China se consolidó como la nueva potencia mundial de la robótica, desplazando a Japón, país que durante más de cinco décadas fue considerado el referente global en el desarrollo de robots humanoides e industriales. El cambio de liderazgo responde a una combinación de inversión estatal, capacidad industrial, dominio de la cadena de suministro y el crecimiento de la inteligencia artificial.
El nuevo escenario quedó en evidencia durante la Humanoids Summit, celebrada recientemente en Tokio, donde gran parte del debate giró en torno a cómo las empresas japonesas pueden competir frente al rápido avance de los fabricantes chinos.
De pionero mundial a perseguidor
Japón marcó hitos históricos en la robótica desde la década de 1970 con desarrollos capaces de caminar, manipular objetos y ejecutar tareas complejas. En el año 2000 sorprendió al mundo con el lanzamiento del robot humanoide de Honda, considerado durante mucho tiempo el símbolo del liderazgo tecnológico japonés.
Sin embargo, el crecimiento acelerado de la industria china modificó completamente el panorama. Empresas como Unitree Robotics producen actualmente miles de robots humanoides a costos inferiores a los de sus competidores internacionales, impulsadas por una cadena de suministro completamente integrada dentro del propio país.
China domina la fabricación de robots
Uno de los principales factores que explica el liderazgo chino es el control de prácticamente todos los componentes necesarios para fabricar un robot, desde sensores y motores hasta articulaciones mecánicas.
Especialistas del sector sostienen que hoy resulta muy difícil desarrollar un robot humanoide sin incorporar piezas fabricadas en China, cuyos costos disminuyeron significativamente durante los últimos años gracias a la producción masiva.
Además, la expansión de la industria de los vehículos eléctricos permitió reutilizar proveedores, tecnologías y procesos productivos que ahora abastecen también al sector de la robótica.
Los robots industriales impulsan el cambio
Más allá del desarrollo de humanoides, el verdadero liderazgo chino se observa en la automatización industrial. Durante 2024 operaban más de dos millones de robots industriales en fábricas del país y se instalaron otros 300.000 nuevos equipos, una cifra superior a la registrada por el resto del mundo en conjunto.
Mientras tanto, mercados tradicionales como Japón, Estados Unidos, Corea del Sur y Alemania registraron una caída en la incorporación de nuevos robots industriales.
Las autoridades chinas impulsan además programas destinados a incorporar robots humanoides en distintos procesos productivos, con el objetivo de ampliar su utilización en la industria.
La inteligencia artificial acelera la competencia
El desarrollo de la inteligencia artificial se convirtió en uno de los principales motores del sector. Durante 2025, los inversores chinos destinaron más de 5.000 millones de dólares a empresas dedicadas a la robótica humanoide, igualando el volumen total invertido durante los cinco años anteriores.
Compañías como Unitree avanzan además hacia su salida a bolsa, mientras otras decenas de firmas del sector buscan financiamiento para acelerar su crecimiento.
Empresas internacionales también participan del proceso. Nvidia anunció recientemente una colaboración con Unitree para desarrollar una nueva generación de robots capaces de utilizar inteligencia artificial para tomar decisiones en entornos complejos.
Mucho potencial, pero desafíos pendientes
A pesar del fuerte crecimiento, los propios fabricantes reconocen que los robots humanoides aún enfrentan importantes limitaciones. La mayoría de los equipos vendidos se utilizan en universidades, laboratorios y centros de investigación para desarrollar nuevas aplicaciones.
Las tareas industriales realizadas por estos robots siguen siendo limitadas y su productividad todavía se encuentra por debajo de la de un trabajador humano en muchas actividades.
Los especialistas coinciden en que el principal desafío ya no es fabricar robots, sino desarrollar sistemas de inteligencia artificial capaces de adaptarse de manera autónoma a entornos cambiantes y resolver problemas complejos.
Mientras esa meta continúa en desarrollo, China ya consiguió algo que parecía improbable hace apenas dos décadas: desplazar a Japón como referente mundial de la robótica y posicionarse como el principal actor de una industria llamada a transformar la producción, la logística y numerosos sectores de la economía global durante los próximos años.
China desplazó a Japón como principal potencia mundial en robótica gracias a su dominio de la cadena de suministro, la fabricación masiva de robots industriales y el auge de la inteligencia artificial. Mientras las empresas chinas aceleran la producción de humanoides y reciben fuertes inversiones, Japón busca nuevos nichos para competir en un mercado que cambió de liderazgo.
Durante décadas Japón fue el país donde los robots parecían salir directamente del futuro. Caminaban, tocaban el piano y hacían pensar que el próximo vecino iba a ser un androide educado que saludara antes de sacar la basura. Pero el futuro hizo escala en China y decidió mudarse sin avisar.
Mientras muchos seguían recordando al legendario ASIMO de Honda como si todavía fuera el rey de la fiesta, del otro lado del mar empezaron a fabricar robots como quien produce scooters eléctricas. Miles por año. Más baratos. Más rápidos. Y con una cadena de proveedores que convierte cualquier pieza en un trámite de pocas horas. El romanticismo tecnológico japonés se encontró de golpe con una fábrica que nunca apaga las luces.
La revolución no pasó solamente por los humanoides que bailan para las cámaras. El verdadero negocio está en las fábricas. China instaló más robots industriales durante 2024 que el resto del planeta combinado. Mientras en otros países todavía discuten cómo automatizar una línea de producción, en Shenzhen ya están imprimiendo componentes en 3D antes del almuerzo y armando otro robot por la tarde.
El secreto tampoco parece demasiado secreto. Décadas de inversiones públicas, una industria gigantesca de vehículos eléctricos, proveedores nacionales para casi todas las piezas y una velocidad de ejecución que deja a la competencia mirando el manual de instrucciones. Muchas empresas que ayer fabricaban componentes para autos eléctricos hoy producen articulaciones, sensores y motores para robots humanoides. Cambiaron el cliente, no la línea de producción.
Claro que todavía hay un detalle incómodo: estos robots impresionan mucho más en una exhibición que trabajando ocho horas seguidas. Incluso las compañías líderes reconocen que la inteligencia artificial todavía está aprendiendo a desenvolverse en un mundo donde las cosas cambian constantemente. El espectáculo ya está resuelto. La productividad todavía sigue ensayando.
La carrera ya no consiste en construir el robot más simpático. Consiste en fabricar millones antes que los demás. Porque en la nueva economía tecnológica, el que controla la fábrica termina escribiendo el manual del futuro. Y Japón descubrió que la nostalgia no viene con garantía de actualización.