En la Casa Rosada descartan que la reforma electoral haya quedado definitivamente bloqueada y mantienen el objetivo de llevar la discusión al recinto del Congreso antes de que finalice el año. El proyecto impulsado por el Poder Ejecutivo contempla, entre otros puntos, modificaciones al sistema electoral y la eliminación de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
Sin embargo, el principal obstáculo continúa siendo parlamentario: el oficialismo todavía necesita consolidar acuerdos suficientes para avanzar con una iniciativa que considera relevante dentro de su estrategia política rumbo a las elecciones presidenciales de 2027.
“Se dicen un millón de estupideces. No hay proyecto si no hay acuerdos políticos confiables y estables. Nadie va a abandonar una herramienta sin recibir garantías”, sostuvo una fuente de la mesa política oficialista.
Tres alternativas para modificar las PASO
El equipo político encabezado por Karina Milei, actual secretaria general de la Presidencia, analiza tres posibles escenarios para reducir el impacto de las elecciones primarias en el calendario de 2027.
La alternativa de máxima es eliminar definitivamente las PASO. Se trata del planteo incluido en el proyecto enviado al Senado, que busca suprimir las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, además de introducir otras modificaciones al sistema electoral.
La segunda posibilidad consiste en suspenderlas únicamente para 2027, replicando el mecanismo utilizado durante las elecciones legislativas de 2025.
La tercera opción, considerada de mínima, contempla establecer un mecanismo PAS: conservar las elecciones internas, pero eliminar el carácter obligatorio de la participación ciudadana y convertirlas en una instancia optativa para los votantes.
Santilli acelera las negociaciones con el PRO y las provincias
Ante las dificultades para reunir respaldos en el Congreso, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, intensificó las conversaciones políticas en distintos frentes. Santilli asumió formalmente la Jefatura de Gabinete el 30 de junio de 2026.
Uno de los ejes de negociación es el PRO. El Gobierno activó una mesa de coordinación quincenal para intentar reducir las diferencias con sectores del espacio encabezado por Mauricio Macri que mantienen reparos frente a una eventual eliminación definitiva de las primarias.
En paralelo, la Casa Rosada busca incorporar a los gobernadores provinciales a un acuerdo más amplio que permita conseguir los votos necesarios para avanzar con la reforma.
Dentro del oficialismo argumentan que el calendario vigente puede generar una saturación del electorado debido a la acumulación de jornadas de votación durante un mismo año electoral.
Recursos y proyectos provinciales entran en la negociación
Las conversaciones con las provincias no estarán limitadas exclusivamente al diseño institucional de las PASO. Cerca del Gobierno admiten que cualquier acuerdo político deberá contemplar también transferencias de recursos y el avance de proyectos regionales considerados relevantes por gobernadores y administraciones provinciales.
La estrategia apunta a construir garantías políticas suficientemente estables antes de llevar el proyecto al recinto y evitar un nuevo bloqueo legislativo.
Por ahora, la Casa Rosada mantiene abiertas las tres alternativas. La definición dependerá de los respaldos que el oficialismo consiga consolidar entre sus aliados, el PRO y los gobernadores antes de avanzar hacia una votación en el Congreso.
El Gobierno nacional mantiene su intención de llevar al Congreso la reforma electoral antes de fin de año, aunque reconoce dificultades para reunir los votos necesarios. La Casa Rosada evalúa tres alternativas para las PASO de 2027: eliminarlas definitivamente, suspenderlas durante ese turno electoral o convertirlas en un mecanismo optativo para los votantes.
La Casa Rosada asegura que la reforma electoral sigue viva, aunque por estas horas presenta algunos síntomas propios de todo proyecto que entra al Congreso argentino: respira, tiene pulso y necesita una cantidad considerable de llamados telefónicos para sobrevivir. El Gobierno quiere modificar el esquema de las PASO antes de 2027, pero el detalle incómodo continúa siendo el mismo que acompaña a casi todas las grandes transformaciones legislativas: hacen falta votos.
Sobre la mesa aparecen tres alternativas. La versión máxima consiste en eliminar definitivamente las primarias; la intermedia propone guardarlas en un cajón durante 2027; y la mínima pretende mantenerlas, pero sin obligar a los ciudadanos a participar. Es una especie de menú parlamentario donde el plato principal depende de cuántos comensales estén dispuestos a levantar la mano.
Mientras Karina Milei conduce el esquema político y Diego Santilli acelera negociaciones desde la Jefatura de Gabinete, el oficialismo intenta acercar posiciones con el PRO y los gobernadores. El objetivo es evitar que la discusión termine convertida en otro capítulo de esa tradicional producción nacional titulada “teníamos un proyecto hasta que contamos los votos”.
También entran en escena los recursos para las provincias, los proyectos regionales y las garantías políticas. Porque en la Argentina las reformas institucionales pueden comenzar hablando de calidad democrática y terminar inevitablemente revisando una planilla de transferencias presupuestarias. Montesquieu probablemente no lo imaginó así, pero tampoco tuvo que negociar con veinticuatro jurisdicciones y un bloque de aliados que pide leer la letra chica.
El Gobierno sostiene además que reducir las instancias electorales permitiría evitar la saturación de los votantes. La paradoja es elegante: para conseguir que los argentinos voten menos veces habrá que lograr que diputados, senadores, gobernadores y dirigentes partidarios discutan bastante más. La democracia, como ciertos electrodomésticos, aparentemente también necesita pasar varias veces por servicio técnico antes de simplificarse.