El presidente Javier Milei anunció este jueves por la noche una serie de medidas vinculadas con la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y adoptó uno de sus discursos más contundentes desde que asumió la Presidencia respecto del reclamo territorial sobre el archipiélago.
Durante una cadena nacional y rodeado por integrantes de su gabinete, el mandatario colocó la causa Malvinas en el centro de su mensaje y endureció considerablemente su posición frente al Reino Unido.
El discurso representó un cambio de tono respecto de anteriores intervenciones de Milei sobre la cuestión, marcadas por controversias relacionadas con la autodeterminación de los habitantes de las islas y por sus consideraciones sobre la ex primera ministra británica Margaret Thatcher.
Milei endureció su posición sobre los isleños y el Reino Unido
En esta oportunidad, Milei rechazó de manera directa el argumento británico sobre la autodeterminación de los habitantes del archipiélago y sostuvo que constituyen “una población implantada en un territorio usurpado”.
El Presidente también dirigió críticas hacia el Reino Unido, al que caracterizó como una nación “en declive” que mantiene ocupado el territorio reclamado por la Argentina.
“Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho. No hay discusión al respecto”, enfatizó Milei durante la cadena nacional.
La definición formó parte de un discurso de marcado contenido soberanista con el que el jefe de Estado buscó reafirmar la posición argentina sobre el archipiélago y acompañar las nuevas medidas anunciadas por su administración.
Una frase que también marcó el Mundial
La consigna utilizada por Milei adquirió además una particular dimensión política después de haber ocupado un lugar central durante el último Mundial, tras el triunfo de la Selección argentina frente a Inglaterra.
Después de aquel encuentro, los futbolistas argentinos desplegaron una bandera con una referencia directa al reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, una imagen que tuvo repercusión internacional.
El episodio se produjo después de una controversia por las restricciones impuestas para el ingreso de hinchas con banderas y prendas alusivas a las Malvinas durante el partido contra Inglaterra, una decisión que había generado cuestionamientos políticos en la Argentina.
Ahora, la frase reapareció en boca del propio Presidente como parte de una estrategia discursiva mucho más contundente sobre la cuestión Malvinas.
El mensaje de Milei marca así una profundización del reclamo argentino de soberanía y un giro significativo en la forma en que el mandatario aborda públicamente uno de los principales conflictos históricos de la política exterior nacional.
El presidente Javier Milei endureció su discurso sobre las Islas Malvinas durante una cadena nacional emitida este jueves por la noche. Rodeado por su gabinete, anunció medidas vinculadas con la defensa de la soberanía, cuestionó al Reino Unido y rechazó el principio de autodeterminación de los isleños, en un marcado cambio de tono respecto de anteriores declaraciones sobre el conflicto.
Javier Milei ingresó a la cadena nacional con una cuestión que durante años convirtió cualquier reunión diplomática entre Argentina y Reino Unido en una ceremonia donde todos sonríen mientras debajo de la mesa hay 193 años de conflicto territorial. Esta vez, el Presidente eligió subir varios niveles el termostato: Malvinas, soberanía, petróleo, una base naval y críticas directas a Londres. Una combinación suficientemente intensa como para que la Cancillería británica probablemente haya dejado el té a mitad de camino.
El cambio de tono fue considerable. Milei, cuya relación discursiva con la cuestión Malvinas había dejado episodios polémicos alrededor de Margaret Thatcher y la autodeterminación de los isleños, afirmó ahora que se trata de “una población implantada en un territorio usurpado” y describió al Reino Unido como una nación “en declive”. La diplomacia argentina pasó así de las sutilezas protocolares a ingresar en la conversación con la delicadeza de una fragata atravesando la puerta giratoria de una embajada.
Pero el momento de mayor potencia simbólica llegó con una frase difícil de separar del último Mundial: “Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho. No hay discusión al respecto”. Meses antes, esa misma consigna había terminado sobre el césped después del triunfo argentino frente a Inglaterra, después de una controversia por las restricciones a símbolos alusivos a Malvinas entre los hinchas. La política argentina posee estas extraordinarias capacidades narrativas: primero una bandera genera un problema diplomático y después su mensaje parece encontrar lugar en el discurso presidencial.
El resultado es una nueva versión de la política exterior libertaria en la que Thatcher sigue formando parte del archivo, pero Malvinas recuperó con fuerza el centro del escenario. Y como la historia argentina jamás desperdicia la oportunidad de agregar otra capa de complejidad, el giro ocurre mientras Londres mantiene su posición histórica sobre las islas. Dos países, dos relatos irreconciliables y un archipiélago que vuelve periódicamente a demostrar que en el Atlántico Sur las aguas pueden estar frías, pero la discusión política rara vez baja de temperatura.