El rock argentino ha perdido a uno de sus exponentes más virtuosos y respetados. Felipe Staiti, guitarrista emblema y cofundador de Los Enanitos Verdes, falleció este lunes a los 64 años en la provincia de Mendoza. El músico se encontraba internado desde hacía una semana en el Hospital Italiano, afectado por un cuadro de deshidratación y decaimiento general tras regresar de una gira por Colombia y Costa Rica.
Un cuadro de salud complejo
Staiti padecía una enfermedad autoinmune vinculada a una celiaquía crónica, condición que le había provocado una notable pérdida de peso y dificultades para mantener una dieta estable. En diciembre de 2024 ya había atravesado una internación prolongada por un episodio similar. Pese a que su familia planeaba trasladarlo a un centro de alta complejidad en Buenos Aires durante la mañana del lunes, la gravedad de su estado impidió el traslado, produciéndose el deceso en horas del atardecer.
Desde la cuenta oficial de la banda, se informó que no habrá ceremonias abiertas. «La familia de Felipe agradece la enorme cantidad de llamados y mensajes de apoyo», reza el comunicado, aclarando que los restos del artista serán cremados en una ceremonia estrictamente privada tras el arribo de su hijo desde Europa.
Legado y proyectos interrumpidos
La muerte de Staiti se produce en un punto álgido de su carrera profesional. Tras la muerte de su compañero de ruta, Marciano Cantero, en septiembre de 2022, el guitarrista había asumido el liderazgo de la agrupación para honrar su historia. Recientemente, había firmado un contrato con la discográfica Sony para la producción de tres nuevos álbumes y tenía una agenda de conciertos que incluía presentaciones en Bogotá, Medellín y California.
A lo largo de su trayectoria, Staiti recibió uno de los mayores honores para un instrumentista: la fábrica Fender lanzó al mercado mundial la «Staiticaster», un modelo de edición limitada en reconocimiento a su talento. Su última aparición en los escenarios fue el pasado 14 de marzo en el festival Vive Latino de México, donde actuó frente a 50.000 personas, interpretando clásicos inmortales como «La muralla verde» y «Lamento boliviano».
Dolor en el arco artístico
Figuras del espectáculo y colegas manifestaron su pesar ante la noticia. Coti Sorokin, amigo cercano del músico, expresó su incredulidad a través de las redes sociales: “Negro querido. Hermano del alma. Te voy a extrañar. ¿Cómo que así? Me enteré que te fuiste. Todavía no lo estoy creyendo”. La partida de Staiti cierra un capítulo fundamental para el rock mendocino y latinoamericano, dejando un vacío difícil de llenar en las cuerdas de la música nacional.
<p>El ambiente del rock latinoamericano se encuentra de luto tras el fallecimiento de Felipe Staiti, guitarrista y fundador de Los Enanitos Verdes, ocurrido a los 64 años en Mendoza. El músico se encontraba internado en el Hospital Italiano debido a complicaciones derivadas de una afección autoinmune. Su deceso se produce en un momento de plena actividad artística, con giras internacionales y proyectos discográficos en curso.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
El rock en español acaba de perder a uno de sus arquitectos más silenciosos y brillantes, y el universo, en su infinita falta de tacto, decidió llevarse a Felipe Staiti justo cuando el hombre tenía más proyectos que un candidato en campaña. A los 64 años, el «Negro» se despidió en un atardecer mendocino, dejando a sus fans con un nudo en la garganta y a la marca Fender con la amarga tarea de promocionar una «Staiticaster» que ahora suena a pura nostalgia. Es esa ironía cruel del destino: después de haber sobrevivido a décadas de giras, hoteles y excesos controlados, una bacteria oportunista y una celiaquía mal llevada terminaron por apagar la distorsión del guitarrista que, paradójicamente, siempre prefería pasar inadvertido hasta que el amplificador decía lo contrario.
La partida de Marciano Cantero en 2022 ya había sido un golpe bajo, pero Felipe, con esa terquedad sana del que ama su oficio, decidió cargar con el legado de Los Enanitos Verdes sobre sus hombros espigados. Tenía contratos con Sony, giras por México y Estados Unidos, y un calendario que hubiera agotado a un adolescente con exceso de cafeína. Sin embargo, su sistema inmunológico decidió declararse en huelga en el peor momento posible. Sus amigos cuentan que volvió de Centroamérica con fiebre y decaído, demostrando que a veces el cuerpo no entiende de contratos discográficos ni de festivales multitudinarios ante 50 mil personas. Se nos fue el tipo que podía hacer llorar a una Stratocaster mientras mantenía el andar tranquilo de quien va a comprar el pan por las calles de Godoy Cruz.
Ahora, mientras esperamos que su hijo Natalio cruce el Atlántico desde Italia para un adiós privado y sin cámaras —muy al estilo Staiti—, nos queda el consuelo de que su última actuación fue con el «Lamento Boliviano» en el Vive Latino. Un cierre cinematográfico para alguien que nunca buscó el cartel de neón, pero que terminó siendo la columna vertebral de la banda sonora de varias generaciones. El rock nacional se queda un poco más sordo y Mendoza un poco más vacía; nos queda la música, las guitarras personalizadas y el recuerdo de un tipo que, aunque ya no esté, seguramente está buscando un enchufe para que la muralla verde no deje de sonar nunca.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El rock argentino ha perdido a uno de sus exponentes más virtuosos y respetados. Felipe Staiti, guitarrista emblema y cofundador de Los Enanitos Verdes, falleció este lunes a los 64 años en la provincia de Mendoza. El músico se encontraba internado desde hacía una semana en el Hospital Italiano, afectado por un cuadro de deshidratación y decaimiento general tras regresar de una gira por Colombia y Costa Rica.
Un cuadro de salud complejo
Staiti padecía una enfermedad autoinmune vinculada a una celiaquía crónica, condición que le había provocado una notable pérdida de peso y dificultades para mantener una dieta estable. En diciembre de 2024 ya había atravesado una internación prolongada por un episodio similar. Pese a que su familia planeaba trasladarlo a un centro de alta complejidad en Buenos Aires durante la mañana del lunes, la gravedad de su estado impidió el traslado, produciéndose el deceso en horas del atardecer.
Desde la cuenta oficial de la banda, se informó que no habrá ceremonias abiertas. «La familia de Felipe agradece la enorme cantidad de llamados y mensajes de apoyo», reza el comunicado, aclarando que los restos del artista serán cremados en una ceremonia estrictamente privada tras el arribo de su hijo desde Europa.
Legado y proyectos interrumpidos
La muerte de Staiti se produce en un punto álgido de su carrera profesional. Tras la muerte de su compañero de ruta, Marciano Cantero, en septiembre de 2022, el guitarrista había asumido el liderazgo de la agrupación para honrar su historia. Recientemente, había firmado un contrato con la discográfica Sony para la producción de tres nuevos álbumes y tenía una agenda de conciertos que incluía presentaciones en Bogotá, Medellín y California.
A lo largo de su trayectoria, Staiti recibió uno de los mayores honores para un instrumentista: la fábrica Fender lanzó al mercado mundial la «Staiticaster», un modelo de edición limitada en reconocimiento a su talento. Su última aparición en los escenarios fue el pasado 14 de marzo en el festival Vive Latino de México, donde actuó frente a 50.000 personas, interpretando clásicos inmortales como «La muralla verde» y «Lamento boliviano».
Dolor en el arco artístico
Figuras del espectáculo y colegas manifestaron su pesar ante la noticia. Coti Sorokin, amigo cercano del músico, expresó su incredulidad a través de las redes sociales: “Negro querido. Hermano del alma. Te voy a extrañar. ¿Cómo que así? Me enteré que te fuiste. Todavía no lo estoy creyendo”. La partida de Staiti cierra un capítulo fundamental para el rock mendocino y latinoamericano, dejando un vacío difícil de llenar en las cuerdas de la música nacional.
El rock en español acaba de perder a uno de sus arquitectos más silenciosos y brillantes, y el universo, en su infinita falta de tacto, decidió llevarse a Felipe Staiti justo cuando el hombre tenía más proyectos que un candidato en campaña. A los 64 años, el «Negro» se despidió en un atardecer mendocino, dejando a sus fans con un nudo en la garganta y a la marca Fender con la amarga tarea de promocionar una «Staiticaster» que ahora suena a pura nostalgia. Es esa ironía cruel del destino: después de haber sobrevivido a décadas de giras, hoteles y excesos controlados, una bacteria oportunista y una celiaquía mal llevada terminaron por apagar la distorsión del guitarrista que, paradójicamente, siempre prefería pasar inadvertido hasta que el amplificador decía lo contrario.
La partida de Marciano Cantero en 2022 ya había sido un golpe bajo, pero Felipe, con esa terquedad sana del que ama su oficio, decidió cargar con el legado de Los Enanitos Verdes sobre sus hombros espigados. Tenía contratos con Sony, giras por México y Estados Unidos, y un calendario que hubiera agotado a un adolescente con exceso de cafeína. Sin embargo, su sistema inmunológico decidió declararse en huelga en el peor momento posible. Sus amigos cuentan que volvió de Centroamérica con fiebre y decaído, demostrando que a veces el cuerpo no entiende de contratos discográficos ni de festivales multitudinarios ante 50 mil personas. Se nos fue el tipo que podía hacer llorar a una Stratocaster mientras mantenía el andar tranquilo de quien va a comprar el pan por las calles de Godoy Cruz.
Ahora, mientras esperamos que su hijo Natalio cruce el Atlántico desde Italia para un adiós privado y sin cámaras —muy al estilo Staiti—, nos queda el consuelo de que su última actuación fue con el «Lamento Boliviano» en el Vive Latino. Un cierre cinematográfico para alguien que nunca buscó el cartel de neón, pero que terminó siendo la columna vertebral de la banda sonora de varias generaciones. El rock nacional se queda un poco más sordo y Mendoza un poco más vacía; nos queda la música, las guitarras personalizadas y el recuerdo de un tipo que, aunque ya no esté, seguramente está buscando un enchufe para que la muralla verde no deje de sonar nunca.