Flybondi atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente. La compañía lleva nueve días consecutivos sin operar vuelos con pasajeros y, pese a esa situación, continúa comercializando pasajes sin informar de manera preventiva a los clientes sobre las cancelaciones que afectan sus operaciones.
La empresa no registra vuelos con pasajeros desde el 2 de julio. El día anterior había concretado diez operaciones y cancelado otras seis. De los vuelos realizados, ocho presentaron demoras, según los registros publicados por el sitio especializado Failbondi.
Cancelaciones continuas y pasajeros afectados
Desde el 2 de julio, las cancelaciones se repitieron diariamente. Para este viernes se completan nueve jornadas consecutivas sin vuelos y, según la programación disponible en el sitio web de la empresa, las próximas operaciones recién aparecen previstas para el 13 de julio, lo que extendería la interrupción a, al menos, once días.
Mientras tanto, la venta de pasajes continúa sin advertencias específicas sobre la situación operativa. Pasajeros alcanzados por las cancelaciones relataron que recibieron la notificación recién el mismo día en que debían viajar, pese a que esos vuelos ya no figuraban entre las operaciones programadas. A partir de allí, comenzaron los reclamos para obtener el reintegro del dinero abonado.
Hasta el momento, Flybondi no difundió una explicación oficial sobre la sucesión de vuelos cancelados. Dentro del sector aeronáutico circulan versiones que indican que YPF habría restringido el suministro de combustible bajo la modalidad habitual y que la empresa únicamente podría acceder al abastecimiento mediante pagos anticipados.
Falta de definiciones oficiales
La situación se desarrolla sin que, hasta el momento, la Secretaría de Transporte, la Subsecretaría de Transporte Aéreo ni la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) hayan informado medidas vinculadas con la continuidad de las ventas o el funcionamiento de la compañía.
Crisis financiera y conflictos abiertos
En las últimas semanas también se profundizaron los problemas internos de la empresa. La salida de la CEO Paz Lovisolo, quien presentó su renuncia en junio tras cuatro meses de gestión, todavía no fue cubierta. La misma situación, según se informó, se repite en otros cargos ejecutivos que permanecen vacantes.
En el plano judicial, la aerolínea enfrenta dos pedidos de quiebra. Uno fue promovido por la empresa de traslados Manuel Tienda León, que reclama una deuda superior a 120 millones de pesos. El otro corresponde al Hotel Presidente, cuyo reclamo supera los 660 millones de pesos.
Además, cientos de ex trabajadores que aceptaron retiros voluntarios a comienzos de este año denunciaron recientemente que la empresa todavía no inició el pago de los acuerdos que, según afirman, fueron firmados ante escribano público.
Flybondi acumula nueve días consecutivos sin operar vuelos con pasajeros y, pese a esa situación, continúa ofreciendo pasajes sin advertencias sobre las cancelaciones. Mientras crecen los reclamos de los usuarios y los problemas financieros de la empresa, organismos nacionales vinculados al transporte aéreo no adoptaron medidas para limitar la comercialización de nuevos tickets.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Nueve días sin despegar un avión. Pero los pasajes siguen a la venta como si la pista estuviera más despejada que un trámite a las siete de la mañana.
Es como ese colectivo que hace una semana no pasa, pero el cartel electrónico insiste en que llega «en dos minutos». La diferencia es que acá no se espera bajo una garita: se espera con reservas pagadas, valijas listas y un correo electrónico que suele aparecer cuando el viaje ya tendría que haber empezado.
La promesa de una revolución aérea terminó pareciéndose a un tablero de vuelos donde el color dominante es el de las cancelaciones. Mientras tanto, los organismos encargados de controlar el funcionamiento del sistema observan la escena con la serenidad de quien mira una pérdida de agua pensando que quizá se arregle sola.
Los pasajeros cuentan que las notificaciones llegaron el mismo día del viaje, cuando los vuelos ya ni siquiera figuraban entre las operaciones previstas. Después empieza otro itinerario: reclamos, reintegros y trámites que suelen durar bastante más que el vuelo originalmente comprado.
En paralelo, crecen las versiones sobre dificultades financieras, aparecen pedidos de quiebra y también denuncias de ex trabajadores por acuerdos de retiro voluntario que, según sostienen, nunca comenzaron a pagarse. Todo ocurre mientras la empresa continúa ofreciendo nuevos pasajes sin modificaciones visibles en su esquema comercial.
Hay aerolíneas que venden destinos. Acá, por ahora, el itinerario más constante parece ser el del reclamo administrativo. El país donde un avión en tierra sigue teniendo agenda más ocupada que muchos en el aire.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Flybondi atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente. La compañía lleva nueve días consecutivos sin operar vuelos con pasajeros y, pese a esa situación, continúa comercializando pasajes sin informar de manera preventiva a los clientes sobre las cancelaciones que afectan sus operaciones.
La empresa no registra vuelos con pasajeros desde el 2 de julio. El día anterior había concretado diez operaciones y cancelado otras seis. De los vuelos realizados, ocho presentaron demoras, según los registros publicados por el sitio especializado Failbondi.
Cancelaciones continuas y pasajeros afectados
Desde el 2 de julio, las cancelaciones se repitieron diariamente. Para este viernes se completan nueve jornadas consecutivas sin vuelos y, según la programación disponible en el sitio web de la empresa, las próximas operaciones recién aparecen previstas para el 13 de julio, lo que extendería la interrupción a, al menos, once días.
Mientras tanto, la venta de pasajes continúa sin advertencias específicas sobre la situación operativa. Pasajeros alcanzados por las cancelaciones relataron que recibieron la notificación recién el mismo día en que debían viajar, pese a que esos vuelos ya no figuraban entre las operaciones programadas. A partir de allí, comenzaron los reclamos para obtener el reintegro del dinero abonado.
Hasta el momento, Flybondi no difundió una explicación oficial sobre la sucesión de vuelos cancelados. Dentro del sector aeronáutico circulan versiones que indican que YPF habría restringido el suministro de combustible bajo la modalidad habitual y que la empresa únicamente podría acceder al abastecimiento mediante pagos anticipados.
Falta de definiciones oficiales
La situación se desarrolla sin que, hasta el momento, la Secretaría de Transporte, la Subsecretaría de Transporte Aéreo ni la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) hayan informado medidas vinculadas con la continuidad de las ventas o el funcionamiento de la compañía.
Crisis financiera y conflictos abiertos
En las últimas semanas también se profundizaron los problemas internos de la empresa. La salida de la CEO Paz Lovisolo, quien presentó su renuncia en junio tras cuatro meses de gestión, todavía no fue cubierta. La misma situación, según se informó, se repite en otros cargos ejecutivos que permanecen vacantes.
En el plano judicial, la aerolínea enfrenta dos pedidos de quiebra. Uno fue promovido por la empresa de traslados Manuel Tienda León, que reclama una deuda superior a 120 millones de pesos. El otro corresponde al Hotel Presidente, cuyo reclamo supera los 660 millones de pesos.
Además, cientos de ex trabajadores que aceptaron retiros voluntarios a comienzos de este año denunciaron recientemente que la empresa todavía no inició el pago de los acuerdos que, según afirman, fueron firmados ante escribano público.
Flybondi acumula nueve días consecutivos sin operar vuelos con pasajeros y, pese a esa situación, continúa ofreciendo pasajes sin advertencias sobre las cancelaciones. Mientras crecen los reclamos de los usuarios y los problemas financieros de la empresa, organismos nacionales vinculados al transporte aéreo no adoptaron medidas para limitar la comercialización de nuevos tickets.
Nueve días sin despegar un avión. Pero los pasajes siguen a la venta como si la pista estuviera más despejada que un trámite a las siete de la mañana.
Es como ese colectivo que hace una semana no pasa, pero el cartel electrónico insiste en que llega «en dos minutos». La diferencia es que acá no se espera bajo una garita: se espera con reservas pagadas, valijas listas y un correo electrónico que suele aparecer cuando el viaje ya tendría que haber empezado.
La promesa de una revolución aérea terminó pareciéndose a un tablero de vuelos donde el color dominante es el de las cancelaciones. Mientras tanto, los organismos encargados de controlar el funcionamiento del sistema observan la escena con la serenidad de quien mira una pérdida de agua pensando que quizá se arregle sola.
Los pasajeros cuentan que las notificaciones llegaron el mismo día del viaje, cuando los vuelos ya ni siquiera figuraban entre las operaciones previstas. Después empieza otro itinerario: reclamos, reintegros y trámites que suelen durar bastante más que el vuelo originalmente comprado.
En paralelo, crecen las versiones sobre dificultades financieras, aparecen pedidos de quiebra y también denuncias de ex trabajadores por acuerdos de retiro voluntario que, según sostienen, nunca comenzaron a pagarse. Todo ocurre mientras la empresa continúa ofreciendo nuevos pasajes sin modificaciones visibles en su esquema comercial.
Hay aerolíneas que venden destinos. Acá, por ahora, el itinerario más constante parece ser el del reclamo administrativo. El país donde un avión en tierra sigue teniendo agenda más ocupada que muchos en el aire.