China presentó una protesta ante el Gobierno de Javier Milei por declaraciones del funcionario argentino Parisini, a quien acusó de difundir información falsa para «difamar al Partido Comunista de China y dañar la imagen internacional del país».
«Un funcionario argentino, impulsado por prejuicios ideológicos, difunde maliciosamente información falsa para difamar al Partido Comunista de China y dañar la imagen internacional del país», afirmó la representación diplomática china en un comunicado.
La reacción se produjo después de una publicación de Parisini en redes sociales, en la que sostuvo que «el fracaso de la actividad industrial organizada por el Estado» en China habría provocado «el mayor colapso de una estructura de ingeniería civil que se recuerde», al referirse a las inundaciones que dejaron cerca de 1000 muertos en Nepal.
El funcionario argentino amplió sus críticas al señalar que el desastre se sumaba a otras grandes tragedias humanitarias que, a su juicio, fueron provocadas por la gestión estatal de la actividad industrial bajo gobiernos comunistas. Entre ellas mencionó el accidente nuclear de Chernobyl, el desastre ambiental del mar de Aral, el Gran Salto Adelante y el Holodomor.
Parisini cerró su publicación con las consignas «el comunismo mata» y «el Partido Comunista, vestido en el rol de ‘empleador’, mata».
La respuesta de la Embajada china
La Embajada china rechazó esas afirmaciones y aseguró que expertos de Nepal y China identificaron el colapso de un glaciar en territorio nepalí como la causa de la inundación, y no una falla vinculada con la actividad industrial china.
La representación diplomática instó además al funcionario argentino a «cambiar su actitud para evitar perjudicar las relaciones y la cooperación entre China y Argentina».
El cruce se produce en un momento de estrechos vínculos económicos entre Buenos Aires y Pekín, pese a las diferencias ideológicas entre el gobierno de Milei y las autoridades chinas.
Una relación económica que continúa
China es uno de los principales socios comerciales de Argentina, tanto como destino de sus exportaciones como fuente de importaciones.
Además, ambos países mantienen un acuerdo de intercambio de monedas por unos 19.000 millones de US$, recientemente renovado durante la administración de Milei, que constituye un componente relevante de las reservas internacionales argentinas.
El episodio agrega así un nuevo foco de tensión diplomática a la relación bilateral, en momentos en que el Gobierno argentino busca mantener los vínculos comerciales y financieros con China al tiempo que profundiza su alineamiento político con EE.UU.
China presentó una protesta ante el Gobierno de Javier Milei por declaraciones del funcionario argentino Parisini, quien atribuyó a la gestión estatal y al comunismo responsabilidad por diversas tragedias, incluida una inundación en Nepal. La Embajada china rechazó sus afirmaciones, sostuvo que el desastre fue provocado por el colapso de un glaciar y pidió evitar daños a la relación bilateral.
China tuvo que salir a explicarle al Gobierno argentino que un glaciar no es una fábrica estatal china. La protesta diplomática llegó después de que el funcionario Parisini vinculara una inundación en Nepal con el «fracaso de la actividad industrial organizada por el Estado» en China.
La discusión ya venía con el combo completo: Chernobyl, el mar de Aral, el Gran Salto Adelante, el Holodomor y, como si faltara una última casilla para completar el cartón, Nepal. La teoría de Parisini armó una línea recta entre tragedias históricas y comunismo con la misma precisión con la que un grupo de WhatsApp familiar explica la economía mundial después de tres audios.
La Embajada china respondió que expertos de Nepal y China identificaron el colapso de un glaciar en territorio nepalí como causa de la inundación. También acusó al funcionario argentino de difundir información falsa por «prejuicios ideológicos» y le pidió cambiar su actitud para no perjudicar las relaciones y la cooperación entre ambos países.
El detalle incómodo es que China y Argentina mantienen vínculos económicos bastante menos ideológicos que las publicaciones políticas de sus funcionarios. Pekín es uno de los principales socios comerciales del país y ambos gobiernos sostienen un acuerdo de intercambio de monedas por unos 19.000 millones de US$, renovado durante la administración de Milei.
Así quedó la diplomacia: mientras un glaciar termina en una discusión sobre comunismo, el swap sigue haciendo su trabajo en las reservas. La geopolítica también tiene días de trámite administrativo.