Ramiro Agulla, uno de los publicistas más influyentes de la Argentina, murió este miércoles. Reconocido por haber creado algunas de las campañas comerciales y políticas más recordadas de las últimas décadas, fue una figura central en el desarrollo de la industria publicitaria nacional. Hasta el momento, no se informaron las causas de su fallecimiento.
Agulla fue cofundador de la histórica agencia Agulla & Baccetti, junto a Carlos Baccetti. Desde allí impulsó campañas que trascendieron el ámbito de la publicidad y se transformaron en fenómenos populares, consolidando el prestigio creativo de la Argentina a nivel internacional.
El creador de campañas que marcaron una época
Entre los trabajos más recordados de su carrera figuran «La llama que llama», para Telecom, y «Gueropa», para Renault Clio. También desarrolló campañas para marcas como Coca-Cola, Quilmes, OCA, Banco Itaú e YPF, entre otras.
Su influencia también alcanzó al marketing político. En 1999 estuvo detrás de la campaña presidencial de Fernando de la Rúa, donde ideó el recordado spot «Dicen que soy aburrido», considerado una de las piezas más emblemáticas de la comunicación política en la democracia argentina.
A lo largo de su trayectoria asesoró además a dirigentes como Carlos Menem, Francisco de Narváez, el expresidente chileno Sebastián Piñera, el exmandatario mexicano Vicente Fox y el senador estadounidense John McCain.
El recuerdo de sus colegas
Tras conocerse la noticia, Carlos Baccetti despidió a quien fuera su socio con un mensaje publicado en redes sociales: «Un prócer que se fue un 9 de julio. Hasta eligió bien la fecha».
Consultado en distintas oportunidades sobre su participación en campañas políticas, Agulla solía definir su rol con una frase que resumía su manera de entender la profesión: «Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios, soy el chico del delivery».
Una figura clave de la publicidad argentina
Nacido en Río Gallegos y criado en la ciudad de Buenos Aires, estudió publicidad en la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad. Durante su carrera recibió numerosos reconocimientos por su aporte creativo y fue considerado uno de los principales responsables del prestigio internacional alcanzado por la publicidad argentina.
Su legado permanece en campañas que marcaron distintas generaciones y que, con el paso del tiempo, se convirtieron en parte de la memoria cultural y publicitaria del país.
Murió Ramiro Agulla, uno de los publicistas más influyentes de la Argentina y creador de campañas comerciales y políticas que marcaron a varias generaciones. Tenía una extensa trayectoria en la industria, fue cofundador de la agencia Agulla & Baccetti y dejó una huella con piezas emblemáticas para grandes marcas y dirigentes políticos. Hasta el momento no se informaron las causas de su fallecimiento.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hay personas que pasan por el mundo sin dejar demasiadas huellas. Y después están quienes logran que millones de personas recuerden un eslogan durante décadas, incluso cuando ya olvidaron dónde dejaron las llaves hace cinco minutos. Ramiro Agulla pertenecía a esa rara especie capaz de instalar una frase en la conversación cotidiana con la misma facilidad con la que otros envían un mensaje de WhatsApp.
La publicidad tiene un extraño superpoder: convencer a alguien de que necesita algo que cinco segundos antes ni siquiera sabía que existía. Agulla entendió esa lógica antes que muchos y la convirtió en una fábrica de ideas que terminaron escapándose de los comerciales para instalarse en la cultura popular. Algunas campañas vendían productos; otras terminaban vendiendo conversaciones en la oficina, sobremesas familiares y chistes repetidos hasta el infinito.
Su creatividad también cruzó la frontera de las marcas para meterse de lleno en la política, ese territorio donde un slogan puede durar más que una promesa de campaña y donde treinta segundos de televisión son analizados con la intensidad de un tratado filosófico. Él solía resumir su oficio con una frase tan sencilla como contundente: «Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios, soy el chico del delivery». Una definición que, probablemente, explicaba mejor su mirada que cualquier currículum.
Con su muerte se despide uno de los nombres que ayudó a darle identidad a una época de la publicidad argentina, cuando los comerciales dejaban de ser simples pausas entre programas para convertirse en tema de conversación al día siguiente. Porque algunas campañas envejecen apenas termina la emisión. Otras consiguen algo mucho más difícil: permanecer en la memoria colectiva cuando ya cambiaron los canales, las pantallas y hasta la forma de mirar televisión.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Ramiro Agulla, uno de los publicistas más influyentes de la Argentina, murió este miércoles. Reconocido por haber creado algunas de las campañas comerciales y políticas más recordadas de las últimas décadas, fue una figura central en el desarrollo de la industria publicitaria nacional. Hasta el momento, no se informaron las causas de su fallecimiento.
Agulla fue cofundador de la histórica agencia Agulla & Baccetti, junto a Carlos Baccetti. Desde allí impulsó campañas que trascendieron el ámbito de la publicidad y se transformaron en fenómenos populares, consolidando el prestigio creativo de la Argentina a nivel internacional.
El creador de campañas que marcaron una época
Entre los trabajos más recordados de su carrera figuran «La llama que llama», para Telecom, y «Gueropa», para Renault Clio. También desarrolló campañas para marcas como Coca-Cola, Quilmes, OCA, Banco Itaú e YPF, entre otras.
Su influencia también alcanzó al marketing político. En 1999 estuvo detrás de la campaña presidencial de Fernando de la Rúa, donde ideó el recordado spot «Dicen que soy aburrido», considerado una de las piezas más emblemáticas de la comunicación política en la democracia argentina.
A lo largo de su trayectoria asesoró además a dirigentes como Carlos Menem, Francisco de Narváez, el expresidente chileno Sebastián Piñera, el exmandatario mexicano Vicente Fox y el senador estadounidense John McCain.
El recuerdo de sus colegas
Tras conocerse la noticia, Carlos Baccetti despidió a quien fuera su socio con un mensaje publicado en redes sociales: «Un prócer que se fue un 9 de julio. Hasta eligió bien la fecha».
Consultado en distintas oportunidades sobre su participación en campañas políticas, Agulla solía definir su rol con una frase que resumía su manera de entender la profesión: «Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios, soy el chico del delivery».
Una figura clave de la publicidad argentina
Nacido en Río Gallegos y criado en la ciudad de Buenos Aires, estudió publicidad en la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad. Durante su carrera recibió numerosos reconocimientos por su aporte creativo y fue considerado uno de los principales responsables del prestigio internacional alcanzado por la publicidad argentina.
Su legado permanece en campañas que marcaron distintas generaciones y que, con el paso del tiempo, se convirtieron en parte de la memoria cultural y publicitaria del país.
Murió Ramiro Agulla, uno de los publicistas más influyentes de la Argentina y creador de campañas comerciales y políticas que marcaron a varias generaciones. Tenía una extensa trayectoria en la industria, fue cofundador de la agencia Agulla & Baccetti y dejó una huella con piezas emblemáticas para grandes marcas y dirigentes políticos. Hasta el momento no se informaron las causas de su fallecimiento.
Hay personas que pasan por el mundo sin dejar demasiadas huellas. Y después están quienes logran que millones de personas recuerden un eslogan durante décadas, incluso cuando ya olvidaron dónde dejaron las llaves hace cinco minutos. Ramiro Agulla pertenecía a esa rara especie capaz de instalar una frase en la conversación cotidiana con la misma facilidad con la que otros envían un mensaje de WhatsApp.
La publicidad tiene un extraño superpoder: convencer a alguien de que necesita algo que cinco segundos antes ni siquiera sabía que existía. Agulla entendió esa lógica antes que muchos y la convirtió en una fábrica de ideas que terminaron escapándose de los comerciales para instalarse en la cultura popular. Algunas campañas vendían productos; otras terminaban vendiendo conversaciones en la oficina, sobremesas familiares y chistes repetidos hasta el infinito.
Su creatividad también cruzó la frontera de las marcas para meterse de lleno en la política, ese territorio donde un slogan puede durar más que una promesa de campaña y donde treinta segundos de televisión son analizados con la intensidad de un tratado filosófico. Él solía resumir su oficio con una frase tan sencilla como contundente: «Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios, soy el chico del delivery». Una definición que, probablemente, explicaba mejor su mirada que cualquier currículum.
Con su muerte se despide uno de los nombres que ayudó a darle identidad a una época de la publicidad argentina, cuando los comerciales dejaban de ser simples pausas entre programas para convertirse en tema de conversación al día siguiente. Porque algunas campañas envejecen apenas termina la emisión. Otras consiguen algo mucho más difícil: permanecer en la memoria colectiva cuando ya cambiaron los canales, las pantallas y hasta la forma de mirar televisión.