Myriam Bregman resiste una candidatura en la Ciudad de Buenos Aires y, dentro del Frente de Izquierda, rechazan cualquier tipo de acuerdo electoral con el peronismo o el radicalismo. El debate se abrió en medio del crecimiento de la dirigente en las encuestas y de la búsqueda de postulantes para las elecciones porteñas de 2027.
En los últimos meses, Bregman escaló en términos de imagen frente a la caída de dirigentes tradicionales de la política. Ese crecimiento encendió el interés de distintos sectores, especialmente en la Ciudad, distrito donde la izquierda suele mostrar sus mejores desempeños electorales y donde la referente del FIT registra una mayor aceptación.
El peronismo mira a Bregman, pero descarta un acuerdo formal
En el peronismo interpretan la visita de Bregman a Cristina Kirchner como un gesto que podría servirle para disputar votos del PJ referenciados en Juan Grabois. Sin embargo, consideran inviable un acuerdo formal por la propia naturaleza del trotskismo, que veta los pactos con partidos considerados burgueses.
“Es un experimento que puede funcionar en un laboratorio, pero va a ser muy difícil que suceda en una ciudad”, analizó un dirigente del PJ porteño.
La imposibilidad de un acuerdo también se extendería a una eventual segunda vuelta. De todos modos, en el peronismo hacen una salvedad: creen que los propios votantes de la izquierda podrían inclinarse por un candidato no libertario, aun sin una alianza explícita entre las fuerzas.
La lectura del radicalismo y el cálculo electoral del FIT
En el radicalismo sostienen que Bregman tiene mejor desempeño en elecciones legislativas que en ejecutivas. Aun así, consideran que la diputada podría buscar una candidatura presidencial para fortalecer al Frente de Izquierda y ampliar su representación en el Congreso.
“Si pierde en la Ciudad, se le va a complicar hacer una buena elección en octubre”, pronosticaron desde ese sector.
Cerca de la diputada aseguran que no se moverá del FIT y que buscará una candidatura presidencial. Para eso, deberá imponerse en la primaria del Frente de Izquierda. De todas formas, en su entorno bajan el tono de la discusión electoral y remarcan que «no es momento de hablar de candidaturas», porque «el pueblo trabajador no da más, que hay que derrotar en las calles a Milei y su plan de hambre y entrega».
Distritos en la mira y la discusión en la oposición
La apuesta del Frente de Izquierda es que una boleta presidencial encabezada por Bregman traccione votos y permita sumar bancas, además de las actuales tres diputaciones por la Provincia de Buenos Aires, dos de ellas del Partido Obrero, y la banca por la Ciudad. Entre los distritos con mayores expectativas aparecen Jujuy, Mendoza y Neuquén.
En la última semana, el PTS lanzó comités en varias provincias con el objetivo de organizar a la militancia de cara a 2027.
El crecimiento de Bregman en las encuestas también abrió el debate en el peronismo y en la UCR, donde buscan un postulante competitivo para las elecciones porteñas. En el peronismo aseguran que las candidaturas siguen abiertas e incluyen nombres como Santoro, Lammens, Recalde y el actor Leonardo Sbaraglia.
Myriam Bregman resiste una candidatura en la Ciudad de Buenos Aires y, según su entorno, se mantiene dentro del Frente de Izquierda con la mira puesta en una eventual postulación presidencial. En el FIT descartan acuerdos con el peronismo o el radicalismo, mientras su crecimiento en encuestas inquieta a otros espacios políticos.
Myriam Bregman volvió a hacer lo que mejor incomoda al sistema político argentino: crecer en las encuestas sin pedir permiso, sin pasar por el living del consultor de campaña y sin ofrecer una foto sonriente con dirigentes a los que después habría que explicarles qué significa “partido burgués”. En una escena nacional donde los dirigentes tradicionales caen en imagen como si estuvieran compitiendo por ver quién llega primero al subsuelo, la referente del Frente de Izquierda aparece con mejores números y desata una pregunta que en varios despachos suena a alarma contra incendios: qué hacer con una candidata que no parece interesada en ser domesticada.
En el peronismo porteño miran el fenómeno con una mezcla de cálculo electoral, curiosidad científica y la resignación de quien observa un experimento que podría funcionar, siempre y cuando no intervenga la realidad. La visita de Bregman a Cristina Kirchner fue leída por algunos como una posible llave para disputar votos vinculados a Juan Grabois, pero enseguida apareció el problema central: el trotskismo no suele armar acuerdos con partidos tradicionales como quien comparte una mesa de café. Más bien mira esas invitaciones con la misma confianza con la que uno mira un correo que promete dólares retenidos en un banco africano.
“Es un experimento que puede funcionar en un laboratorio, pero va a ser muy difícil que suceda en una ciudad”, resumió un dirigente del PJ porteño, con precisión de químico electoral y pesimismo de quien ya vio demasiadas alianzas nacer con épica y terminar discutiendo lugares en una lista sábana. En la segunda vuelta, el peronismo imagina otra película: no habría acuerdo formal, pero sí una migración espontánea de votantes de izquierda hacia un candidato no libertario. Una especie de pacto invisible, sin firma, sin foto y sin comunicado, que en política argentina ya cuenta como tecnología de punta.
El radicalismo, por su parte, también hizo sus cuentas. Allí sostienen que Bregman suele rendir mejor en elecciones legislativas que ejecutivas, aunque admiten que una candidatura presidencial podría servirle al FIT para intentar ampliar su representación parlamentaria. Traducido al idioma de la rosca: nadie quiere invitarla demasiado, pero todos quieren saber cuántos votos puede mover antes de que empiece a moverles el piso.
Cerca de la diputada insisten en que no se moverá del Frente de Izquierda y que cualquier discusión electoral deberá pasar por la interna del espacio. Mientras tanto, el PTS ya lanzó comités en varias provincias con la vista puesta en 2027. El tablero empieza a ordenarse, pero con una particularidad: Bregman no parece dispuesta a entrar al ajedrez tradicional para jugar con las piezas de siempre. Más bien parece decidida a patear el tablero, levantarlo, explicar por qué el tablero reproduce relaciones de dominación y después convocar una asamblea para discutir qué se hace con los peones.