ChatGPT, la célebre inteligencia artificial de OpenAI, se prepara para incorporar publicidad en sus versiones gratuita y «Go», marcando una contradicción con sus propias declaraciones previas. La compañía asegura que los anuncios, cuyo despliegue iniciará en EE. UU. y se expandirá globalmente, no comprometerán la objetividad de las respuestas ni la privacidad de los usuarios, a pesar de que se utilizarán datos de conversación para su personalización. Esta estrategia busca monetizar su masiva base de usuarios y justificar los 64.000 millones de dólares en inversión, en un contexto de creciente competencia y la urgente necesidad de un modelo de negocio.
Vaya paradoja. La misma inteligencia artificial que nos asombra con su capacidad de generar textos coherentes y creativos, parece tener problemas para recordar su propia palabra. «En el futuro nadie puede prometer nada al 100%, pero la idea actual no es convertir ChatGPT en una plataforma llena de anuncios», decía ChatGPT, cual oráculo digital, en un pasado no tan lejano. Sin embargo, la realidad, esa vieja conocida, ha decidido mostrarle otra cara a OpenAI, la empresa detrás de este fenómeno.
Porque sí, aunque el chatbot lo negaba, los anuncios están a la vuelta de la esquina. OpenAI lo confirmó en su web, bajo el eufemístico título de “Nuestro enfoque en materia de anuncios”. En las próximas semanas, la publicidad comenzará a asomar en Estados Unidos, para luego, como era de esperar, expandirse «globalmente», aunque sin fechas concretas que apacigüen la ansiedad de los usuarios del resto del planeta.
### El costo de la gratuidad (y de un nivel «Go» no tan exclusivo)
Los anuncios no solo irrumpirán para los usuarios de la versión gratuita de ChatGPT, sino que también alcanzarán a quienes opten por su flamante nivel «Go», lanzado apenas el viernes y con un costo de 8 dólares en EE. UU. o 9,99 euros mensuales en España. Este nivel, que promete más mensajes y la posibilidad de generar más imágenes que la opción libre de costo, igualmente exhibirá publicidad. Solo los suscriptores de las versiones premium —Plus (20 dólares/23 euros al mes) y Pro (200 dólares/229 euros)— quedarán exentos de la intromisión publicitaria. Una diferencia considerable para quienes buscan una experiencia sin interrupciones.
La empresa insiste en que la publicidad no influirá en las respuestas del chatbot, presentándose en «cajas separadas y claramente etiquetadas» justo debajo de la contestación generada. ¿Un ejemplo? Si usted le pide ayuda a ChatGPT para planificar un viaje a Nueva York, seguirá recibiendo una respuesta estándar, pero podría ver, casi como por arte de magia, un anuncio de un hotel en Manhattan. Fidji Simo, CEO de aplicaciones de OpenAI, se pronunció al respecto: “La gente confía en ChatGPT para muchas tareas importantes y personales, así que a medida que introducimos anuncios, es crucial que preservemos lo que hace valioso a ChatGPT en primer lugar. Eso significa que necesitas confiar en que las respuestas de ChatGPT están impulsadas por lo que es objetivamente útil, nunca por la publicidad”. Una declaración que, en el fondo, busca calmar un temor latente: ¿será la objetividad la primera baja en esta carrera por la monetización?
### La delgada línea de la privacidad en la era de los algoritmos
La gran pregunta que flota en el ambiente, más allá de la molestia por los banners, es ¿qué pasa con nuestros datos? OpenAI, en su comunicado, jura y perjura que “no venderá datos de usuarios ni expondrá conversaciones con ChatGPT” a los anunciantes. “Mantenemos tus conversaciones con ChatGPT privadas frente a los anunciantes y nunca les vendemos tus datos”, afirma, categórica. Incluso promete: “Siempre ofreceremos una forma de no ver anuncios en ChatGPT, lo que incluye un nivel de pago sin anuncios”. Palabras que suenan tranquilizadoras, pero que, como suele ocurrir, tienen su letra chica.
Un portavoz de OpenAI ha explicado a Wired que la compañía sí permitirá a los anunciantes ver «métricas agregadas de rendimiento publicitario», es decir, cuántas veces se mostró un anuncio o cuántos clics obtuvo. Para determinar qué publicidad mostrar, se emparejarán los temas de conversación con anuncios relevantes. Aunque se asegura que los usuarios podrán desactivar la personalización de datos para publicidad, la realidad es que ChatGPT ya recopila una vasta cantidad de información para «mejorar las respuestas», incluyendo rasgos personales, aficiones y restricciones dietéticas, y ha expandido sus funciones de memoria para recordar conversaciones previas. ¿Es suficiente la promesa de desactivar ciertas funciones cuando la IA ya tiene un perfil tan detallado de nosotros?
Eso sí, OpenAI establece límites: los anuncios nunca deberían aparecer en conversaciones sobre temas sensibles o regulados, como salud, salud mental o política, y no se servirán a menores de 18 años. Un gesto que intenta proyectar responsabilidad, aunque no disipa por completo las dudas sobre el uso de la información.
### El dilema de la monetización: la necesidad tiene cara de hereje
Detrás de esta decisión, que muchos veían venir, se esconde una realidad ineludible: la plata. ChatGPT se ha catapultado como uno de los productos de consumo más masivos de internet, con más de 800 millones de usuarios activos semanales, la inmensa mayoría de los cuales no paga un solo euro. Las plataformas digitales de esta magnitud, históricamente, han encontrado en la publicidad el modelo de negocio más rentable. Google, sin ir más lejos, construyó su imperio sobre esa base.
OpenAI, una empresa con una década de vida y aproximadamente 64.000 millones de dólares recaudados de inversores, carecía hasta ahora de un modelo de negocio claro para sostener su ambiciosa visión. La feroz competencia de gigantes como Google Gemini o Copilot de Microsoft solo ha intensificado la presión para rentabilizar la descomunal audiencia de ChatGPT.
Curiosamente, Sam Altman, CEO de OpenAI, había manifestado previamente sus reservas sobre la introducción de publicidad, definiéndola como “un último recurso” y advirtiendo que podría erosionar la confianza de los usuarios. Parece que ese «último recurso» ha llegado antes de lo esperado.
La empresa, en un intento por cerrar filas, concluye: “Aprenderemos de los comentarios y perfeccionaremos cómo aparecen los anuncios con el tiempo, pero nuestro compromiso de poner a los usuarios primero y mantener la confianza no cambiará”. Una declaración que, en el vertiginoso mundo de la inteligencia artificial, resuena más como una declaración de intenciones que como una garantía absoluta. Lo que sí es seguro es que el debate recién empieza.