Este martes 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón y, en ese marco, desde el Hospital Doctor Guillermo Rawson alertaron sobre un fenómeno que comenzó a hacerse más visible en los últimos años: los infartos aparecen cada vez en personas más jóvenes, con pacientes de alrededor de 30 años e incluso menores.
Gonzalo Peñafort, jefe de la Unidad Coronaria del Hospital Rawson, explicó que históricamente los infartos eran más frecuentes después de los 40 años en los hombres y de los 50 en las mujeres. Sin embargo, en los últimos años comenzaron a recibir pacientes muy por debajo de esos rangos.
“Tradicionalmente el rango etario más común es en mayores de 50 años en mujeres y mayores de 40 años en hombres, pero se está observando una disminución con casos en menores de 40 y hasta menores de 30 años”, explicó Peñafort.
El especialista, que lleva 30 años trabajando como cardiólogo, señaló que no existe una única causa que explique esta baja en la edad de los pacientes. Sin embargo, los hábitos cotidianos tienen un peso importante. La mala alimentación, el sedentarismo, el tabaquismo y el consumo de sustancias forman parte de los factores que pueden acelerar la aparición de enfermedades cardiovasculares.
El cigarrillo, uno de los principales riesgos
Entre los factores que pueden modificarse, Peñafort ubicó al cigarrillo como uno de los más peligrosos. “El primero y más grave es el cigarrillo: inflama directamente las arterias y la placa de colesterol, provocando que se rompa y genere el infarto”, afirmó.
También mencionó el colesterol elevado, la hipertensión arterial, la diabetes, el sobrepeso y el sedentarismo como factores que incrementan el riesgo cardiovascular.
A esto se suma el consumo de drogas ilegales o psicotrópicas, que podría tener incidencia en la disminución de la edad de aparición de la enfermedad. El especialista también puso el foco en el uso de vapeadores. “Son tan dañinos o más que el cigarrillo”, advirtió.
Una enfermedad que comienza años antes
Peñafort explicó que un infarto no aparece de manera repentina, sino que generalmente es el resultado de un proceso que puede comenzar muchos años antes de manifestarse.
La ateroesclerosis provoca la acumulación de colesterol LDL, conocido como colesterol “malo”, en las paredes de las arterias. Con el paso del tiempo se forma una placa que puede romperse, generar un coágulo y terminar obstruyendo completamente una arteria del corazón.
Por eso, el especialista insistió en que los controles deben comenzar desde edades tempranas y no esperar hasta los 40 o 50 años para prestar atención a la salud cardiovascular.
Existen factores que no pueden modificarse, como la predisposición genética y el paso del tiempo. Sin embargo, otros sí pueden controlarse a través de cambios de hábitos, controles médicos y tratamientos.
La mortalidad bajó
A pesar del aumento de casos, los avances médicos permitieron mejorar considerablemente las posibilidades de supervivencia. Peñafort explicó que históricamente la mortalidad por infarto se ubicaba entre el 15% y el 20%. Actualmente, descendió a entre el 6% y el 8%, lo que equivale aproximadamente a una muerte cada 12 o 13 personas que sufren un infarto.
Sin embargo, cerca de la mitad de quienes fallecen lo hacen antes de llegar al hospital, principalmente como consecuencia de una muerte súbita o de arritmias.
Cuáles son los síntomas y cuándo acudir a una guardia
El principal síntoma de alerta es un dolor intenso en el centro del pecho, que puede irradiarse hacia los hombros, brazos, cuello, espalda, mandíbula o la zona superior del abdomen.
También pueden aparecer falta de aire, sudoración fría, palidez, desmayos, náuseas o vómitos. “Llegar rápidamente a la guardia reduce la mortalidad a la mitad”, destacó Peñafort.
La ventana ideal para destapar la arteria se encuentra dentro de las primeras seis horas desde el comienzo de los síntomas. El tratamiento puede realizarse mediante drogas trombolíticas o a través de un cateterismo con colocación de un stent.
Luego, el paciente permanece entre 48 y 72 horas bajo monitoreo en la Unidad Coronaria y recibe medicación para disminuir el riesgo de sufrir un nuevo evento.
Por eso, ante síntomas compatibles con un infarto, Peñafort remarcó que acudir rápidamente a una guardia puede resultar determinante para aumentar las posibilidades de supervivencia.
En el Día Mundial del Corazón, el Hospital Rawson advirtió sobre la aparición de infartos en personas cada vez más jóvenes, con casos en menores de 40 años e incluso de 30. El cardiólogo Gonzalo Peñafort señaló factores como tabaquismo, mala alimentación, sedentarismo, colesterol elevado, hipertensión, diabetes y consumo de sustancias, y remarcó la importancia de reconocer los síntomas y acudir rápidamente a una guardia.
Infartos a los 30 años. El corazón, que durante décadas parecía tener una agenda bastante clara para empezar a pasar facturas, ahora decidió adelantar los turnos.
Desde el Hospital Rawson advierten que los casos aparecen por debajo de las edades en las que tradicionalmente se concentraban. Entre cigarrillos, sedentarismo, mala alimentación, colesterol, hipertensión y sustancias, el organismo recibe un menú bastante completo para complicarse antes de tiempo.
El cigarrillo aparece señalado como uno de los principales riesgos porque inflama las arterias y puede favorecer la ruptura de las placas de colesterol. Y el vapeador, que llegó con estética de accesorio tecnológico y promesas de modernidad, tampoco queda afuera de la advertencia médica.
El problema es que un infarto no suele aparecer de la nada: el proceso puede comenzar muchos años antes, mientras uno sigue convencido de que los controles cardiovasculares son una actividad reservada para cuando aparezcan las primeras canas. La ateroesclerosis avanza en silencio, acumula colesterol y espera su momento con la paciencia de quien hace una fila en un organismo público.
Hay, además, una paradoja sanitaria: aunque los infartos llegan a edades más tempranas, la mortalidad hospitalaria bajó gracias a los avances médicos. Pero una parte importante de las muertes ocurre antes de llegar al hospital, cuando la rapidez para reconocer los síntomas deja de ser una recomendación y pasa a jugar contra el reloj.
Dolor intenso en el centro del pecho, falta de aire, sudor frío, palidez, desmayos, náuseas o vómitos: señales que no vienen con botón de posponer. El corazón no manda recordatorios para la semana que viene.