Oscar González Oro murió este viernes 25 de septiembre, a los 74 años, en Punta del Este. La noticia provocó una profunda conmoción entre sus colegas y las figuras de los medios argentinos, que lo despidieron con mensajes de afecto, recuerdos personales y reconocimientos a una trayectoria que marcó la historia de la radio nacional.
Conocido popularmente como “el Negro”, González Oro fue una de las voces más reconocidas de la radio argentina. Durante casi cuatro décadas construyó una relación cercana con distintas generaciones de oyentes y convirtió sus programas matutinos en una referencia cotidiana para millones de personas.
Su fallecimiento generó numerosas expresiones de dolor entre periodistas y conductores que compartieron distintos momentos de su carrera. Los testimonios permitieron reconstruir tanto su dimensión profesional como aspectos de su personalidad y sus últimos años.
El dolor de sus colegas y el reconocimiento a su trayectoria
Uno de los primeros mensajes de despedida fue el de Eduardo Feinmann, quien expresó su tristeza con unas pocas palabras que reflejaron el vínculo que mantenía con el conductor: “Inmenso dolor. Te quiero, te querré siempre”.
El periodista Claudio Savoia también se manifestó tras conocer la noticia y recordó que González Oro atravesaba problemas de salud. “Estaba enfermo. QEPD. Abrazo grande a sus amigos, familiares y oyentes. Gran periodista”, escribió.
Por su parte, Sergio Lapegüe comunicó el fallecimiento durante su programa Lape Club Social, emitido por América, y destacó especialmente la capacidad que tenía González Oro para acompañar a los argentinos durante las mañanas.
“Nos acompañó durante tantas mañanas en diferentes radios, haciendo el programa más escuchado por las mañanas, acompañó a la gente”, expresó Lapegüe al recordar el vínculo que el conductor había construido con su audiencia.
Otro de los testimonios fue el de Nelson Castro, quien mantuvo una relación personal y profesional con González Oro a lo largo de los años. En declaraciones a TN, recordó que había conversado recientemente con él y que, durante aquel intercambio, le había transmitido una impresión positiva sobre su estado.
“Hace poco tiempo me contaba que estaba bien”, señaló Castro, quien también repasó la trayectoria del conductor desde sus primeros encuentros, cuando llegó a Buenos Aires.
El periodista destacó el éxito que González Oro alcanzó en la radio, su personalidad frente al micrófono y sus cualidades profesionales. Al describirlo, lo definió como “Un hombre con gran olfato, gran voz y vocación”. También resaltó su formación cultural y su pasión por la lectura.
La pandemia, sus últimos años y el origen del célebre “dale, gas”
Durante su homenaje, Nelson Castro también se refirió a uno de los períodos que, según su testimonio, resultó especialmente difícil para González Oro: las restricciones impuestas durante la pandemia.
El periodista explicó que el conductor disfrutaba de una intensa actividad social y que las limitaciones de aquellos años afectaron considerablemente su estilo de vida.
“A él lo afectó mucho la pandemia, las restricciones, porque era un hombre con una intensa vida social, salir con amigos, cine”, recordó Castro.
Además, compartió una anécdota relacionada con una de las expresiones más características de González Oro: “dale, gas”, una frase que terminó convirtiéndose en una marca de identidad de sus programas.
Según relató Castro, la expresión surgió a partir del apellido de uno de los operadores del conductor. Como se trataba de un apellido extenso, González Oro comenzó a abreviarlo y utilizó aquella fórmula para cerrar sus intervenciones al aire. Con el paso del tiempo, la frase se volvió reconocible para su audiencia.
El reconocimiento a su trayectoria también llegó de parte de Oscar Gómez Castañón, quien lo ubicó entre los grandes referentes de la radio argentina y destacó especialmente su protagonismo durante la segunda mañana.
“El Negrito fue el último gran número uno de la segunda mañana. En la saga de (Cacho) Fontana, de (Héctor) Larrea”, sostuvo el periodista, al establecer una comparación con dos figuras históricas del medio.
El último mensaje a Beto Casella y la reconciliación con los Martín Fierro
Uno de los testimonios más emotivos fue el de Beto Casella, quien reveló que había mantenido contacto con González Oro apenas unos días antes de su fallecimiento.
Durante su programa en Rock & Pop, Casella contó que el sábado anterior le había enviado un mensaje para preguntarle cómo se encontraba. La respuesta del conductor reflejó las dificultades físicas que atravesaba durante sus últimos días.
“Hola, amigo. Estoy bien, aunque la salud no me acompaña. Me cuesta trabajo caminar y mantener el equilibrio, el resto bien”, le respondió González Oro.
Casella, quien había compartido espacio televisivo con el histórico conductor, explicó que estaba al tanto de sus problemas de salud. También recordó haberlo visto durante una ceremonia de los Martín Fierro de Radio, donde González Oro recibió una mención especial.
Por su parte, Luis Ventura eligió despedirlo desde una perspectiva más personal y recordó la comunicación frecuente que mantenían.
“Yo tenía una frecuencia de comunicación con él. Lo llamaba permanentemente”, expresó Ventura, antes de referirse a uno de los episodios que consideró más significativos de los últimos años del conductor.
Se trató de la reconciliación de González Oro con los premios Martín Fierro y con la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas (APTRA), un acercamiento en el que Ventura aseguró haber tenido una participación directa.
“No me voy a quedar con ninguna angustia ni tristeza, porque me di el gusto de reconciliarlo con el Martín Fierro y con APTRA”, manifestó.
Ventura explicó que, cuando asumió aquella comisión, una de sus primeras gestiones estuvo vinculada con resolver las diferencias que mantenían al conductor distanciado de la entidad y de sus reconocimientos.
Las despedidas de Feinmann, Lapegüe, Castro, Gómez Castañón, Casella y Ventura reflejaron distintas facetas de Oscar González Oro, una figura que dejó una huella profunda en la radio argentina. Entre recuerdos profesionales, anécdotas personales y mensajes de afecto, sus colegas evocaron a un conductor que hizo de las mañanas un espacio de encuentro cotidiano con millones de oyentes.
La radio argentina perdió a uno de esos hombres capaces de hablar durante cuatro horas seguidas y conseguir que millones de personas sintieran que estaban desayunando con un amigo. Oscar González Oro tenía ese extraño superpoder que hoy parece patrimonio exclusivo de una especie en extinción: mantener a una audiencia cautiva sin necesidad de bailar frente a una cámara, organizar un escándalo o prometer que revelaría un secreto después de diecisiete tandas publicitarias.
El Negro convirtió la segunda mañana en un territorio donde su voz funcionaba como despertador, compañía y, ocasionalmente, autoridad doméstica. Había personas que probablemente no sabían qué día era, pero tenían perfectamente identificado cuándo González Oro estaba por mandar un «dale, gas». Una expresión que nació de la necesidad de abreviar el apellido de un operador y terminó convertida en patrimonio sentimental de la radio. La demostración definitiva de que, con suficiente talento, hasta un problema administrativo puede transformarse en una marca registrada.
Su muerte provocó una sucesión de despedidas entre colegas que, por una vez, coincidieron sin necesidad de organizar un debate televisivo. Eduardo Feinmann expresó su dolor, Sergio Lapegüe recordó aquellas mañanas multitudinarias y Nelson Castro destacó su cultura, su talento y su intensa vida social. En una industria donde conseguir que dos periodistas estén de acuerdo puede requerir una negociación diplomática, el reconocimiento a González Oro atravesó diferentes generaciones y estilos.
También aparecieron las historias que sobreviven cuando se apagan los micrófonos. Beto Casella reveló una conversación reciente en la que el conductor reconocía sus dificultades de salud, mientras Luis Ventura recordó con especial satisfacción haber contribuido a su reconciliación con los Martín Fierro y APTRA. Porque incluso las grandes figuras de la comunicación pueden mantener relaciones complicadas con las estatuillas, esos pequeños objetos dorados capaces de generar conflictos institucionales de dimensiones internacionales.
Oscar Gómez Castañón lo ubicó en la tradición de Cacho Fontana y Héctor Larrea, una comparación que permite comprender su dimensión profesional. González Oro perteneció a una generación que construyó audiencias a fuerza de oficio, personalidad y horas frente al micrófono. No necesitaba un algoritmo que recomendara su contenido: millones de argentinos ya habían incorporado su voz a la rutina. Y conseguir semejante fidelidad sin pedirle a nadie que activara la campanita constituye, visto desde el presente, una hazaña extraordinaria.