El canciller Pablo Quirno ratificó que Argentina mantendrá vigente el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas y sostuvo que el Gobierno debe concentrar sus esfuerzos en una estrategia diplomática propia, sin quedar condicionado por eventuales cambios en las posiciones de otras potencias.
La declaración se produjo luego de que la administración de Donald Trump sugiriera que podría revisar su postura respecto de la soberanía de las Islas Malvinas, una cuestión que habría quedado bajo análisis dentro de la agenda de política exterior estadounidense.
“El tema Malvinas es muy claro. Las Malvinas están en el centro del corazón de cada argentino. Es una obligación y una responsabilidad para nosotros mantener vivo el reclamo sobre la soberanía”, afirmó Quirno.
Una estrategia centrada en la diplomacia
El canciller remarcó que Argentina debe avanzar con acciones diplomáticas más concretas para defender sus intereses frente a las actividades británicas en el Atlántico Sur, particularmente en relación con la explotación de recursos.
“Tenemos que tener acciones de la diplomacia más concreta y mejores instrumentos para defendernos de situaciones que hoy son situaciones unilaterales del Reino Unido con respecto a la explotación de nuestros recursos. Son nuestros”.
Quirno también reiteró que el Gobierno sostiene la vía pacífica y multilateral como el camino para avanzar en el reclamo argentino por la soberanía de las islas.
“Tenemos claro que la solución es diplomática y que tenemos que avanzar en ese frente lo más posible, tanto en los diferentes foros como con el apoyo de los diferentes países”.
El Gobierno busca evitar depender de otros países
Frente a la posibilidad de modificaciones en las posiciones internacionales, el ministro de Relaciones Exteriores planteó que la Argentina debe concentrarse en las variables que puede controlar y evitar especulaciones sobre decisiones de otros gobiernos.
“Sobre lo que no tenemos control, no operamos. Nosotros operamos sobre lo que nosotros operamos”, explicó.
En ese sentido, Quirno comparó la estrategia sobre Malvinas con la elaboración del programa de gobierno y sostuvo que Argentina debe trabajar sobre sus propias capacidades para incrementar las posibilidades de que el reclamo sea escuchado internacionalmente.
“De la misma manera que cuando hicimos el plan de gobierno no podíamos depender de nadie, en este caso es lo mismo: tenemos que hacer los deberes para aumentar nuestras chances de que el reclamo legítimo que tiene Argentina sobre la soberanía sea escuchado”.
De esta manera, el Gobierno reafirmó que el reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas continuará vigente, independientemente de eventuales cambios en la posición de Estados Unidos o de otras potencias.
El canciller Pablo Quirno ratificó que Argentina mantendrá vigente el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas y sostuvo que la estrategia debe concentrarse en la vía diplomática. Ante la posibilidad de cambios en la postura de Estados Unidos, el Gobierno remarcó que no dependerá de decisiones externas y pidió fortalecer las acciones en foros internacionales.
Malvinas no depende de Donald Trump. Al menos eso dejó claro el canciller Pablo Quirno, mientras desde Estados Unidos aparece la posibilidad de revisar una postura histórica sobre el reclamo argentino.
La diplomacia nacional eligió una receta bastante menos espectacular que esperar el próximo giro de Washington: hacer los deberes propios. Porque si la soberanía de un territorio depende de quién ocupa la Casa Blanca, el tablero geopolítico termina pareciendo una reunión de consorcio donde cada cuatro años cambian las reglas del ascensor.
Quirno insistió en que el reclamo debe mantenerse vivo y que Argentina necesita fortalecer sus herramientas diplomáticas para enfrentar lo que definió como acciones unilaterales del Reino Unido sobre los recursos del Atlántico Sur. La estrategia, según explicó, pasa por avanzar en los distintos foros y conseguir respaldo internacional.
También pidió evitar especulaciones sobre aquello que el Gobierno no puede controlar. La lógica es sencilla: si Washington cambia de posición, Londres responde y el mapa internacional vuelve a girar, Argentina al menos debería llegar con los deberes hechos.
Mientras tanto, la soberanía sigue esperando en el mismo lugar. La diplomacia, aparentemente, es la que tiene que conseguir turno.