El denominado Súper RIGI quedó trabado en el Senado luego de que el oficialismo no consiguiera reunir las firmas necesarias para emitir dictamen en el plenario conjunto de las comisiones que analizaban la iniciativa.
La resistencia llegó desde sectores de la oposición dialoguista, que reclamaron incorporar nuevas cláusulas destinadas a garantizar una mayor participación de proveedores nacionales dentro de los proyectos que accedan al régimen.
La situación fue confirmada por la jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, tras la reunión conjunta de las comisiones de Presupuesto y Hacienda, Legislación General y Economía Nacional e Inversión.
Qué cambios pidieron los senadores
El planteo fue impulsado por los senadores Maximiliano Abad, de la UCR; Carlos Espínola, del peronismo crítico; Martín Goerling, del PRO; y posteriormente se sumó María Victoria Huala, también del PRO.
Uno de los cambios solicitados establece un margen de preferencia del 15% para proveedores nacionales frente al precio de suministros importados.
En términos prácticos, esto implicaría que los proyectos incluidos en el régimen podrían verse obligados a contratar bienes o servicios de origen argentino aun cuando fueran hasta un 15% más caros que las alternativas del exterior.
La comparación, según la propuesta, debería realizarse sobre precios equivalentes puestos en destino, incluyendo los costos asociados a importación, traslado y provisión.
El planteo se sumó a otra modificación que el oficialismo ya había aceptado previamente: ampliar a bienes y servicios transables la cuota del 20% de industria nacional que deberían cumplir los proyectos interesados en acceder a los beneficios fiscales.
El oficialismo no consiguió destrabar el dictamen
Según explicó Bullrich, la nueva propuesta llegó pocas horas antes del comienzo del plenario, por lo que no hubo tiempo suficiente para analizarla junto con el Ministerio de Hacienda.
Ante la falta de una respuesta favorable, Espínola, Abad y Goerling decidieron no acompañar el dictamen. A ellos se sumó Huala.
Como consecuencia, el proyecto no consiguió la mayoría necesaria en ninguna de las tres comisiones que debían habilitar su tratamiento en el recinto.
La caída del dictamen obliga ahora al Gobierno a revisar su estrategia legislativa y eventualmente negociar nuevas modificaciones para intentar recuperar apoyos.
Bullrich incluso dejó abierta la posibilidad de que el Ejecutivo desista de avanzar con esta versión ampliada del régimen. “Si el Súper RIGI tiene tantos problemas, tendremos que quedarnos con el RIGI”.
Por el momento, el proyecto destinado a incentivar inversiones superiores a US$1.000 millones quedó sin dictamen y deberá esperar una nueva instancia de negociación antes de poder avanzar hacia el recinto.
El Gobierno no consiguió las firmas necesarias para emitir dictamen sobre el denominado Súper RIGI en el Senado. Senadores de sectores dialoguistas reclamaron incorporar mayores garantías para proveedores nacionales, incluido un margen de preferencia del 15%. El oficialismo rechazó avanzar sin analizar los cambios y el proyecto quedó trabado en las tres comisiones que lo trataban.
Faltaron firmas y sobró rosca: el Súper RIGI quedó frenado en el Senado después de que un grupo de aliados dialoguistas pidiera cambios de último momento para proteger a proveedores argentinos.
El reclamo central fue bastante concreto: que los proyectos beneficiados puedan priorizar oferta nacional incluso si cuesta hasta 15% más que la importada. Una suerte de “compre argentino”, pero con calculadora, anexos y suficiente letra chica como para convertir una compra industrial en una final de escribanos.
El oficialismo ya había aceptado una cuota del 20% para bienes y servicios transables de origen nacional, pero las nuevas exigencias llegaron demasiado cerca de la reunión y no hubo margen para analizarlas con Hacienda. Resultado: cuatro senadores no firmaron y el dictamen se cayó en las tres comisiones.
Patricia Bullrich incluso dejó una frase que resume el clima legislativo: “Si el Súper RIGI tiene tantos problemas, tendremos que quedarnos con el RIGI”. En otras palabras, el upgrade quedó trabado y el sistema volvió a la versión anterior, como cuando Windows te pregunta si querés restaurar la configuración porque algo salió mal.
El proyecto prometía atraer inversiones superiores a US$1.000 millones. Por ahora, el primer activo que no logró movilizar fue una mayoría de firmas.