites institucionales, soberanía nacional y el rol argentino en el Atlántico Sur.
Javier Milei aterrizó en el USS Nimitz y la política exterior argentina tuvo una de esas postales que no necesitan demasiado subtítulo: un presidente argentino sobre la cubierta de un portaaviones estadounidense, con el Atlántico Sur abajo y la discusión por la soberanía haciendo ruido como motor de avión militar. La escena fue tan simbólica que, si la geopolítica tuviera community manager, ya estaría subiendo el video con música épica, bandera, humo y una frase sobre “la nueva era” escrita en mayúsculas innecesarias.
El ejercicio Passex 2026 apareció como entrenamiento combinado, interoperabilidad y confianza mutua entre armadas, palabras que en el lenguaje diplomático suenan impecables y en la política local se traducen rápidamente en una pelea a cielo abierto entre quienes ven una alianza estratégica y quienes huelen cesión de soberanía antes de terminar el primer café. En el medio, el USS Nimitz puso la escenografía: un portaaviones que no llega precisamente con la discreción de una lancha de pesca, sino con la sutileza de un edificio flotante capaz de convertir cualquier visita oficial en tráiler de superproducción.
La autorización por DNU le agregó al episodio ese condimento nacional infaltable: el debate institucional. Porque en la Argentina nada puede ser solo un ejercicio militar; también debe ser una clase acelerada de derecho constitucional, una discusión sobre el Congreso, una sospecha geopolítica y, si queda espacio, una mesa de panelistas explicando el Atlántico Sur con mapas que parecen hechos por alguien que odia la escala.
El operativo “Daga Atlántica” sumó otro capítulo, con fuerzas especiales estadounidenses en puntos de entrenamiento argentino. El nombre, convengamos, no ayuda a bajar la temperatura: podría ser un ejercicio militar, una película de acción de los años 90 o una banda de heavy metal de zona portuaria. Todo mientras Washington mira el Atlántico Sur, China aparece como fantasma estratégico permanente y Ushuaia vuelve a ocupar el lugar de puerta antártica, tablero global y ciudad donde hasta el viento parece discutir doctrina de defensa.
La Casa Rosada presenta el acercamiento como cooperación, entrenamiento y modernización. La oposición y sectores críticos lo leen como una señal de alerta sobre la soberanía nacional. En el fondo, la foto de Milei en el Nimitz funcionó como esas imágenes que ordenan una época: unos ven un aliado poderoso; otros, una alarma encendida. Y el portaaviones, indiferente al debate argentino, siguió navegando como si nada, probablemente sin imaginar que acababa de entrar en la trituradora política más eficiente del hemisferio.