Jorge «el Vasco» Oyhanart volvió a ponerse al volante de un auto de competición y protagonizó uno de los momentos más emotivos del fin de semana automovilístico en San Nicolás. El histórico piloto, subcampeón del Turismo Carretera y una de las figuras más recordadas por los seguidores de Ford, aceptó la invitación de su nuera, Ely Videle, para participar de una competencia especial del TC Bonaerense.
Su presencia se convirtió en una de las grandes atracciones de la jornada. Fotografías, abrazos, saludos y recuerdos acompañaron al experimentado corredor, que volvió a encontrarse desde adentro con el ambiente que marcó buena parte de su trayectoria deportiva.
Uno de los momentos más emotivos se produjo cuando, desde el público, pidieron un aplauso para el Vasco. El piloto respondió levantando una mano desde el automóvil y agradeciendo las numerosas muestras de afecto que recibió durante su participación.
Una invitación familiar que reunió a tres generaciones
El regreso de Oyhanart tuvo un fuerte componente familiar. Ely Videle, esposa de Mariano Oyhanart y madre de Lautaro, compite en la Clase E del TC Bonaerense y fue quien decidió invitar a su suegro a participar de la competencia especial con pilotos invitados.
De esta manera, tres generaciones de una familia estrechamente vinculada al automovilismo volvieron a reunirse alrededor de una pista, en una experiencia que combinó recuerdos, emoción y pasión por los motores.
El propio Oyhanart explicó que su participación no representaba el comienzo de una nueva etapa competitiva, sino la posibilidad de disfrutar nuevamente de una actividad que formó parte fundamental de su vida.
«La verdad es que volver no voy a volver, pero por lo menos me voy a dar el gusto de poder dar una vuelta en los autos que tanto trabajamos», señaló.
Con su habitual sinceridad, también se refirió a las sensaciones que experimentó al volver a conducir un vehículo de competición y reconoció que todavía tenía algunos aspectos por mejorar.
«El auto va muy bien y a mí me deben faltar 20 kilómetros en cada curva, pero por lo menos voy conduciendo. Este circuito tiene algunas trampitas, pero mañana creo que lo voy a mejorar», expresó.
El reencuentro con una historia ligada a Ford y al Turismo Carretera
Oyhanart fue protagonista de una época especialmente recordada del Turismo Carretera, cuando la categoría todavía mantenía una fuerte presencia en los circuitos ruteros y sus competencias convocaban a numerosos aficionados.
Su trayectoria quedó estrechamente vinculada a Ford y a actuaciones que permanecen en la memoria de los seguidores del automovilismo argentino. Así lo recordó uno de sus admiradores, Pablo «Chavo» Odriozola, quien destacó sus participaciones en competencias disputadas en Balcarce y en el tradicional Trofeo 2 de Abril «Malvinas Argentinas».
Después de finalizar su etapa como piloto, el Vasco nunca se alejó definitivamente del automovilismo. Continuó trabajando alrededor de los vehículos de competición y acompañó la trayectoria deportiva de su hijo Mariano, quien también desarrolló su propio camino dentro de la actividad.
Con el paso del tiempo, su nieto Lautaro prolongó esa tradición familiar, a la que también se sumó Ely Videle desde su participación en el TC Bonaerense.
El regreso a las pistas también le permitió comprobar que el reconocimiento del público continúa vigente. Durante la jornada recibió numerosos mensajes y muestras de cariño de los aficionados que siguieron su trayectoria.
«La verdad que la gente reconozca el esfuerzo que uno ha hecho durante toda nuestra vida es importante», manifestó el experimentado corredor.
Una jornada en la que los aplausos reemplazaron a los resultados
A diferencia de sus años como protagonista del Turismo Carretera, esta participación no estuvo marcada por la búsqueda de puntos, campeonatos ni resultados deportivos. El principal objetivo de Oyhanart fue disfrutar de la posibilidad de conducir nuevamente un auto de carrera y compartir la experiencia con su familia.
«Hoy es un día de joda, como quien dice. Vamos a ver qué pasa», resumió antes de volver a acelerar.
La bandera a cuadros dejó una de las imágenes más representativas del encuentro: el Vasco completando la experiencia, levantando la mano desde el vehículo y recibiendo el reconocimiento de quienes se acercaron especialmente para verlo nuevamente en una pista.
Antes de despedirse, el histórico corredor también tuvo palabras para los aficionados que lo acompañaron durante décadas, sin olvidarse de quienes mantienen su fidelidad a otras marcas.
«Un saludo grande a todos los hinchas de Ford y a los otros también».
San Nicolás fue escenario de mucho más que una participación especial en el TC Bonaerense. La jornada representó el reencuentro de una figura histórica con el volante, con los aficionados y con una pasión que atravesó prácticamente toda su vida.
Esta vez, Jorge «el Vasco» Oyhanart no necesitó disputar un campeonato ni conseguir una victoria para convertirse en uno de los grandes protagonistas. Su regreso quedó marcado por el afecto del público y por una historia familiar que continúa vinculada al automovilismo.
Jorge «el Vasco» Oyhanart, histórico piloto y subcampeón del Turismo Carretera, volvió a conducir un auto de competición durante una fecha especial del TC Bonaerense en San Nicolás. Invitado por su nuera, Ely Videle, protagonizó un emotivo reencuentro con el automovilismo y recibió el reconocimiento del público en una jornada que reunió a tres generaciones de una familia vinculada a las pistas.
El automovilismo argentino acaba de confirmar que la jubilación es un concepto bastante relativo, especialmente cuando hay un Ford de por medio. Jorge «el Vasco» Oyhanart volvió a ponerse al volante de un auto de competición en San Nicolás y demostró que algunas pasiones tienen una particularidad: pueden acumular años, pero jamás encuentran dónde estacionar. Lo que comenzó como una invitación familiar terminó convirtiéndose en un acontecimiento capaz de despertar más nostalgia que una reunión de antiguos pilotos frente a un álbum de fotografías.
La responsable de semejante alteración del calendario emocional fue su nuera, Ely Videle, que tuvo una idea aparentemente sencilla: invitar a su suegro a participar de una carrera especial del TC Bonaerense. Una propuesta que, en cualquier otra familia, equivaldría a organizar un almuerzo dominical. Pero los Oyhanart tienen una interpretación bastante particular de las reuniones familiares: en lugar de discutir quién prepara el asado, prefieren determinar quién se pone el casco y sale a acelerar.
El Vasco aceptó y regresó a su hábitat natural, aunque rápidamente advirtió que los años habían establecido una negociación unilateral con sus reflejos. Según su propia evaluación, le faltaban unos 20 kilómetros en cada curva. Una declaración que demuestra que la autocrítica sigue funcionando perfectamente, incluso cuando el velocímetro empieza a discutir con el documento de identidad.
Mientras tanto, los espectadores hicieron lo que correspondía ante semejante aparición: fotografías, abrazos, saludos y un aplauso que convirtió la jornada en un homenaje espontáneo. Oyhanart respondió levantando la mano desde el automóvil, con la tranquilidad de quien ya no necesita explicarle absolutamente nada a un cronómetro.
La escena también dejó una enseñanza para cualquier familia que considere complicada la organización de sus encuentros. Mientras algunos necesitan semanas de conversaciones para decidir dónde cenar, los Oyhanart consiguieron reunir a tres generaciones alrededor del automovilismo. Y con un detalle extraordinario: nadie tuvo que fingir entusiasmo por una sobremesa interminable.
El propio protagonista aclaró que no estaba preparando un regreso profesional. Simplemente quería darse el gusto de conducir nuevamente uno de esos automóviles a los que dedicó buena parte de su vida. Esta vez no había campeonato que defender ni posiciones que recuperar. Solamente una pista, recuerdos y un público dispuesto a celebrar cada metro recorrido. Hasta los hinchas de otras marcas recibieron un saludo, demostrando que existen ocasiones excepcionales en las que la histórica rivalidad automovilística puede suspenderse sin necesidad de intervención diplomática.