Una experiencia cotidiana fue el origen de Dillo AI, una plataforma creada por el programador cordobés Manuel Flores para facilitar la comunicación entre personas sordas y oyentes mediante inteligencia artificial. La herramienta traduce lengua de señas en tiempo real a texto o audio y también permite responder mediante un avatar tridimensional que reproduce las señas.
Flores, oriundo de Jesús María, comenzó a desarrollar la iniciativa tras conocer a una amiga sorda de su hija. La dificultad para mantener una conversación fluida evidenció una barrera de comunicación que terminó convirtiéndose en el motor del proyecto.
Una conversación en ambos sentidos
Dillo AI combina inteligencia artificial, visión computacional y análisis de contexto para interpretar no solo los movimientos de las manos, sino también expresiones faciales y corporales que forman parte de la lengua de señas.
El funcionamiento es simple para el usuario. La persona accede a la plataforma mediante un código QR o desde un sitio web, realiza las señas frente a la cámara y el sistema las transforma en texto o audio. La respuesta puede regresar por escrito, mediante voz o a través de un avatar 3D que utiliza lengua de señas.
La propuesta también fue pensada para que pueda integrarse en los sistemas de atención de empresas, hospitales, bancos, escuelas y organismos públicos, con el objetivo de facilitar la comunicación sin depender permanentemente de un intérprete.
El respaldo de Google y el desafío de crecer
El emprendimiento fue seleccionado para participar de Google for Startups Cloud, un programa que ofrece créditos para servicios en la nube, asistencia técnica y herramientas destinadas a fortalecer emprendimientos tecnológicos.
La incorporación al programa representa un respaldo importante para la evolución técnica de la plataforma, ya que le permite acceder a recursos para entrenar modelos de inteligencia artificial, procesar información y ampliar su capacidad operativa. Sin embargo, la selección no implica que Google haya adquirido la empresa ni garantiza su éxito comercial.
Dillo también fue reconocida como Startup del Año 2024 en Córdoba. Actualmente el proyecto cuenta con un equipo integrado por unas ocho personas y trabaja con el objetivo de expandirse hacia otros mercados.
Un desafío tecnológico y lingüístico
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 430 millones de personas requieren rehabilitación debido a una pérdida auditiva discapacitante. Además, existen numerosas lenguas de señas en el mundo, por lo que no hay un sistema universal que pueda aplicarse automáticamente en todos los países.
Esa diversidad convierte al desarrollo de este tipo de herramientas en un desafío complejo. La inteligencia artificial debe comprender expresiones, movimientos corporales, contexto y particularidades regionales para ofrecer traducciones precisas.
Por ese motivo, el desarrollo de Dillo AI contó con la participación de personas sordas y organizaciones vinculadas con la comunidad, buscando que el sistema respete las características propias de la lengua de señas y permita una comunicación más natural.
Innovación argentina con financiamiento limitado
Desde 2022, el emprendimiento participó en diferentes concursos y programas destinados a obtener apoyo económico. A pesar de los reconocimientos recibidos y del interés internacional, gran parte de los costos del proyecto continúa siendo afrontada por sus integrantes e inversores.
Mientras la plataforma continúa evolucionando y ampliando sus capacidades, el desafío ya no pasa únicamente por mejorar la inteligencia artificial, sino también por conseguir los recursos necesarios para sostener su crecimiento y llevar la tecnología a una mayor cantidad de usuarios.
Dillo AI, una plataforma desarrollada por el programador cordobés Manuel Flores, utiliza inteligencia artificial para traducir lengua de señas en tiempo real a texto o audio y responder mediante un avatar 3D. El proyecto fue seleccionado por Google for Startups Cloud y busca expandirse mientras enfrenta el desafío de conseguir financiamiento para continuar su desarrollo.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Durante años, la tecnología prometió cambiar el mundo. Primero iba a reemplazar al papel. Después al efectivo. Más tarde a los choferes, a los traductores, a los profesores y, si uno le prestaba atención a algunos gurúes de Silicon Valley, hasta al sentido común. En medio de esa lluvia de promesas apareció una inteligencia artificial argentina con una ambición bastante menos cinematográfica pero muchísimo más útil: lograr que dos personas puedan conversar sin que una barrera de comunicación les recuerde, cada cinco segundos, que el mundo todavía fue diseñado pensando en otros.
Porque mientras buena parte de la industria tecnológica compite por fabricar asistentes capaces de escribir poemas sobre tostadas con palta o generar imágenes de astronautas montando capibaras, hay proyectos que apuntan a resolver problemas bastante más terrenales. Hablar con un médico. Hacer un trámite. Abrir una cuenta bancaria. Preguntar una dirección. Situaciones tan comunes para la mayoría como complicadas para muchas personas sordas cuando no existe alguien que conozca la lengua de señas del otro lado.
La paradoja es que desarrollar una inteligencia artificial para traducir lengua de señas resulta muchísimo más complejo que enseñarle a un chatbot a redactar un correo elegante. Las manos son apenas una parte del idioma. También hablan el rostro, el cuerpo, la velocidad, el contexto y hasta los matices culturales. Traducir todo eso no consiste en hacer coincidir un gesto con una palabra, sino en comprender un lenguaje completo. En otras palabras, es bastante más difícil que entender algunos audios de WhatsApp enviados caminando por la calle.
Y como suele ocurrir con varios desarrollos tecnológicos nacidos en la Argentina, el reconocimiento llegó antes que el dinero. El proyecto fue premiado, llamó la atención de Google y consiguió respaldo para fortalecer su infraestructura tecnológica. Sin embargo, todavía debe resolver el desafío más universal de cualquier startup: pagar cuentas, sostener un equipo y conseguir inversión para seguir creciendo. La inteligencia artificial podrá interpretar miles de señas por segundo, pero todavía no aprendió el antiguo arte de hacer aparecer financiamiento con un chasquido de dedos.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Una experiencia cotidiana fue el origen de Dillo AI, una plataforma creada por el programador cordobés Manuel Flores para facilitar la comunicación entre personas sordas y oyentes mediante inteligencia artificial. La herramienta traduce lengua de señas en tiempo real a texto o audio y también permite responder mediante un avatar tridimensional que reproduce las señas.
Flores, oriundo de Jesús María, comenzó a desarrollar la iniciativa tras conocer a una amiga sorda de su hija. La dificultad para mantener una conversación fluida evidenció una barrera de comunicación que terminó convirtiéndose en el motor del proyecto.
Una conversación en ambos sentidos
Dillo AI combina inteligencia artificial, visión computacional y análisis de contexto para interpretar no solo los movimientos de las manos, sino también expresiones faciales y corporales que forman parte de la lengua de señas.
El funcionamiento es simple para el usuario. La persona accede a la plataforma mediante un código QR o desde un sitio web, realiza las señas frente a la cámara y el sistema las transforma en texto o audio. La respuesta puede regresar por escrito, mediante voz o a través de un avatar 3D que utiliza lengua de señas.
La propuesta también fue pensada para que pueda integrarse en los sistemas de atención de empresas, hospitales, bancos, escuelas y organismos públicos, con el objetivo de facilitar la comunicación sin depender permanentemente de un intérprete.
El respaldo de Google y el desafío de crecer
El emprendimiento fue seleccionado para participar de Google for Startups Cloud, un programa que ofrece créditos para servicios en la nube, asistencia técnica y herramientas destinadas a fortalecer emprendimientos tecnológicos.
La incorporación al programa representa un respaldo importante para la evolución técnica de la plataforma, ya que le permite acceder a recursos para entrenar modelos de inteligencia artificial, procesar información y ampliar su capacidad operativa. Sin embargo, la selección no implica que Google haya adquirido la empresa ni garantiza su éxito comercial.
Dillo también fue reconocida como Startup del Año 2024 en Córdoba. Actualmente el proyecto cuenta con un equipo integrado por unas ocho personas y trabaja con el objetivo de expandirse hacia otros mercados.
Un desafío tecnológico y lingüístico
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 430 millones de personas requieren rehabilitación debido a una pérdida auditiva discapacitante. Además, existen numerosas lenguas de señas en el mundo, por lo que no hay un sistema universal que pueda aplicarse automáticamente en todos los países.
Esa diversidad convierte al desarrollo de este tipo de herramientas en un desafío complejo. La inteligencia artificial debe comprender expresiones, movimientos corporales, contexto y particularidades regionales para ofrecer traducciones precisas.
Por ese motivo, el desarrollo de Dillo AI contó con la participación de personas sordas y organizaciones vinculadas con la comunidad, buscando que el sistema respete las características propias de la lengua de señas y permita una comunicación más natural.
Innovación argentina con financiamiento limitado
Desde 2022, el emprendimiento participó en diferentes concursos y programas destinados a obtener apoyo económico. A pesar de los reconocimientos recibidos y del interés internacional, gran parte de los costos del proyecto continúa siendo afrontada por sus integrantes e inversores.
Mientras la plataforma continúa evolucionando y ampliando sus capacidades, el desafío ya no pasa únicamente por mejorar la inteligencia artificial, sino también por conseguir los recursos necesarios para sostener su crecimiento y llevar la tecnología a una mayor cantidad de usuarios.
Dillo AI, una plataforma desarrollada por el programador cordobés Manuel Flores, utiliza inteligencia artificial para traducir lengua de señas en tiempo real a texto o audio y responder mediante un avatar 3D. El proyecto fue seleccionado por Google for Startups Cloud y busca expandirse mientras enfrenta el desafío de conseguir financiamiento para continuar su desarrollo.
Durante años, la tecnología prometió cambiar el mundo. Primero iba a reemplazar al papel. Después al efectivo. Más tarde a los choferes, a los traductores, a los profesores y, si uno le prestaba atención a algunos gurúes de Silicon Valley, hasta al sentido común. En medio de esa lluvia de promesas apareció una inteligencia artificial argentina con una ambición bastante menos cinematográfica pero muchísimo más útil: lograr que dos personas puedan conversar sin que una barrera de comunicación les recuerde, cada cinco segundos, que el mundo todavía fue diseñado pensando en otros.
Porque mientras buena parte de la industria tecnológica compite por fabricar asistentes capaces de escribir poemas sobre tostadas con palta o generar imágenes de astronautas montando capibaras, hay proyectos que apuntan a resolver problemas bastante más terrenales. Hablar con un médico. Hacer un trámite. Abrir una cuenta bancaria. Preguntar una dirección. Situaciones tan comunes para la mayoría como complicadas para muchas personas sordas cuando no existe alguien que conozca la lengua de señas del otro lado.
La paradoja es que desarrollar una inteligencia artificial para traducir lengua de señas resulta muchísimo más complejo que enseñarle a un chatbot a redactar un correo elegante. Las manos son apenas una parte del idioma. También hablan el rostro, el cuerpo, la velocidad, el contexto y hasta los matices culturales. Traducir todo eso no consiste en hacer coincidir un gesto con una palabra, sino en comprender un lenguaje completo. En otras palabras, es bastante más difícil que entender algunos audios de WhatsApp enviados caminando por la calle.
Y como suele ocurrir con varios desarrollos tecnológicos nacidos en la Argentina, el reconocimiento llegó antes que el dinero. El proyecto fue premiado, llamó la atención de Google y consiguió respaldo para fortalecer su infraestructura tecnológica. Sin embargo, todavía debe resolver el desafío más universal de cualquier startup: pagar cuentas, sostener un equipo y conseguir inversión para seguir creciendo. La inteligencia artificial podrá interpretar miles de señas por segundo, pero todavía no aprendió el antiguo arte de hacer aparecer financiamiento con un chasquido de dedos.