Una decisión tomada por Argentina para reducir la tensión militar con Chile terminó proyectándose a miles de kilómetros de Sudamérica: dos cruceros acorazados encargados originalmente para la Armada Argentina fueron vendidos a Japón y posteriormente utilizados en la guerra contra el Imperio ruso.
Se trataba del Mariano Moreno y el Bernardino Rivadavia, dos embarcaciones construidas por el astillero Ansaldo, en Génova, Italia. Los buques se encontraban prácticamente terminados cuando Argentina y Chile firmaron los Pactos de Mayo de 1902, acuerdos destinados a frenar la carrera armamentista y establecer un equilibrio naval entre ambos países.
Como consecuencia de ese entendimiento, Argentina debía desprenderse de las embarcaciones. Japón, que se encontraba en plena preparación ante un eventual conflicto con Rusia por la disputa sobre Corea y Manchuria, avanzó entonces con la compra.
La operación quedó formalizada el 30 de diciembre de 1903. El Mariano Moreno fue rebautizado Nisshin y el Bernardino Rivadavia pasó a llamarse Kasuga. Ambos buques zarparon hacia Japón en enero de 1904 y la guerra ruso-japonesa comenzó pocas semanas más tarde.
De la carrera naval sudamericana a la guerra en Asia
Los dos cruceros fueron incorporados rápidamente a la Armada Imperial japonesa y participaron de operaciones contra las fuerzas rusas. Su intervención alcanzó uno de sus puntos más relevantes durante la batalla de Tsushima, desarrollada entre el 27 y el 28 de mayo de 1905.
El enfrentamiento terminó con una derrota devastadora para la flota rusa y consolidó a Japón como una nueva potencia militar. El Nisshin y el Kasuga integraron el dispositivo naval japonés durante la batalla, aunque atribuirles por sí solos un papel decisivo en el desenlace de la guerra sería una exageración.
Una publicación de la Universidad de la Defensa Nacional sostiene que la incorporación de ambos cruceros resultó estratégica para ampliar la capacidad de la flota japonesa. De acuerdo con esa reconstrucción, décadas después el almirante Heihachiro Togo habría señalado que Japón no olvidaría el servicio prestado por Argentina al cederle las embarcaciones.
La secuencia convirtió a los dos buques en protagonistas de una paradoja histórica: habían sido adquiridos para reforzar el poder naval argentino frente a Chile, pero terminaron combatiendo bajo bandera japonesa en uno de los principales enfrentamientos navales del siglo XX.
Qué hizo Manuel Domecq García durante el conflicto
La historia de los cruceros también quedó vinculada con Manuel Domecq García, marino nacido en Paraguay y nacionalizado argentino, quien había sido designado para supervisar la construcción de las embarcaciones en Italia.
Tras concretarse la venta, Domecq García fue enviado a Japón como observador naval durante la guerra ruso-japonesa. Su misión consistía en estudiar las operaciones militares, reunir información y elaborar informes que permitieran a la Armada Argentina incorporar conocimientos derivados de un conflicto que estaba transformando la guerra naval.
La documentación disponible no demuestra que Domecq García haya sido comandante de la flota japonesa ni que haya dirigido unidades militares durante los combates.
Algunas versiones posteriores sostuvieron que habría reemplazado a un jefe de artillería japonés herido en plena batalla. Sin embargo, una investigación publicada por el Centro Naval señala expresamente que ese episodio carece de confirmación documental.
También existen discrepancias respecto del buque desde el cual el argentino habría presenciado la batalla de Tsushima. Su propio informe no identifica la embarcación, aunque años más tarde uno de sus nietos aseguró que había viajado en el Mikasa, buque insignia del almirante Togo.
Por eso, la reconstrucción histórica permite afirmar que Domecq García estuvo en Japón como observador de la guerra, pero no que haya intervenido directamente como combatiente o jefe de las fuerzas japonesas.
La condecoración japonesa y la carrera posterior
Al finalizar su misión, Domecq García fue recibido por el emperador Mutsuhito y reconocido por el gobierno japonés. Posteriormente recibió la Orden del Sol Naciente, una de las principales distinciones del Imperio.
El marino mantuvo vínculos con Japón y, años después, ocupó el Ministerio de Marina durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear. La Armada Argentina lo recuerda como una figura vinculada a su proceso de modernización y a la incorporación de los primeros submarinos.
La historia conserva así un núcleo extraordinario sin necesidad de ampliar sus protagonistas más allá de lo que permiten las fuentes: Argentina vendió dos cruceros que terminaron combatiendo para Japón contra Rusia, y un oficial argentino siguió aquella guerra desde cerca como observador naval.
Lo que no está documentado es que Domecq García haya comandado fuerzas japonesas, reemplazado formalmente a un jefe durante la batalla o participado directamente en los combates. Esa precisión separa un episodio histórico ya excepcional de las versiones que, con el paso del tiempo, incorporaron elementos que no pueden comprobarse.
Argentina vendió a Japón dos cruceros acorazados que estaban siendo construidos en Italia tras acordar con Chile una limitación del armamento naval. Rebautizados Nisshin y Kasuga, los buques combatieron en la guerra ruso-japonesa y participaron de la batalla de Tsushima. Manuel Domecq García siguió el conflicto como observador naval argentino, pero no hay pruebas documentales de que haya comandado fuerzas japonesas.
Argentina encargó dos cruceros para prepararse ante una posible guerra con Chile y terminó vendiéndolos para que Japón peleara contra Rusia. La diplomacia sudamericana resolvió una carrera armamentista y, casi sin escalas, dos barcos que iban a llevar nombres argentinos aparecieron del otro lado del mundo disparando bajo otra bandera.
Los futuros Mariano Moreno y Bernardino Rivadavia estaban prácticamente terminados en Italia cuando llegaron los Pactos de Mayo de 1902. Argentina y Chile decidieron bajar la temperatura naval y los flamantes buques quedaron en una situación bastante parecida a comprar un traje para un casamiento que finalmente se suspende, salvo que el traje pesaba miles de toneladas y tenía artillería.
Japón, que se preparaba para un posible choque con Rusia, vio la oportunidad y compró ambos cruceros. El Moreno pasó a llamarse Nisshin y el Rivadavia se convirtió en Kasuga. La operación se cerró el 30 de diciembre de 1903 y, pocas semanas después de que los barcos zarparan hacia Asia, comenzó la guerra.
Los dos buques se incorporaron a la Armada Imperial japonesa y terminaron participando en la batalla de Tsushima, una de las derrotas navales más duras sufridas por Rusia. Dos barcos que Argentina había comprado para equilibrar fuerzas con Chile terminaron ayudando a alterar el equilibrio de poder en Asia. Geopolítica con la lógica de una encomienda internacional que llegó a una dirección bastante más lejana de la prevista.
En medio de esa historia aparece Manuel Domecq García, enviado como observador naval argentino. Había supervisado la construcción de los cruceros y después viajó a Japón para estudiar el conflicto, recopilar información y elaborar informes para la Armada.
Con el tiempo surgieron relatos que lo ubicaron incluso reemplazando a un jefe de artillería japonés durante el combate. El inconveniente es pequeño pero decisivo: no hay confirmación documental de que eso haya ocurrido. Tampoco está probado que comandara fuerzas japonesas ni que ocupara un puesto de combate.
La historia real ya era suficientemente extraordinaria sin necesidad de agregarle una escena de película. Argentina frenó una carrera naval con Chile, vendió dos cruceros y esos mismos buques terminaron combatiendo contra Rusia en Tsushima.
Hay países que exportan carne, cereales o tecnología. Argentina, por una vez, exportó dos barcos y terminaron haciendo historia a 18.000 kilómetros del destino original.