El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, encabezó este miércoles el tradicional Tedeum por el Día de la Independencia en la Catedral Metropolitana y, frente al presidente Javier Milei y gran parte del gabinete nacional, pronunció una homilía centrada en la necesidad de recuperar la unidad social y combatir la corrupción.
Basado en el pasaje bíblico del buen samaritano, el prelado sostuvo que la Argentina atraviesa «caminos peligrosos» que no conducen a un futuro mejor y advirtió sobre quienes profundizan las divisiones. «Algunos aprovechan para dividirnos, para enfrentarnos, robándonos las esperanzas de salir juntos adelante, escondidos, en todas las épocas, en cuevas de corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres, y ellos, escandalosamente, cada vez más ricos», expresó.
Un llamado a la unidad con una referencia a Messi
En el tramo final de su mensaje, García Cuerva convocó a «caminar unidos hacia un desarrollo integral que tanto anhela nuestro pueblo», promoviendo la construcción de «puentes donde algunos quieren levantar muros» y acompañando a «los heridos de la vida».
Para reforzar esa idea apeló a una reflexión de Lionel Messi sobre el trabajo colectivo: «Demostramos una vez más que los argentinos, cuando luchamos juntos y unidos, somos capaces de conseguir lo que nos propongamos». Luego remarcó que «Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable; todos somos importantes».
El arzobispo cerró con otra referencia al capitán de la Selección: «Sigamos con la camiseta puesta y con pasión hagamos realidad el mensaje que Lionel Messi publicó en las redes sociales».
La presencia de Milei y la ausencia de Villarruel
El presidente Javier Milei llegó a la Catedral Metropolitana minutos antes de las 11 acompañado por sus ministros, luego de haber encabezado la noche anterior la vigilia por el Día de la Independencia en la Casa Histórica de Tucumán. Al ingresar saludó cordialmente al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, quien también participó de la ceremonia.
Como ya ocurrió en otros actos oficiales, la vicepresidenta Victoria Villarruel no estuvo presente. Aunque había compartido con Milei la vigilia realizada en Tucumán, no asistió al Tedeum.
Escoltado por el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, el mandatario recorrió a pie el trayecto entre la Casa Rosada y la Catedral Metropolitana. Durante el recorrido se detuvo a acariciar varios caballos del Regimiento de Granaderos.
Detrás del Presidente ingresó el resto del gabinete y colaboradores, entre ellos el asesor presidencial Santiago Caputo, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el vocero Adrián Ravier, el secretario de Comunicación Fabián Fernández y la senadora Patricia Bullrich.
También participaron del desayuno previo en la Casa Rosada los ministros Luis Caputo (Economía), Alejandra Monteoliva (Seguridad), Sandra Pettovello (Capital Humano), Mario Lugones (Salud), Carlos Presti (Defensa), Juan Bautista Mahiques (Justicia) y Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado).
La actividad oficial tras la ceremonia
Durante la homilía, García Cuerva también llamó a dejar atrás «el individualismo» y la «mezquindad política». «Escuchar es la actitud básica del que quiere pensar con amplitud y apertura», afirmó, al tiempo que insistió en que «Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable» y pidió respetar a los demás, reconocer sus valores y acompañar sus angustias.
Finalizada la ceremonia religiosa, Milei regresó junto a su equipo a la Casa Rosada para encabezar la primera reunión de Gabinete sin Manuel Adorni y con Diego Santilli como ministro coordinador, en una dinámica similar a la desarrollada durante los actos del pasado 25 de Mayo.
De acuerdo con fuentes oficiales, el encuentro estuvo enfocado en la propuesta del Presidente para modificar la carta orgánica del Banco Central, uno de los principales objetivos fijados por el Poder Ejecutivo. Con ese propósito, el equipo económico había mantenido una reunión previa en la Quinta de Olivos.
Antes del inicio del encuentro en el Salón Eva Perón, el Presidente y sus funcionarios salieron al balcón de la Casa Rosada para saludar a las personas reunidas en Plaza de Mayo. Entre aplausos y cánticos de «Argentina, Argentina», Milei presentó uno por uno a los integrantes de su equipo, mientras las mayores ovaciones fueron para Patricia Bullrich y Diego Santilli.
Durante el Tedeum por el Día de la Independencia celebrado este 9 de julio en la Catedral Metropolitana, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pidió mayor unidad entre los argentinos, cuestionó la corrupción y llamó a dejar atrás las divisiones sociales frente al presidente Javier Milei y su gabinete. En el cierre de su homilía citó a Lionel Messi para reforzar el valor del trabajo colectivo.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
«Cuevas de corrupción». La frase cayó en una Catedral repleta de funcionarios como una alarma que nadie había programado para sonar. No hubo nombres propios, pero tampoco hizo falta: cuando una homilía obliga a revisar el asiento, el mensaje encontró destinatarios.
Mientras afuera la liturgia patria repetía sus postales de siempre, adentro la escena se parecía más a una reunión familiar donde alguien decidió mencionar la herencia en pleno brindis. Todos siguieron mirando al frente, aunque varios parecían escuchar con el rabillo del ojo.
Jorge García Cuerva eligió el relato del buen samaritano para advertir que la Argentina transita «caminos peligrosos» y que la fractura social no aparece por generación espontánea. Según planteó, hay quienes alimentan el enfrentamiento mientras se enriquecen a costa de una pobreza que no deja de crecer. La imagen de las «cuevas de corrupción» hizo el trabajo que suelen hacer los discursos más efectivos: decir mucho sin señalar con el dedo.
Después llegó Lionel Messi. No como salvador de la economía ni como ministro itinerante, sino como símbolo de algo bastante más escaso que una Copa del Mundo: la capacidad de trabajar en equipo. El capitán de la Selección apareció citado para recordar que cuando los argentinos actúan unidos pueden alcanzar objetivos comunes. Hace unos años servía para hablar de fútbol; ahora también alcanza para explicar política, convivencia y hasta sentido común.
El contraste fue inevitable. De un lado, el llamado a construir puentes. Del otro, una dirigencia que lleva años especializándose en levantar paredes con precisión de albañil profesional. En ese escenario, la invitación a escuchar al otro terminó sonando casi revolucionaria, como si pedir diálogo fuera una innovación tecnológica.
La ceremonia también dejó silencios elocuentes. La ausencia de Victoria Villarruel volvió a alimentar las especulaciones sobre la relación con el Presidente, mientras el resto del gabinete ocupó sus lugares para una fotografía institucional que intentó transmitir normalidad. En política, pocas cosas hacen más ruido que una silla vacía.
El país donde un sermón puede convertirse en el discurso político más comentado del día todavía discute quién habló. No tanto qué dijo.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, encabezó este miércoles el tradicional Tedeum por el Día de la Independencia en la Catedral Metropolitana y, frente al presidente Javier Milei y gran parte del gabinete nacional, pronunció una homilía centrada en la necesidad de recuperar la unidad social y combatir la corrupción.
Basado en el pasaje bíblico del buen samaritano, el prelado sostuvo que la Argentina atraviesa «caminos peligrosos» que no conducen a un futuro mejor y advirtió sobre quienes profundizan las divisiones. «Algunos aprovechan para dividirnos, para enfrentarnos, robándonos las esperanzas de salir juntos adelante, escondidos, en todas las épocas, en cuevas de corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres, y ellos, escandalosamente, cada vez más ricos», expresó.
Un llamado a la unidad con una referencia a Messi
En el tramo final de su mensaje, García Cuerva convocó a «caminar unidos hacia un desarrollo integral que tanto anhela nuestro pueblo», promoviendo la construcción de «puentes donde algunos quieren levantar muros» y acompañando a «los heridos de la vida».
Para reforzar esa idea apeló a una reflexión de Lionel Messi sobre el trabajo colectivo: «Demostramos una vez más que los argentinos, cuando luchamos juntos y unidos, somos capaces de conseguir lo que nos propongamos». Luego remarcó que «Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable; todos somos importantes».
El arzobispo cerró con otra referencia al capitán de la Selección: «Sigamos con la camiseta puesta y con pasión hagamos realidad el mensaje que Lionel Messi publicó en las redes sociales».
La presencia de Milei y la ausencia de Villarruel
El presidente Javier Milei llegó a la Catedral Metropolitana minutos antes de las 11 acompañado por sus ministros, luego de haber encabezado la noche anterior la vigilia por el Día de la Independencia en la Casa Histórica de Tucumán. Al ingresar saludó cordialmente al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, quien también participó de la ceremonia.
Como ya ocurrió en otros actos oficiales, la vicepresidenta Victoria Villarruel no estuvo presente. Aunque había compartido con Milei la vigilia realizada en Tucumán, no asistió al Tedeum.
Escoltado por el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, el mandatario recorrió a pie el trayecto entre la Casa Rosada y la Catedral Metropolitana. Durante el recorrido se detuvo a acariciar varios caballos del Regimiento de Granaderos.
Detrás del Presidente ingresó el resto del gabinete y colaboradores, entre ellos el asesor presidencial Santiago Caputo, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el vocero Adrián Ravier, el secretario de Comunicación Fabián Fernández y la senadora Patricia Bullrich.
También participaron del desayuno previo en la Casa Rosada los ministros Luis Caputo (Economía), Alejandra Monteoliva (Seguridad), Sandra Pettovello (Capital Humano), Mario Lugones (Salud), Carlos Presti (Defensa), Juan Bautista Mahiques (Justicia) y Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado).
La actividad oficial tras la ceremonia
Durante la homilía, García Cuerva también llamó a dejar atrás «el individualismo» y la «mezquindad política». «Escuchar es la actitud básica del que quiere pensar con amplitud y apertura», afirmó, al tiempo que insistió en que «Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable» y pidió respetar a los demás, reconocer sus valores y acompañar sus angustias.
Finalizada la ceremonia religiosa, Milei regresó junto a su equipo a la Casa Rosada para encabezar la primera reunión de Gabinete sin Manuel Adorni y con Diego Santilli como ministro coordinador, en una dinámica similar a la desarrollada durante los actos del pasado 25 de Mayo.
De acuerdo con fuentes oficiales, el encuentro estuvo enfocado en la propuesta del Presidente para modificar la carta orgánica del Banco Central, uno de los principales objetivos fijados por el Poder Ejecutivo. Con ese propósito, el equipo económico había mantenido una reunión previa en la Quinta de Olivos.
Antes del inicio del encuentro en el Salón Eva Perón, el Presidente y sus funcionarios salieron al balcón de la Casa Rosada para saludar a las personas reunidas en Plaza de Mayo. Entre aplausos y cánticos de «Argentina, Argentina», Milei presentó uno por uno a los integrantes de su equipo, mientras las mayores ovaciones fueron para Patricia Bullrich y Diego Santilli.
Durante el Tedeum por el Día de la Independencia celebrado este 9 de julio en la Catedral Metropolitana, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pidió mayor unidad entre los argentinos, cuestionó la corrupción y llamó a dejar atrás las divisiones sociales frente al presidente Javier Milei y su gabinete. En el cierre de su homilía citó a Lionel Messi para reforzar el valor del trabajo colectivo.
«Cuevas de corrupción». La frase cayó en una Catedral repleta de funcionarios como una alarma que nadie había programado para sonar. No hubo nombres propios, pero tampoco hizo falta: cuando una homilía obliga a revisar el asiento, el mensaje encontró destinatarios.
Mientras afuera la liturgia patria repetía sus postales de siempre, adentro la escena se parecía más a una reunión familiar donde alguien decidió mencionar la herencia en pleno brindis. Todos siguieron mirando al frente, aunque varios parecían escuchar con el rabillo del ojo.
Jorge García Cuerva eligió el relato del buen samaritano para advertir que la Argentina transita «caminos peligrosos» y que la fractura social no aparece por generación espontánea. Según planteó, hay quienes alimentan el enfrentamiento mientras se enriquecen a costa de una pobreza que no deja de crecer. La imagen de las «cuevas de corrupción» hizo el trabajo que suelen hacer los discursos más efectivos: decir mucho sin señalar con el dedo.
Después llegó Lionel Messi. No como salvador de la economía ni como ministro itinerante, sino como símbolo de algo bastante más escaso que una Copa del Mundo: la capacidad de trabajar en equipo. El capitán de la Selección apareció citado para recordar que cuando los argentinos actúan unidos pueden alcanzar objetivos comunes. Hace unos años servía para hablar de fútbol; ahora también alcanza para explicar política, convivencia y hasta sentido común.
El contraste fue inevitable. De un lado, el llamado a construir puentes. Del otro, una dirigencia que lleva años especializándose en levantar paredes con precisión de albañil profesional. En ese escenario, la invitación a escuchar al otro terminó sonando casi revolucionaria, como si pedir diálogo fuera una innovación tecnológica.
La ceremonia también dejó silencios elocuentes. La ausencia de Victoria Villarruel volvió a alimentar las especulaciones sobre la relación con el Presidente, mientras el resto del gabinete ocupó sus lugares para una fotografía institucional que intentó transmitir normalidad. En política, pocas cosas hacen más ruido que una silla vacía.
El país donde un sermón puede convertirse en el discurso político más comentado del día todavía discute quién habló. No tanto qué dijo.