Miles de personas se concentraron frente al Congreso mientras el Senado debatía la ley denominada por el Gobierno como de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Pese a la lluvia, la movilización ocupó la plaza del Congreso, se extendió por avenida de Mayo hasta la 9 de Julio y alcanzó también sectores de avenida Callao.
Los manifestantes llevaron banderas argentinas y carteles con las consignas “La patria no se vende” y una variante para la ocasión, “La tierra no se vende”. La concentración se mantuvo frente al Congreso desde la una de la tarde hasta alrededor de las cinco, cuando comenzó el avance de las fuerzas de seguridad.
Durante el operativo se utilizaron gases lacrimógenos y camiones hidrantes, mientras que también se produjeron detenciones. Una fotoperiodista recibió un golpe en la cabeza y otro manifestante sufrió un impacto en un ojo. Tras el despliegue policial, grupos de manifestantes intentaron regresar a la plaza y a las calles cercanas, donde entonaron el himno nacional y consignas como “el pueblo unido jamás será vencido” y “que se vayan todos”. También hubo expresiones de rechazo al presidente Javier Milei.
Aunque el Gobierno retiró del tratamiento en el Senado uno de los capítulos más cuestionados, que habilitaba la venta de tierras a extranjeros, la protesta se hizo igual, con el reclamo de que el proyecto fuera rechazado entero.
Entre los puntos que continuaron en discusión estaban la habilitación de desalojos express para inquilinos que no pudieran cumplir a tiempo con el pago del alquiler, cambios en la Ley de Manejo del Fuego y modificaciones en las herramientas disponibles para que el Estado realice expropiaciones.
Malvinas, soberanía y rechazo a la venta de tierras
Uno de los símbolos que apareció con fuerza durante la movilización estuvo vinculado con el reclamo argentino de soberanía sobre las islas Malvinas. La bandera utilizada por la selección argentina en el partido contra Inglaterra, con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, fue reproducida con una estética similar y apareció en remeras y pancartas.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof participó de la protesta y cuestionó “la locura de la venta de las tierras rurales a capitales extranjeros” y la de los “los otros capítulos de esta ley que también son nefastos”.
En medio del operativo de seguridad, grupos de manifestantes retiraron banderas de Estados Unidos de hoteles internacionales ubicados en la zona. La lluvia impidió que fueran quemadas.
El operativo en las inmediaciones del Congreso se prolongó durante cuatro horas. Durante ese período se registraron nuevos intentos de manifestantes por regresar a la plaza y se observaron efectivos disparando proyectiles directamente hacia las personas, en lugar de dirigirlos hacia arriba o hacia el suelo, como establecen los protocolos para armas denominadas “menos letales”.
Entre los heridos hubo una fotoperiodista que recibió un golpe desde atrás en la cabeza y debió ser trasladada a un hospital. La médica que la asistió en la calle señaló que sangraba por un oído y que había sufrido un traumatismo de cráneo. Otro manifestante recibió un impacto en un ojo de lo que parecía una bala de goma.
Una convocatoria diversa pese al temporal
La jornada comenzó bajo una fuerte tormenta que hizo prever una convocatoria menor. Durante la mañana algunas calles del centro quedaron anegadas y se registró granizo sobre la avenida 9 de Julio. Sin embargo, hacia el mediodía la intensidad del temporal disminuyó y comenzaron a llegar los primeros grupos.
Entre los sectores convocantes estuvieron organizaciones del peronismo y de izquierda, la CGT, las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular.
La Unión de Trabajadores de la Tierra estacionó frente al Congreso un camión con verduras para repartir entre quienes llegaban a la manifestación. “Soy jubilada, estoy yendo a un centro de día para poder comer porque cobro la mínima y no me alcanza”, relató una mujer que esperaba en la fila.
También participaron agrupaciones de jubilados que habitualmente se movilizan los miércoles y que en jornadas anteriores habían quedado alcanzadas por operativos policiales.
A las dos de la tarde, dentro del Congreso, los senadores comenzaron el debate. La lluvia se detuvo por un período y la cantidad de personas aumentó hasta ocupar las calles que rodean la plaza y parte de avenida de Mayo.
La composición de la movilización fue heterogénea: participaron militantes peronistas y de izquierda, sindicatos, delegaciones de pueblos originarios y movimientos sociales, cada uno con sus respectivas identificaciones.
A esas organizaciones se sumaron grupos creados recientemente a partir del rechazo al proyecto. Entre ellos estuvieron los Autoconvocados por Nuestra Tierra, cuyos integrantes se reunieron frente a la calesita de la plaza. Para varios de ellos era la primera vez que se encontraban personalmente e incluso que participaban de una protesta.
Uno de los jóvenes tomó un megáfono y se dirigió al grupo: “No estamos acá para confrontar con la policía, ni para hacer una guerra ni una lucha. Estamos para presentarnos, con responsabilidad, por un futuro mejor para todos nosotros”.
El operativo de seguridad incluyó efectivos de la Policía Federal, la Policía de la Ciudad, Gendarmería, Prefectura y el Servicio Penitenciario. El frente del edificio del Congreso permaneció vallado.
Antes del comienzo de los incidentes, la manifestación mantuvo un tono festivo. Sobre avenida de Mayo, el grupo de percusión teatral El Choque Urbano se presentó con sus tambores y un cantante arengó a los presentes con la frase “El que no salta vota la ley”, tras lo cual numerosos manifestantes comenzaron a saltar.
Militantes de Soberanxs realizaron además una actividad participativa con 22 mil metros de lino cortados en retazos de medio metro y aerosoles para que cada persona escribiera una consigna. Entre los mensajes aparecieron “Fuera Peter Thiel de la Argentina”, “Caputo a la horca” y “La tierra no se entrega”.
Gases, hidrantes y detenciones
A partir de las cinco de la tarde comenzó el avance de las fuerzas de seguridad sobre la plaza de los Dos Congresos. Más de dos mil efectivos federales participaron del operativo, que fue aumentando su intensidad mientras grupos de manifestantes resistían el desplazamiento e intentaban volver hacia la plaza.
Los gases lacrimógenos fueron utilizados de manera generalizada y provocaron corridas, dificultades respiratorias y situaciones de pánico que se extendieron hacia avenida 9 de Julio y avenida Callao.
El operativo volvió a mostrar efectivos disparando gases en dirección a los manifestantes, pese al antecedente reciente de Pablo Grillo, el fotógrafo que había resultado gravemente herido tras recibir el impacto de un proyectil de gas lacrimógeno.
Cuando cayó el sol, grupos de agentes en motocicleta avanzaron para desalojar por completo las calles Rivadavia, Hipólito Yrigoyen y avenida de Mayo. Durante esos procedimientos se realizaron distintas detenciones.
Fuentes policiales informaron que al menos once manifestantes fueron detenidos bajo los cargos de “atentado y resistencia a la autoridad”. Al cierre de la jornada, la cantidad total de personas heridas todavía no estaba determinada.
Miles de personas se movilizaron este jueves frente al Congreso mientras el Senado debatía la denominada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La protesta, que se extendió pese a la lluvia, rechazó el proyecto completo y terminó con un operativo de las fuerzas de seguridad que incluyó gases lacrimógenos, camiones hidrantes, detenciones y personas heridas.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
El Congreso volvió a ofrecer una de esas postales en las que la política argentina parece escrita por un guionista convencido de que la sutileza es para cobardes: adentro, senadores discutiendo propiedad privada; afuera, miles de personas bajo la lluvia preguntándose, básicamente, de quién será la propiedad cuando termine la discusión. El cielo aportó tormenta, granizo y agua suficiente como para desalentar a cualquiera con un paraguas de baja autoestima, pero la plaza se llenó igual.
El Gobierno había retirado del debate el capítulo más cuestionado, el que habilitaba la venta de tierras a extranjeros, posiblemente con la esperanza de que la protesta interpretara el gesto como un “bueno, entonces quedamos así”. La multitud, sin embargo, aplicó esa extraña costumbre democrática de leer también el resto del proyecto y mantuvo la convocatoria. Porque todavía quedaban desalojos express, modificaciones sobre la Ley de Manejo del Fuego y cambios en las herramientas estatales de expropiación. Una especie de menú legislativo donde sacar el plato principal no necesariamente convierte la cena en vegetariana.
La jornada incluso recicló símbolos mundialistas: la consigna “Las Malvinas son argentinas” pasó de las tribunas del fútbol a las remeras y pancartas frente al Congreso. Argentina consiguió así otra proeza cultural difícil de exportar: transformar una bandera futbolera en argumento de soberanía territorial en menos tiempo del que tarda una comisión parlamentaria en pedir un cuarto intermedio.
Hasta las cinco de la tarde la escena combinó tambores, banderas, verduras repartidas desde un camión y consignas pintadas sobre retazos de lino. Después llegaron los gases, los hidrantes y las detenciones, porque en determinadas jornadas institucionales la transición entre festival popular y operativo policial ocurre con la eficiencia administrativa que rara vez se observa en otros trámites del Estado.
La represión se extendió durante horas y muchos manifestantes intentaron regresar una y otra vez hacia la plaza. Hubo heridos, detenciones y corridas por avenida de Mayo y Callao. Entre tanto caos, todavía hubo espacio para el himno, “el pueblo unido jamás será vencido” y “que se vayan todos”, demostrando que el repertorio político argentino puede atravesar generaciones, crisis, gobiernos y gases lacrimógenos sin necesidad de actualizar la lista de reproducción.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Miles de personas se concentraron frente al Congreso mientras el Senado debatía la ley denominada por el Gobierno como de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Pese a la lluvia, la movilización ocupó la plaza del Congreso, se extendió por avenida de Mayo hasta la 9 de Julio y alcanzó también sectores de avenida Callao.
Los manifestantes llevaron banderas argentinas y carteles con las consignas “La patria no se vende” y una variante para la ocasión, “La tierra no se vende”. La concentración se mantuvo frente al Congreso desde la una de la tarde hasta alrededor de las cinco, cuando comenzó el avance de las fuerzas de seguridad.
Durante el operativo se utilizaron gases lacrimógenos y camiones hidrantes, mientras que también se produjeron detenciones. Una fotoperiodista recibió un golpe en la cabeza y otro manifestante sufrió un impacto en un ojo. Tras el despliegue policial, grupos de manifestantes intentaron regresar a la plaza y a las calles cercanas, donde entonaron el himno nacional y consignas como “el pueblo unido jamás será vencido” y “que se vayan todos”. También hubo expresiones de rechazo al presidente Javier Milei.
Aunque el Gobierno retiró del tratamiento en el Senado uno de los capítulos más cuestionados, que habilitaba la venta de tierras a extranjeros, la protesta se hizo igual, con el reclamo de que el proyecto fuera rechazado entero.
Entre los puntos que continuaron en discusión estaban la habilitación de desalojos express para inquilinos que no pudieran cumplir a tiempo con el pago del alquiler, cambios en la Ley de Manejo del Fuego y modificaciones en las herramientas disponibles para que el Estado realice expropiaciones.
Malvinas, soberanía y rechazo a la venta de tierras
Uno de los símbolos que apareció con fuerza durante la movilización estuvo vinculado con el reclamo argentino de soberanía sobre las islas Malvinas. La bandera utilizada por la selección argentina en el partido contra Inglaterra, con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, fue reproducida con una estética similar y apareció en remeras y pancartas.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof participó de la protesta y cuestionó “la locura de la venta de las tierras rurales a capitales extranjeros” y la de los “los otros capítulos de esta ley que también son nefastos”.
En medio del operativo de seguridad, grupos de manifestantes retiraron banderas de Estados Unidos de hoteles internacionales ubicados en la zona. La lluvia impidió que fueran quemadas.
El operativo en las inmediaciones del Congreso se prolongó durante cuatro horas. Durante ese período se registraron nuevos intentos de manifestantes por regresar a la plaza y se observaron efectivos disparando proyectiles directamente hacia las personas, en lugar de dirigirlos hacia arriba o hacia el suelo, como establecen los protocolos para armas denominadas “menos letales”.
Entre los heridos hubo una fotoperiodista que recibió un golpe desde atrás en la cabeza y debió ser trasladada a un hospital. La médica que la asistió en la calle señaló que sangraba por un oído y que había sufrido un traumatismo de cráneo. Otro manifestante recibió un impacto en un ojo de lo que parecía una bala de goma.
Una convocatoria diversa pese al temporal
La jornada comenzó bajo una fuerte tormenta que hizo prever una convocatoria menor. Durante la mañana algunas calles del centro quedaron anegadas y se registró granizo sobre la avenida 9 de Julio. Sin embargo, hacia el mediodía la intensidad del temporal disminuyó y comenzaron a llegar los primeros grupos.
Entre los sectores convocantes estuvieron organizaciones del peronismo y de izquierda, la CGT, las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular.
La Unión de Trabajadores de la Tierra estacionó frente al Congreso un camión con verduras para repartir entre quienes llegaban a la manifestación. “Soy jubilada, estoy yendo a un centro de día para poder comer porque cobro la mínima y no me alcanza”, relató una mujer que esperaba en la fila.
También participaron agrupaciones de jubilados que habitualmente se movilizan los miércoles y que en jornadas anteriores habían quedado alcanzadas por operativos policiales.
A las dos de la tarde, dentro del Congreso, los senadores comenzaron el debate. La lluvia se detuvo por un período y la cantidad de personas aumentó hasta ocupar las calles que rodean la plaza y parte de avenida de Mayo.
La composición de la movilización fue heterogénea: participaron militantes peronistas y de izquierda, sindicatos, delegaciones de pueblos originarios y movimientos sociales, cada uno con sus respectivas identificaciones.
A esas organizaciones se sumaron grupos creados recientemente a partir del rechazo al proyecto. Entre ellos estuvieron los Autoconvocados por Nuestra Tierra, cuyos integrantes se reunieron frente a la calesita de la plaza. Para varios de ellos era la primera vez que se encontraban personalmente e incluso que participaban de una protesta.
Uno de los jóvenes tomó un megáfono y se dirigió al grupo: “No estamos acá para confrontar con la policía, ni para hacer una guerra ni una lucha. Estamos para presentarnos, con responsabilidad, por un futuro mejor para todos nosotros”.
El operativo de seguridad incluyó efectivos de la Policía Federal, la Policía de la Ciudad, Gendarmería, Prefectura y el Servicio Penitenciario. El frente del edificio del Congreso permaneció vallado.
Antes del comienzo de los incidentes, la manifestación mantuvo un tono festivo. Sobre avenida de Mayo, el grupo de percusión teatral El Choque Urbano se presentó con sus tambores y un cantante arengó a los presentes con la frase “El que no salta vota la ley”, tras lo cual numerosos manifestantes comenzaron a saltar.
Militantes de Soberanxs realizaron además una actividad participativa con 22 mil metros de lino cortados en retazos de medio metro y aerosoles para que cada persona escribiera una consigna. Entre los mensajes aparecieron “Fuera Peter Thiel de la Argentina”, “Caputo a la horca” y “La tierra no se entrega”.
Gases, hidrantes y detenciones
A partir de las cinco de la tarde comenzó el avance de las fuerzas de seguridad sobre la plaza de los Dos Congresos. Más de dos mil efectivos federales participaron del operativo, que fue aumentando su intensidad mientras grupos de manifestantes resistían el desplazamiento e intentaban volver hacia la plaza.
Los gases lacrimógenos fueron utilizados de manera generalizada y provocaron corridas, dificultades respiratorias y situaciones de pánico que se extendieron hacia avenida 9 de Julio y avenida Callao.
El operativo volvió a mostrar efectivos disparando gases en dirección a los manifestantes, pese al antecedente reciente de Pablo Grillo, el fotógrafo que había resultado gravemente herido tras recibir el impacto de un proyectil de gas lacrimógeno.
Cuando cayó el sol, grupos de agentes en motocicleta avanzaron para desalojar por completo las calles Rivadavia, Hipólito Yrigoyen y avenida de Mayo. Durante esos procedimientos se realizaron distintas detenciones.
Fuentes policiales informaron que al menos once manifestantes fueron detenidos bajo los cargos de “atentado y resistencia a la autoridad”. Al cierre de la jornada, la cantidad total de personas heridas todavía no estaba determinada.
Miles de personas se movilizaron este jueves frente al Congreso mientras el Senado debatía la denominada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La protesta, que se extendió pese a la lluvia, rechazó el proyecto completo y terminó con un operativo de las fuerzas de seguridad que incluyó gases lacrimógenos, camiones hidrantes, detenciones y personas heridas.
El Congreso volvió a ofrecer una de esas postales en las que la política argentina parece escrita por un guionista convencido de que la sutileza es para cobardes: adentro, senadores discutiendo propiedad privada; afuera, miles de personas bajo la lluvia preguntándose, básicamente, de quién será la propiedad cuando termine la discusión. El cielo aportó tormenta, granizo y agua suficiente como para desalentar a cualquiera con un paraguas de baja autoestima, pero la plaza se llenó igual.
El Gobierno había retirado del debate el capítulo más cuestionado, el que habilitaba la venta de tierras a extranjeros, posiblemente con la esperanza de que la protesta interpretara el gesto como un “bueno, entonces quedamos así”. La multitud, sin embargo, aplicó esa extraña costumbre democrática de leer también el resto del proyecto y mantuvo la convocatoria. Porque todavía quedaban desalojos express, modificaciones sobre la Ley de Manejo del Fuego y cambios en las herramientas estatales de expropiación. Una especie de menú legislativo donde sacar el plato principal no necesariamente convierte la cena en vegetariana.
La jornada incluso recicló símbolos mundialistas: la consigna “Las Malvinas son argentinas” pasó de las tribunas del fútbol a las remeras y pancartas frente al Congreso. Argentina consiguió así otra proeza cultural difícil de exportar: transformar una bandera futbolera en argumento de soberanía territorial en menos tiempo del que tarda una comisión parlamentaria en pedir un cuarto intermedio.
Hasta las cinco de la tarde la escena combinó tambores, banderas, verduras repartidas desde un camión y consignas pintadas sobre retazos de lino. Después llegaron los gases, los hidrantes y las detenciones, porque en determinadas jornadas institucionales la transición entre festival popular y operativo policial ocurre con la eficiencia administrativa que rara vez se observa en otros trámites del Estado.
La represión se extendió durante horas y muchos manifestantes intentaron regresar una y otra vez hacia la plaza. Hubo heridos, detenciones y corridas por avenida de Mayo y Callao. Entre tanto caos, todavía hubo espacio para el himno, “el pueblo unido jamás será vencido” y “que se vayan todos”, demostrando que el repertorio político argentino puede atravesar generaciones, crisis, gobiernos y gases lacrimógenos sin necesidad de actualizar la lista de reproducción.