El negocio de combustibles de Shell en Argentina cambió de manos. Tras varios meses de negociaciones, el grupo suizo Mercuria Energy Group confirmó la compra de los activos de downstream que eran administrados por Raízen, la sociedad integrada por la petrolera Shell y el conglomerado brasileño Cosan.
La operación incluye 894 estaciones de servicio distribuidas en todo el país, además de la refinería de Dock Sud, una planta de lubricantes en la Ciudad de Buenos Aires, dos aeroplantas ubicadas en Ezeiza y Aeroparque, y terminales de combustibles localizadas en Arroyo Seco y Santa Fe.
Según informó Raízen a la Bolsa de Brasil, el valor estimado de la transacción asciende a USD 1.420 millones, sujeto a los ajustes habituales que se realizan en este tipo de acuerdos empresariales.
Un gigante energético desembarca en Argentina
Fundada en Ginebra en 2004, Mercuria Energy Group es uno de los mayores operadores independientes de energía y materias primas del mundo. La compañía tiene presencia en más de 50 países y factura más de USD 140.000 millones anuales.
Su actividad abarca distintos segmentos de la cadena energética global, incluyendo petróleo, combustibles refinados, gas natural, gas natural licuado, electricidad, energías renovables y comercialización de metales.
«Mercuria cuenta con la solidez financiera, la capacidad operativa y la visión a largo plazo necesarias para respaldar y hacer crecer este negocio», aseguró Brian Falik, director global de inversiones de la firma.
Desde la empresa destacaron además que Argentina ofrece importantes perspectivas de crecimiento para el sector energético y ratificaron su intención de continuar invirtiendo en el país.
La producción de Shell seguirá sin cambios
La venta no afecta las operaciones de exploración y producción de hidrocarburos que Shell mantiene en Argentina. La compañía había separado años atrás sus actividades locales, conservando bajo su control la producción petrolera, especialmente en Vaca Muerta, mientras que la comercialización de combustibles quedó en manos de Raízen.
De esta manera, la operación se limita a los activos vinculados al negocio de refinación, distribución y venta de combustibles.
Qué pasará con las estaciones de San Juan
La transacción también tendrá impacto en San Juan, donde la marca Shell cuenta con ocho estaciones de servicio distribuidas en distintos departamentos de la provincia.
Entre ellas se encuentran una estación ubicada en Caucete y otra sobre Ruta Nacional 40, entre calles 9 y 10. Además, el Grupo Sabesa opera cuatro bocas de expendio bajo la bandera Shell, ubicadas en Capital, Rawson y Santa Lucía.
La red provincial se completa con la estación de Sánchez Huerta, en la intersección de Avenida Libertador y Rawson, y otra ubicada sobre calle Mendoza, en Chimbas.
Aunque el negocio cambiará de propietario, no habrá modificaciones inmediatas para los consumidores. Las estaciones continuarán funcionando normalmente mientras la operación atraviesa el proceso de aprobación regulatoria y judicial correspondiente.
Cuándo se concretará la venta
Desde Raízen señalaron que el cierre definitivo de la transacción está previsto para el actual año fiscal y dependerá de la obtención de las autorizaciones regulatorias necesarias.
Hasta entonces, las estaciones seguirán operando bajo la marca Shell, mientras avanza uno de los movimientos empresariales más importantes registrados en el mercado energético argentino durante los últimos años.
<p>La venta del negocio de combustibles de Shell en Argentina quedó confirmada tras un acuerdo entre Raízen y el grupo suizo Mercuria Energy Group. La operación, valuada en USD 1.420 millones, incluye 894 estaciones de servicio, una refinería, terminales de combustibles y otros activos estratégicos. En San Juan, ocho estaciones de la marca pasarán a formar parte del paquete adquirido una vez que se completen las aprobaciones regulatorias correspondientes.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hay compras impulsivas. Una campera, un celular, una cafetera que promete cambiar la vida y termina decorando una alacena. Y después está Mercuria, que decidió adquirir 894 estaciones de servicio, una refinería, aeroplantas, terminales de combustible y una porción importante del mercado energético argentino. Cuando el presupuesto permite gastar USD 1.420 millones, las ofertas del supermercado dejan de resultar emocionantes.
La operación confirma una vieja verdad de los negocios: mientras la mayoría de las personas calcula si llega con medio tanque hasta el próximo fin de semana, en alguna oficina con vista a los Alpes hay ejecutivos firmando acuerdos capaces de mover industrias enteras. El resultado es que casi 900 estaciones Shell cambiaron de dueño sin necesidad de mover un solo surtidor de lugar.
La noticia tiene algo de espectáculo silencioso. No hubo inauguraciones, ni cintas para cortar, ni discursos frente a una multitud. Sin embargo, detrás de las firmas se transfirió una red que representa cerca del 18% del mercado de combustibles del país. Una cifra que alcanza para que cualquier competidor tome nota y para que más de un economista actualice sus planillas de cálculo con gesto solemne.
En San Juan, mientras tanto, las ocho estaciones involucradas siguieron funcionando como si nada hubiera ocurrido. Los clientes continuaron entrando a cargar combustible, los empleados atendieron como siempre y el café siguió siendo una de las inversiones más seguras del negocio. Porque las grandes operaciones corporativas tienen esa particularidad: cambian millones de dólares de manos sin alterar la rutina de quien sólo necesita llenar el tanque para llegar a destino.
Mercuria desembarca así en un mercado donde las oportunidades energéticas siguen atrayendo capital internacional. Y aunque la transacción todavía espera aprobaciones regulatorias, ya quedó instalada como una de las movidas empresariales más relevantes de los últimos años. El resto seguirá igual: los autos harán fila, las estaciones mantendrán sus carteles y los conductores continuarán observando el precio de los combustibles con la misma mezcla de esperanza, resignación y matemáticas creativas que caracteriza a cualquier argentino frente a un surtidor.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El negocio de combustibles de Shell en Argentina cambió de manos. Tras varios meses de negociaciones, el grupo suizo Mercuria Energy Group confirmó la compra de los activos de downstream que eran administrados por Raízen, la sociedad integrada por la petrolera Shell y el conglomerado brasileño Cosan.
La operación incluye 894 estaciones de servicio distribuidas en todo el país, además de la refinería de Dock Sud, una planta de lubricantes en la Ciudad de Buenos Aires, dos aeroplantas ubicadas en Ezeiza y Aeroparque, y terminales de combustibles localizadas en Arroyo Seco y Santa Fe.
Según informó Raízen a la Bolsa de Brasil, el valor estimado de la transacción asciende a USD 1.420 millones, sujeto a los ajustes habituales que se realizan en este tipo de acuerdos empresariales.
Un gigante energético desembarca en Argentina
Fundada en Ginebra en 2004, Mercuria Energy Group es uno de los mayores operadores independientes de energía y materias primas del mundo. La compañía tiene presencia en más de 50 países y factura más de USD 140.000 millones anuales.
Su actividad abarca distintos segmentos de la cadena energética global, incluyendo petróleo, combustibles refinados, gas natural, gas natural licuado, electricidad, energías renovables y comercialización de metales.
«Mercuria cuenta con la solidez financiera, la capacidad operativa y la visión a largo plazo necesarias para respaldar y hacer crecer este negocio», aseguró Brian Falik, director global de inversiones de la firma.
Desde la empresa destacaron además que Argentina ofrece importantes perspectivas de crecimiento para el sector energético y ratificaron su intención de continuar invirtiendo en el país.
La producción de Shell seguirá sin cambios
La venta no afecta las operaciones de exploración y producción de hidrocarburos que Shell mantiene en Argentina. La compañía había separado años atrás sus actividades locales, conservando bajo su control la producción petrolera, especialmente en Vaca Muerta, mientras que la comercialización de combustibles quedó en manos de Raízen.
De esta manera, la operación se limita a los activos vinculados al negocio de refinación, distribución y venta de combustibles.
Qué pasará con las estaciones de San Juan
La transacción también tendrá impacto en San Juan, donde la marca Shell cuenta con ocho estaciones de servicio distribuidas en distintos departamentos de la provincia.
Entre ellas se encuentran una estación ubicada en Caucete y otra sobre Ruta Nacional 40, entre calles 9 y 10. Además, el Grupo Sabesa opera cuatro bocas de expendio bajo la bandera Shell, ubicadas en Capital, Rawson y Santa Lucía.
La red provincial se completa con la estación de Sánchez Huerta, en la intersección de Avenida Libertador y Rawson, y otra ubicada sobre calle Mendoza, en Chimbas.
Aunque el negocio cambiará de propietario, no habrá modificaciones inmediatas para los consumidores. Las estaciones continuarán funcionando normalmente mientras la operación atraviesa el proceso de aprobación regulatoria y judicial correspondiente.
Cuándo se concretará la venta
Desde Raízen señalaron que el cierre definitivo de la transacción está previsto para el actual año fiscal y dependerá de la obtención de las autorizaciones regulatorias necesarias.
Hasta entonces, las estaciones seguirán operando bajo la marca Shell, mientras avanza uno de los movimientos empresariales más importantes registrados en el mercado energético argentino durante los últimos años.
Hay compras impulsivas. Una campera, un celular, una cafetera que promete cambiar la vida y termina decorando una alacena. Y después está Mercuria, que decidió adquirir 894 estaciones de servicio, una refinería, aeroplantas, terminales de combustible y una porción importante del mercado energético argentino. Cuando el presupuesto permite gastar USD 1.420 millones, las ofertas del supermercado dejan de resultar emocionantes.
La operación confirma una vieja verdad de los negocios: mientras la mayoría de las personas calcula si llega con medio tanque hasta el próximo fin de semana, en alguna oficina con vista a los Alpes hay ejecutivos firmando acuerdos capaces de mover industrias enteras. El resultado es que casi 900 estaciones Shell cambiaron de dueño sin necesidad de mover un solo surtidor de lugar.
La noticia tiene algo de espectáculo silencioso. No hubo inauguraciones, ni cintas para cortar, ni discursos frente a una multitud. Sin embargo, detrás de las firmas se transfirió una red que representa cerca del 18% del mercado de combustibles del país. Una cifra que alcanza para que cualquier competidor tome nota y para que más de un economista actualice sus planillas de cálculo con gesto solemne.
En San Juan, mientras tanto, las ocho estaciones involucradas siguieron funcionando como si nada hubiera ocurrido. Los clientes continuaron entrando a cargar combustible, los empleados atendieron como siempre y el café siguió siendo una de las inversiones más seguras del negocio. Porque las grandes operaciones corporativas tienen esa particularidad: cambian millones de dólares de manos sin alterar la rutina de quien sólo necesita llenar el tanque para llegar a destino.
Mercuria desembarca así en un mercado donde las oportunidades energéticas siguen atrayendo capital internacional. Y aunque la transacción todavía espera aprobaciones regulatorias, ya quedó instalada como una de las movidas empresariales más relevantes de los últimos años. El resto seguirá igual: los autos harán fila, las estaciones mantendrán sus carteles y los conductores continuarán observando el precio de los combustibles con la misma mezcla de esperanza, resignación y matemáticas creativas que caracteriza a cualquier argentino frente a un surtidor.