El gobernador bonaerense Axel Kicillof fue el expositor principal ante una sala colmada de militantes, dirigentes y funcionarios, donde afirmó que el presidente Javier Milei «aplica recetas viejas que ya fracasaron».
En clave de interna, el mandatario provincial hizo un guiño al kirchnerismo al cerrar el acto con una proclama: «Viva Perón, viva Evita, viva Néstor, viva Cristina». También se refirió a la candidatura de Sergio Uñac, a quien le dio la «bienvenida».
El acto fue organizado por la Secretaría de Formación Política del PJ bonaerense, a cargo del intendente platense Julio Alak, quien también hizo uso de la palabra. En el escenario estuvieron la vicegobernadora Verónica Magario, el presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, Federico Otermín, el secretario general del PJ bonaerense, Mariano Cascallares, y el propio Alak. También participaron ministros provinciales, legisladores nacionales y dirigentes del partido.
Kicillof apuntó contra el modelo de Milei
Para el gobernador, lo que hoy está en crisis es el núcleo del dogma económico que atribuye al oficialismo nacional: «Se cayó la receta de lo privado sobre lo público, la apertura indiscriminada, la libre movilidad de capitales, la mano invisible y el Estado pequeño. Ese sistema ideológico está en dudas y la discusión proviene del centro del capitalismo. El que rompe con eso es el mismo presidente de Estados Unidos».
En ese marco, Kicillof sostuvo que el escenario internacional muestra el agotamiento de determinadas ideas económicas y buscó contraponerlas con las políticas aplicadas durante los gobiernos kirchneristas.
La reivindicación de la «década ganada»
Kicillof reivindicó las políticas de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. «Con los gobiernos de Néstor y Cristina, Lula, Correa, decíamos que había que reindustrializar la región, que el Estado era un factor central de desarrollo e inclusión, que había que usar el crédito público para asegurar el desarrollo federal, y nos decían que era una herejía», recordó.
«Lo que se hizo en la década ganada era contra hegemónico. Hoy, de manera reivindicativa, digo que industrializar, preservar la soberanía y hacer más inclusivo el proceso de crecimiento distribuyendo para poder crecer: esas teorías que nos quisieron hacer olvidar hoy son el nuevo consenso mundial. Lo que nos quisieron hacer aplicar no funciona», agregó.
La conclusión fue directa contra la gestión de Javier Milei: «Todos los países cuidan su soberanía, su industria, sus empleos, menos uno: Argentina, donde gobierna un presidente retrógrado, anacrónico y absurdo con teorías que no sirven más. Es estúpido, vende patria y no va más. Estamos ante una transición y hay enormes oportunidades para Argentina que estúpidamente está desperdiciando quien gobierna, de manera criminal, aplicando recetas viejas que favorecen intereses concentrados».
Al finalizar, la militancia le cantó «Axel presidente», en una señal del clima interno que atraviesa al peronismo bonaerense.
La candidatura de Sergio Uñac
Antes de ingresar al acto, Kicillof fue consultado por la prensa sobre el anuncio del diputado nacional y exgobernador de San Juan Sergio Uñac, quien se lanzó como precandidato a presidente por el justicialismo y se reconoció como el «adversario natural» del mandatario bonaerense.
La respuesta del gobernador fue escueta y sin concesiones al debate interno: «Bienvenidos todos los compañeros y compañeras porque hay mucho entusiasmo dentro del peronismo».
Luego, Kicillof buscó correr el foco de la discusión electoral y remarcó las responsabilidades de gestión en la provincia de Buenos Aires: «En nuestro caso, este es un año de construcción política. Para nosotros no es un año ni de campaña, ni de candidatura. Tenemos una responsabilidad muy grande, que es gobernar la provincia de Buenos Aires con Javier Milei como presidente que genera una crisis económica muy grande, ya que nos quita recursos a las provincias y a la educación. Milei debería prestarle más atención a la realidad que a las redes o a la ultraderecha internacional».
<p>El gobernador bonaerense <strong>Axel Kicillof</strong> encabezó un acto de formación política del <strong>PJ bonaerense</strong>, donde cuestionó al presidente <strong>Javier Milei</strong> y reivindicó los gobiernos kirchneristas. También se refirió a la precandidatura presidencial de <strong>Sergio Uñac</strong>, a quien le dio la bienvenida dentro de la interna peronista. :contentReference[oaicite:0]{index=0}</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Axel Kicillof se subió al escenario del PJ bonaerense con la carpeta doctrinaria bajo el brazo y el peronómetro en zona de alta presión. Ante una sala colmada de militantes, dirigentes y funcionarios, el gobernador bonaerense decidió que la mejor forma de hablar de economía global era entrar con los tapones de punta contra Javier Milei y sus recetas, a las que ubicó en el museo de ideas que ya fracasaron, justo al lado de los manuales que prometían prosperidad infinita con ajuste, apertura indiscriminada y fe ciega en la mano invisible.
La escena tuvo todos los condimentos de una interna peronista bien servida: formación política, reivindicación de la década kirchnerista, críticas al Gobierno nacional y un cierre litúrgico con nombres propios. Kicillof terminó con un «Viva Perón, viva Evita, viva Néstor, viva Cristina», una frase que en cualquier acto justicialista funciona como contraseña emocional, GPS partidario y detector de pertenencia en simultáneo. Si alguien esperaba una exposición académica sin temperatura política, eligió mal el salón y probablemente también el movimiento histórico.
El gobernador también fue consultado por Sergio Uñac, que se lanzó como precandidato a presidente por el justicialismo y se reconoció como posible rival interno. Kicillof respondió con una bienvenida amplia, de esas que en política suenan amables pero vienen envueltas en papel de estrategia. En el peronismo, decir “bienvenidos todos” puede significar abrazo fraterno, apertura democrática o “pase, compañero, que la interna recién está calentando el agua”.
Mientras la militancia le cantaba «Axel presidente», el mandatario intentó correr el foco hacia la gestión bonaerense y la crisis económica. Pero la melodía ya estaba instalada, porque en el peronismo la consigna no pide permiso: aparece, crece y se sienta en primera fila. Kicillof habló de gobernar, Uñac de competir y Milei quedó como blanco central de un discurso que mezcló doctrina, coyuntura e interna con la precisión de una olla popular donde todos agregan algo y nadie se va del todo conforme.
La noche dejó una postal clara: el PJ empieza a ordenar sus discusiones de cara al futuro, pero lo hace como mejor sabe hacerlo, con discursos encendidos, lealtades cruzadas, cantitos que empujan candidaturas y una tensión apenas disimulada detrás de cada aplauso. En el escenario se habló de soberanía, industria y empleo; en la tribuna, de poder. Y en el fondo, como siempre, la pregunta de toda familia política argentina: quién conduce, quién acompaña y quién se anima a decirlo sin mirar primero a los costados.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El gobernador bonaerense Axel Kicillof fue el expositor principal ante una sala colmada de militantes, dirigentes y funcionarios, donde afirmó que el presidente Javier Milei «aplica recetas viejas que ya fracasaron».
En clave de interna, el mandatario provincial hizo un guiño al kirchnerismo al cerrar el acto con una proclama: «Viva Perón, viva Evita, viva Néstor, viva Cristina». También se refirió a la candidatura de Sergio Uñac, a quien le dio la «bienvenida».
El acto fue organizado por la Secretaría de Formación Política del PJ bonaerense, a cargo del intendente platense Julio Alak, quien también hizo uso de la palabra. En el escenario estuvieron la vicegobernadora Verónica Magario, el presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, Federico Otermín, el secretario general del PJ bonaerense, Mariano Cascallares, y el propio Alak. También participaron ministros provinciales, legisladores nacionales y dirigentes del partido.
Kicillof apuntó contra el modelo de Milei
Para el gobernador, lo que hoy está en crisis es el núcleo del dogma económico que atribuye al oficialismo nacional: «Se cayó la receta de lo privado sobre lo público, la apertura indiscriminada, la libre movilidad de capitales, la mano invisible y el Estado pequeño. Ese sistema ideológico está en dudas y la discusión proviene del centro del capitalismo. El que rompe con eso es el mismo presidente de Estados Unidos».
En ese marco, Kicillof sostuvo que el escenario internacional muestra el agotamiento de determinadas ideas económicas y buscó contraponerlas con las políticas aplicadas durante los gobiernos kirchneristas.
La reivindicación de la «década ganada»
Kicillof reivindicó las políticas de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. «Con los gobiernos de Néstor y Cristina, Lula, Correa, decíamos que había que reindustrializar la región, que el Estado era un factor central de desarrollo e inclusión, que había que usar el crédito público para asegurar el desarrollo federal, y nos decían que era una herejía», recordó.
«Lo que se hizo en la década ganada era contra hegemónico. Hoy, de manera reivindicativa, digo que industrializar, preservar la soberanía y hacer más inclusivo el proceso de crecimiento distribuyendo para poder crecer: esas teorías que nos quisieron hacer olvidar hoy son el nuevo consenso mundial. Lo que nos quisieron hacer aplicar no funciona», agregó.
La conclusión fue directa contra la gestión de Javier Milei: «Todos los países cuidan su soberanía, su industria, sus empleos, menos uno: Argentina, donde gobierna un presidente retrógrado, anacrónico y absurdo con teorías que no sirven más. Es estúpido, vende patria y no va más. Estamos ante una transición y hay enormes oportunidades para Argentina que estúpidamente está desperdiciando quien gobierna, de manera criminal, aplicando recetas viejas que favorecen intereses concentrados».
Al finalizar, la militancia le cantó «Axel presidente», en una señal del clima interno que atraviesa al peronismo bonaerense.
La candidatura de Sergio Uñac
Antes de ingresar al acto, Kicillof fue consultado por la prensa sobre el anuncio del diputado nacional y exgobernador de San Juan Sergio Uñac, quien se lanzó como precandidato a presidente por el justicialismo y se reconoció como el «adversario natural» del mandatario bonaerense.
La respuesta del gobernador fue escueta y sin concesiones al debate interno: «Bienvenidos todos los compañeros y compañeras porque hay mucho entusiasmo dentro del peronismo».
Luego, Kicillof buscó correr el foco de la discusión electoral y remarcó las responsabilidades de gestión en la provincia de Buenos Aires: «En nuestro caso, este es un año de construcción política. Para nosotros no es un año ni de campaña, ni de candidatura. Tenemos una responsabilidad muy grande, que es gobernar la provincia de Buenos Aires con Javier Milei como presidente que genera una crisis económica muy grande, ya que nos quita recursos a las provincias y a la educación. Milei debería prestarle más atención a la realidad que a las redes o a la ultraderecha internacional».
Axel Kicillof se subió al escenario del PJ bonaerense con la carpeta doctrinaria bajo el brazo y el peronómetro en zona de alta presión. Ante una sala colmada de militantes, dirigentes y funcionarios, el gobernador bonaerense decidió que la mejor forma de hablar de economía global era entrar con los tapones de punta contra Javier Milei y sus recetas, a las que ubicó en el museo de ideas que ya fracasaron, justo al lado de los manuales que prometían prosperidad infinita con ajuste, apertura indiscriminada y fe ciega en la mano invisible.
La escena tuvo todos los condimentos de una interna peronista bien servida: formación política, reivindicación de la década kirchnerista, críticas al Gobierno nacional y un cierre litúrgico con nombres propios. Kicillof terminó con un «Viva Perón, viva Evita, viva Néstor, viva Cristina», una frase que en cualquier acto justicialista funciona como contraseña emocional, GPS partidario y detector de pertenencia en simultáneo. Si alguien esperaba una exposición académica sin temperatura política, eligió mal el salón y probablemente también el movimiento histórico.
El gobernador también fue consultado por Sergio Uñac, que se lanzó como precandidato a presidente por el justicialismo y se reconoció como posible rival interno. Kicillof respondió con una bienvenida amplia, de esas que en política suenan amables pero vienen envueltas en papel de estrategia. En el peronismo, decir “bienvenidos todos” puede significar abrazo fraterno, apertura democrática o “pase, compañero, que la interna recién está calentando el agua”.
Mientras la militancia le cantaba «Axel presidente», el mandatario intentó correr el foco hacia la gestión bonaerense y la crisis económica. Pero la melodía ya estaba instalada, porque en el peronismo la consigna no pide permiso: aparece, crece y se sienta en primera fila. Kicillof habló de gobernar, Uñac de competir y Milei quedó como blanco central de un discurso que mezcló doctrina, coyuntura e interna con la precisión de una olla popular donde todos agregan algo y nadie se va del todo conforme.
La noche dejó una postal clara: el PJ empieza a ordenar sus discusiones de cara al futuro, pero lo hace como mejor sabe hacerlo, con discursos encendidos, lealtades cruzadas, cantitos que empujan candidaturas y una tensión apenas disimulada detrás de cada aplauso. En el escenario se habló de soberanía, industria y empleo; en la tribuna, de poder. Y en el fondo, como siempre, la pregunta de toda familia política argentina: quién conduce, quién acompaña y quién se anima a decirlo sin mirar primero a los costados.