El cierre durante más de un mes del Paso Internacional Cristo Redentor, provocado por una acumulación extraordinaria de nieve en la Cordillera de los Andes, tuvo un fuerte impacto sobre el abastecimiento y el precio de la banana en la Argentina.
Una de las consecuencias fue el encarecimiento de la fruta proveniente de Ecuador. La caja de aproximadamente 19 kilos, que antes del cierre se comercializaba alrededor de los $30.000, llegó a ubicarse cerca de los $50.000, lo que representa un incremento cercano al 66% al comparar ambos valores.
La banana ecuatoriana tiene un peso determinante en el mercado argentino, ya que concentra alrededor del 65% del consumo nacional.
El cierre del Cristo Redentor complicó el ingreso de banana
El recorrido de la fruta explica buena parte del impacto que tuvo el bloqueo cordillerano. La producción sale desde Guayaquil, Ecuador, llega por vía marítima hasta Chile y posteriormente continúa en camiones hacia la Argentina.
La fruta es trasladada en contenedores y cada unidad de transporte puede movilizar uno completo. La imposibilidad de utilizar el corredor del Cristo Redentor obligó a los operadores a buscar rutas alternativas.
Parte de los transportes comenzó a ingresar al país por los pasos Pino Hachado y Cardenal Samoré, en Neuquén. Sin embargo, esas alternativas implican recorridos más extensos y cuentan con menor infraestructura aduanera y sanitaria para absorber un incremento significativo del tránsito comercial.
Las dificultades logísticas provocaron una menor fluidez en el abastecimiento y mayores costos de transporte, factores que terminaron reflejándose en los precios mayoristas de la fruta.
Productores del norte alertan por cambios fitosanitarios
En paralelo con las dificultades generadas por el cierre cordillerano, productores bananeros del norte argentino expresaron preocupación por cambios en la regulación destinada al ingreso y tránsito de bananas importadas.
El vocero e integrante de la cooperativa Ecas, Empresa Cooperativa de Alimentos Soberanos, Juan Pablo Della Villa, se manifestó “preocupado” por la derogación de normas que regulaban aspectos fitosanitarios de la comercialización de fruta importada en regiones productoras.
Della Villa explicó que por razones sanitarias “hace más de 35 años regía una normativa que cuidaba que en esas zonas no entren bananas importadas para tener cuidados productivos por cuestiones de plagas y pestes”.
La Resolución 114/2026 de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca derogó ocho resoluciones dictadas entre 1992 y 2013. Entre ellas se encuentran las resoluciones 99/1994, 823/2006 y 262/2013, vinculadas con el esquema sanitario que regulaba el ingreso y tránsito de bananas importadas en determinadas zonas del país.
Frente a esta modificación, Della Villa sostuvo: “Todos los productores del norte con los que hablamos y trabajamos están en alerta. La situación puede ser crítica por si alguna de esas pestes entrase en los campos”.
Qué sostiene el Gobierno sobre los controles
Desde el Gobierno sostienen que las disposiciones derogadas habían perdido vigencia práctica debido a que sus procedimientos fueron reemplazados por mecanismos más modernos de evaluación, trazabilidad, digitalización y fiscalización.
La posición oficial indica que la eliminación de esas resoluciones no supone dejar de controlar sanitariamente el ingreso de bananas importadas, sino actualizar y simplificar el marco regulatorio.
El sector productor, sin embargo, mantiene su preocupación frente al posible ingreso de plagas a las principales zonas bananeras del país. De esta manera, la actividad atraviesa simultáneamente dos frentes: las dificultades logísticas y el aumento de precios provocado por el cierre del paso cordillerano, y el debate sobre las nuevas condiciones fitosanitarias para la circulación de fruta importada.
El cierre durante más de un mes del Paso Internacional Cristo Redentor por las intensas nevadas complicó el ingreso de banana ecuatoriana a la Argentina y llevó la caja de 19 kilos de unos $30.000 a casi $50.000. En paralelo, productores del norte expresaron preocupación por cambios recientes en las normas fitosanitarias para el ingreso de fruta importada.
La Cordillera decidió cerrar la persiana y el mercado argentino descubrió rápidamente que una parte considerable de las bananas que termina en la frutera necesita atravesar medio continente y, sobre todo, conseguir que los Andes la dejen pasar. El cierre del Cristo Redentor durante más de un mes complicó el ingreso de fruta ecuatoriana y convirtió a una humilde caja de banana en un indicador financiero: pasó de aproximadamente $30.000 a casi $50.000. Un salto cercano al 66% capaz de hacer que el potasio empiece a cotizar como activo de cobertura.
La explicación está en una logística que podría protagonizar su propio documental. La banana sale de Guayaquil, cruza el Pacífico hasta Chile y después continúa en camión hacia la Argentina. Cuando Cristo Redentor quedó bloqueado por la nieve, los transportistas debieron recurrir a Pino Hachado y Cardenal Samoré, en Neuquén. El fruto siguió llegando, pero después de conocer bastante más de la Patagonia de lo que probablemente estaba contemplado en su plan de viaje.
Como si el precio no aportara suficiente dramatismo tropical, apareció otro debate alrededor de la banana. Productores del norte cuestionaron la derogación de antiguas normas fitosanitarias que restringían el ingreso de fruta importada en determinadas zonas para prevenir plagas. Juan Pablo Della Villa resumió la preocupación del sector: “Todos los productores del norte con los que hablamos y trabajamos están en alerta. La situación puede ser crítica por si alguna de esas pestes entrase en los campos”.
El Gobierno, en cambio, sostiene que las disposiciones eliminadas habían quedado reemplazadas por herramientas modernas de evaluación, trazabilidad, digitalización y fiscalización, y que la actualización normativa no significa abandonar los controles sanitarios. Así, la banana argentina quedó atrapada en una trama donde participan nieve, aduanas, camiones, plagas, resoluciones oficiales y productores preocupados. Todo para llegar amarilla y razonablemente accesible a una verdulería, una misión que últimamente parece exigir más coordinación internacional que algunas cumbres diplomáticas.