Cristian Maximiliano Díaz, conocido como “el Gringo”, tenía 36 años y vivía en el complejo habitacional Samoré, en Villa Lugano. Allí también conocía a Cristian “Pity” Álvarez, aunque su hija, Jacqueline Guzzardi, se encargó de remarcar que no eran amigos.
Ambos arrastraban un conflicto previo que, según la reconstrucción judicial, había comenzado durante un episodio relacionado con el consumo de drogas. En una oportunidad, Álvarez quería comprar drogas y Díaz se ofreció a acompañarlo hasta la Villa 1-11-14.
De acuerdo con la investigación, durante ese viaje Díaz desapareció llevándose la mochila del músico. Álvarez sostuvo posteriormente que de allí faltaban algunas pertenencias y responsabilizó al “Gringo”. El conflicto permaneció latente hasta la madrugada del 12 de julio de 2018.
La discusión que terminó en el crimen
Cerca de la 1.30, Álvarez salió de la Torre 12 B del barrio Samoré acompañado por su amiga Agustina Inbernoz. A unos 50 metros se encontraban Díaz y su amigo Carlos Ulises Stiempcich.
Al verlo, Díaz se acercó al músico y retomó el conflicto que mantenían: “Vos sabés quién soy, te acordás de mí, te acordás cuando yo te llevé a la villa, vos dijiste que te faltaban cosas en la mochila y yo no soy rastrero”, le dijo.
La discusión fue subiendo de tono. Según la reconstrucción judicial, Díaz desafió a Álvarez a pelear y Stiempcich intentó separarlos.
En medio del enfrentamiento, Díaz le tocó la gorra al músico y realizó un ademán de golpearlo con la cabeza. Fue entonces cuando Álvarez sacó del bolsillo derecho de su campera una pistola calibre .25.
Al advertir que tenía un arma, Díaz respondió: “Si vas a tirar, tirá, gato”. Instantes después, Álvarez disparó.
El primer tiro fue realizado a corta distancia y dirigido a la cabeza. Díaz cayó al suelo y, según determinaron los testimonios y las pericias incorporadas a la causa, Álvarez efectuó al menos tres disparos más cuando la víctima ya se encontraba tendida.
La fuga y la entrega
Inbernoz presenció la secuencia. Tras escuchar las detonaciones, quedó en estado de shock y le preguntó al músico: “¿Qué hiciste, Cristian? ¿Qué hiciste?”.
Después, Álvarez le pidió las llaves de su Volkswagen Polo y ambos abandonaron el lugar. A pocos metros, el músico le entregó el arma y le dijo: “Tomá, tirá esto”.
La mujer declaró que, aterrada, arrojó la pistola dentro de una alcantarilla ubicada sobre la colectora Dellepiane Sur. El arma calibre .25 fue encontrada posteriormente durante un rastrillaje.
Durante el trayecto, según el relato de Inbernoz, Álvarez también se quitó la campera, la prendió fuego con un encendedor y la arrojó a la calle.
Luego continuó hasta Pinar de Rocha, en Ramos Mejía, donde presenció un recital de Ulises Bueno. Recién durante la mañana siguiente, después de permanecer varias horas prófugo, se presentó en la Comisaría 52 de Villa Lugano.
Antes de ingresar a la dependencia policial, reconoció ante los medios haber sido el autor del homicidio: “Lo maté porque era entre él o yo. Cualquier animal hubiera hecho lo mismo”.
El impacto en la hija de Díaz
Jacqueline Guzzardi tenía 16 años cuando se enteró de lo ocurrido. Recordó que la última vez que había visto a su padre había sido el 11 de julio de 2018, cuando pasó a llevarle unas cosas.
“Cuidate, ma, y portate bien. No hagas lío”, fueron las últimas palabras que recuerda haber escuchado de Díaz.
Horas después, alguien tocó el timbre de su departamento. Jacqueline bajó y encontró a su padre junto a un charco de sangre. “Lo reconocí al verlo. Me lo quedé mirando en estado de shock, no sabía si estaba vivo, muerto o agonizando”, recordó años después.
La joven también contó que antes del homicidio escuchaba la música de Álvarez, pero que después del crimen dejó de poder hacerlo. “No puedo escucharlo desde que mató a mi papá”, expresó en una entrevista.
En mayo pasado, cuando se confirmó que Álvarez estaba en condiciones de afrontar el juicio, Jacqueline volvió a expresarse en redes sociales: “Gracias señor, todo llega… realmente los tiempos de Dios son perfectos”.
El juicio que comienza ocho años después
Álvarez finalmente se sienta en el banquillo de los acusados ocho años después del crimen, luego de que el debate previsto inicialmente fuera suspendido en 2023 por su estado de salud mental.
Las audiencias están previstas para los días 10, 12, 14, 19, 24, 26 y 31 de agosto, y 2, 7, 9 y 14 de septiembre, en la sede de los tribunales ubicada en Paraguay 1536, en Recoleta.
Durante el debate está previsto que declaren alrededor de 70 testigos. Entre ellos se encuentran Agustina Inbernoz, quien acompañaba a Álvarez la noche del crimen; Carlos Ulises Stiempcich, amigo de Díaz y testigo del ataque; y el padre César Scicchitano Tagle, quien acompañó al músico durante su tratamiento y su posterior regreso a la vida en libertad.
En caso de ser condenado por homicidio simple, Álvarez podría recibir una pena de entre 8 y 25 años de prisión.
Cristian Maximiliano Díaz, conocido como “el Gringo”, tenía 36 años y vivía en el barrio Samoré de Villa Lugano, donde conocía a Pity Álvarez. El 12 de julio de 2018, ambos protagonizaron una discusión vinculada a un conflicto previo y el músico le disparó. Ocho años después, Álvarez enfrenta un juicio oral con unos 70 testigos.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Una discusión por una vieja mochila terminó con cuatro disparos y un juicio que llegó ocho años después. Cristian Maximiliano Díaz tenía 36 años, vivía en el barrio Samoré y conocía a Pity Álvarez; aquella madrugada, el conflicto que arrastraban terminó frente a una torre del complejo.
Díaz no era amigo del músico, según aclaró su hija, pero ambos se conocían del barrio. El episodio previo había ocurrido durante una compra de drogas que terminó con el “Gringo” llevándose la mochila de Álvarez y dejando atrás un problema que, como ciertas cuentas de almacén, parecía esperar pacientemente para reaparecer.
La madrugada del 12 de julio de 2018, Díaz se acercó a Álvarez y volvió sobre aquel conflicto. La discusión escaló, apareció un arma calibre .25 y, después de que Díaz dijera “Si vas a tirar, tirá, gato”, el músico disparó.
El primer tiro impactó en la cabeza. Cuando Díaz ya estaba en el suelo, Álvarez efectuó al menos tres disparos más, según la reconstrucción judicial basada en testimonios y pericias.
Después vino la fuga, el arma arrojada en una alcantarilla, la campera incendiada y un viaje hasta Pinar de Rocha para asistir a un recital. Al día siguiente, Álvarez se entregó y reconoció públicamente haber cometido el homicidio.
Ahora, ocho años después, la historia vuelve a una sala de tribunales. Hay 11 audiencias previstas, unos 70 testigos y una familia que lleva ocho años esperando que aquella madrugada deje de ser una herida abierta para convertirse, al menos, en una causa con sentencia.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Cristian Maximiliano Díaz, conocido como “el Gringo”, tenía 36 años y vivía en el complejo habitacional Samoré, en Villa Lugano. Allí también conocía a Cristian “Pity” Álvarez, aunque su hija, Jacqueline Guzzardi, se encargó de remarcar que no eran amigos.
Ambos arrastraban un conflicto previo que, según la reconstrucción judicial, había comenzado durante un episodio relacionado con el consumo de drogas. En una oportunidad, Álvarez quería comprar drogas y Díaz se ofreció a acompañarlo hasta la Villa 1-11-14.
De acuerdo con la investigación, durante ese viaje Díaz desapareció llevándose la mochila del músico. Álvarez sostuvo posteriormente que de allí faltaban algunas pertenencias y responsabilizó al “Gringo”. El conflicto permaneció latente hasta la madrugada del 12 de julio de 2018.
La discusión que terminó en el crimen
Cerca de la 1.30, Álvarez salió de la Torre 12 B del barrio Samoré acompañado por su amiga Agustina Inbernoz. A unos 50 metros se encontraban Díaz y su amigo Carlos Ulises Stiempcich.
Al verlo, Díaz se acercó al músico y retomó el conflicto que mantenían: “Vos sabés quién soy, te acordás de mí, te acordás cuando yo te llevé a la villa, vos dijiste que te faltaban cosas en la mochila y yo no soy rastrero”, le dijo.
La discusión fue subiendo de tono. Según la reconstrucción judicial, Díaz desafió a Álvarez a pelear y Stiempcich intentó separarlos.
En medio del enfrentamiento, Díaz le tocó la gorra al músico y realizó un ademán de golpearlo con la cabeza. Fue entonces cuando Álvarez sacó del bolsillo derecho de su campera una pistola calibre .25.
Al advertir que tenía un arma, Díaz respondió: “Si vas a tirar, tirá, gato”. Instantes después, Álvarez disparó.
El primer tiro fue realizado a corta distancia y dirigido a la cabeza. Díaz cayó al suelo y, según determinaron los testimonios y las pericias incorporadas a la causa, Álvarez efectuó al menos tres disparos más cuando la víctima ya se encontraba tendida.
La fuga y la entrega
Inbernoz presenció la secuencia. Tras escuchar las detonaciones, quedó en estado de shock y le preguntó al músico: “¿Qué hiciste, Cristian? ¿Qué hiciste?”.
Después, Álvarez le pidió las llaves de su Volkswagen Polo y ambos abandonaron el lugar. A pocos metros, el músico le entregó el arma y le dijo: “Tomá, tirá esto”.
La mujer declaró que, aterrada, arrojó la pistola dentro de una alcantarilla ubicada sobre la colectora Dellepiane Sur. El arma calibre .25 fue encontrada posteriormente durante un rastrillaje.
Durante el trayecto, según el relato de Inbernoz, Álvarez también se quitó la campera, la prendió fuego con un encendedor y la arrojó a la calle.
Luego continuó hasta Pinar de Rocha, en Ramos Mejía, donde presenció un recital de Ulises Bueno. Recién durante la mañana siguiente, después de permanecer varias horas prófugo, se presentó en la Comisaría 52 de Villa Lugano.
Antes de ingresar a la dependencia policial, reconoció ante los medios haber sido el autor del homicidio: “Lo maté porque era entre él o yo. Cualquier animal hubiera hecho lo mismo”.
El impacto en la hija de Díaz
Jacqueline Guzzardi tenía 16 años cuando se enteró de lo ocurrido. Recordó que la última vez que había visto a su padre había sido el 11 de julio de 2018, cuando pasó a llevarle unas cosas.
“Cuidate, ma, y portate bien. No hagas lío”, fueron las últimas palabras que recuerda haber escuchado de Díaz.
Horas después, alguien tocó el timbre de su departamento. Jacqueline bajó y encontró a su padre junto a un charco de sangre. “Lo reconocí al verlo. Me lo quedé mirando en estado de shock, no sabía si estaba vivo, muerto o agonizando”, recordó años después.
La joven también contó que antes del homicidio escuchaba la música de Álvarez, pero que después del crimen dejó de poder hacerlo. “No puedo escucharlo desde que mató a mi papá”, expresó en una entrevista.
En mayo pasado, cuando se confirmó que Álvarez estaba en condiciones de afrontar el juicio, Jacqueline volvió a expresarse en redes sociales: “Gracias señor, todo llega… realmente los tiempos de Dios son perfectos”.
El juicio que comienza ocho años después
Álvarez finalmente se sienta en el banquillo de los acusados ocho años después del crimen, luego de que el debate previsto inicialmente fuera suspendido en 2023 por su estado de salud mental.
Las audiencias están previstas para los días 10, 12, 14, 19, 24, 26 y 31 de agosto, y 2, 7, 9 y 14 de septiembre, en la sede de los tribunales ubicada en Paraguay 1536, en Recoleta.
Durante el debate está previsto que declaren alrededor de 70 testigos. Entre ellos se encuentran Agustina Inbernoz, quien acompañaba a Álvarez la noche del crimen; Carlos Ulises Stiempcich, amigo de Díaz y testigo del ataque; y el padre César Scicchitano Tagle, quien acompañó al músico durante su tratamiento y su posterior regreso a la vida en libertad.
En caso de ser condenado por homicidio simple, Álvarez podría recibir una pena de entre 8 y 25 años de prisión.
Cristian Maximiliano Díaz, conocido como “el Gringo”, tenía 36 años y vivía en el barrio Samoré de Villa Lugano, donde conocía a Pity Álvarez. El 12 de julio de 2018, ambos protagonizaron una discusión vinculada a un conflicto previo y el músico le disparó. Ocho años después, Álvarez enfrenta un juicio oral con unos 70 testigos.
Una discusión por una vieja mochila terminó con cuatro disparos y un juicio que llegó ocho años después. Cristian Maximiliano Díaz tenía 36 años, vivía en el barrio Samoré y conocía a Pity Álvarez; aquella madrugada, el conflicto que arrastraban terminó frente a una torre del complejo.
Díaz no era amigo del músico, según aclaró su hija, pero ambos se conocían del barrio. El episodio previo había ocurrido durante una compra de drogas que terminó con el “Gringo” llevándose la mochila de Álvarez y dejando atrás un problema que, como ciertas cuentas de almacén, parecía esperar pacientemente para reaparecer.
La madrugada del 12 de julio de 2018, Díaz se acercó a Álvarez y volvió sobre aquel conflicto. La discusión escaló, apareció un arma calibre .25 y, después de que Díaz dijera “Si vas a tirar, tirá, gato”, el músico disparó.
El primer tiro impactó en la cabeza. Cuando Díaz ya estaba en el suelo, Álvarez efectuó al menos tres disparos más, según la reconstrucción judicial basada en testimonios y pericias.
Después vino la fuga, el arma arrojada en una alcantarilla, la campera incendiada y un viaje hasta Pinar de Rocha para asistir a un recital. Al día siguiente, Álvarez se entregó y reconoció públicamente haber cometido el homicidio.
Ahora, ocho años después, la historia vuelve a una sala de tribunales. Hay 11 audiencias previstas, unos 70 testigos y una familia que lleva ocho años esperando que aquella madrugada deje de ser una herida abierta para convertirse, al menos, en una causa con sentencia.