La morosidad en los préstamos a las familias volvió a crecer en mayo y ya son casi 7 millones las personas que quedaron fuera de las condiciones necesarias para acceder a nuevos créditos bancarios o extrabancarios. Así lo indicó un informe elaborado por la consultora 1816, que analizó los datos de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), cuya actualización oficial será publicada hacia fines de julio.
De acuerdo con el reporte, la irregularidad en los créditos a hogares acumula 19 meses consecutivos de aumento, una tendencia que, según los analistas, limitará el aporte del financiamiento al crecimiento económico durante los próximos meses.
El crédito pierde impulso por el aumento de la mora
«De acá a las elecciones del año que viene difícilmente el crédito a familias sea un motor muy relevante de la actividad económica, como lo fue en el segundo semestre de 2024 y primer semestre de 2025, dado que más del 27% de las personas que tomaron préstamos dejaron de ser ‘sujetos de crédito’, por estar en mora», señaló el informe.
No obstante, la consultora consideró que el escenario no implica necesariamente una desaceleración de la economía. «Lo ‘positivo’ es que el peso del crédito en la economía local es tan pequeño que eso no significa que el PBI no pueda continuar creciendo en los próximos 12 meses», sostuvo.
La mora alcanzó niveles que no se veían desde la Convertibilidad
Según los cálculos realizados con la misma metodología utilizada por el Banco Central, la mora de las familias pasó del 12,1% en abril al 12,7% en mayo. En las empresas, el indicador aumentó del 3,3% al 3,5%, mientras que la mora total del sector privado avanzó del 7,3% al 7,7%.
El informe aclaró que el dato definitivo podría sufrir algún ajuste menor, ya que el BCRA suele realizar actualizaciones posteriores sobre la base de datos de la Central de Deudores.
La evolución de la mora refleja un fuerte deterioro en menos de dos años. En octubre de 2024, la irregularidad en los préstamos a hogares se ubicaba en 2,5%, mientras que en mayo de 2026 superó el 12%, multiplicándose por más de cinco. Según la consultora, no existen antecedentes de una aceleración similar desde la crisis de la Convertibilidad.
Menor oferta de préstamos y subas en la mayoría de los bancos
El informe explicó que, para reducir el porcentaje de morosidad, el volumen total de financiaciones debería crecer a un ritmo superior al de los préstamos en situación irregular. Sin embargo, si bien desde mayo el crédito en pesos al sector privado dejó de caer en términos reales, prácticamente no registró crecimiento.
La consultora destacó además que la banca pública evitó una contracción más pronunciada del financiamiento, mientras que los bancos privados redujeron de manera significativa la generación de nuevos préstamos durante los primeros meses del año, de acuerdo con los balances presentados por las entidades financieras.
La situación también se reflejó a nivel institucional. De las 30 entidades con mayor volumen de préstamos a familias, en 26 la morosidad de mayo fue superior a la registrada en abril. Los datos por entidad ya se encuentran disponibles en la plataforma de la consultora, dentro de la sección «Morosidad» del apartado dedicado al sistema financiero.
La morosidad en los créditos a las familias volvió a aumentar en mayo y acumula 19 meses consecutivos de crecimiento, según un informe de la consultora 1816 basado en datos de la Central de Deudores del BCRA. La situación dejó a casi 7 millones de personas fuera del mercado de crédito, mientras los especialistas advierten que el financiamiento difícilmente impulse la actividad económica en el corto plazo.
Durante años el crédito prometía convertirse en ese amigo que aparecía cuando el bolsillo pedía auxilio. Pero la realidad decidió escribir otro guion: ahora, cada cuota impaga funciona como una contraseña para ingresar al exclusivo club de quienes reciben un elegante «vuelva en otro momento». No hay alfombra roja, apenas una planilla con números que crecen con la misma constancia con la que desaparecen las promociones bancarias apenas uno las necesita.
La morosidad parece haber encontrado una vocación que muchos envidiarían: no falta un solo mes al trabajo. Lleva 19 aumentos consecutivos y mantiene una disciplina admirable, aunque bastante poco conveniente para millones de argentinos. Mientras tanto, los bancos observan las estadísticas con el entusiasmo de quien descubre que el detector de humo no dejó de sonar porque, efectivamente, sigue habiendo humo.
El fenómeno tiene algo de ironía económica. Hace no tanto el crédito era presentado como uno de los motores del consumo; ahora ese motor intenta arrancar con una batería descargada y un tablero lleno de luces de advertencia. Las familias hacen cuentas, refinancian, reorganizan gastos y estiran ingresos con una elasticidad que ya debería cotizar como deporte olímpico. Del otro lado, las entidades financieras endurecen sus criterios y el acceso al financiamiento empieza a parecerse a una lista de invitados donde cada atraso elimina un nombre.
Los números, que suelen tener menos sentido del humor que cualquier editorial, terminan imponiendo el tono de la conversación. Casi siete millones de personas quedaron fuera de las condiciones necesarias para obtener nuevos préstamos y la mora alcanzó niveles que no se observaban desde los tiempos posteriores a la Convertibilidad. La economía sigue avanzando por otros carriles, pero el crédito familiar, que hasta hace poco aspiraba a ser protagonista, hoy parece conformarse con un papel secundario. En definitiva, las estadísticas no gritan, no protestan y no marchan: simplemente se acumulan. Y cuando eso ocurre durante 19 meses seguidos, incluso las calculadoras empiezan a mirar el calendario con cierta preocupación.