Un nuevo episodio de violencia vinculado al narcotráfico sacude a La Matanza. Un ataque armado ocurrido durante la madrugada del 27 de junio en la esquina de Recuero e Icalma, en Gregorio de Laferrere, dejó cuatro personas fallecidas y una mujer herida. El hecho permanece bajo investigación y, hasta el momento, no hay sospechosos identificados.
Todo comenzó minutos después de la medianoche, cuando un llamado al 911 alertó sobre detonaciones en la zona. Al arribar, efectivos de la Policía Bonaerense encontraron a un hombre sin vida junto a una bicicleta, tendido sobre un charco de sangre.
A pocos metros, cerca de un arroyo, los policías hallaron una casilla consumida por el fuego. En la pendiente del terreno yacía el cuerpo de una joven, cubierto con una sábana colocada por vecinos del lugar. Personal médico confirmó posteriormente su fallecimiento.
Las víctimas y la reconstrucción del ataque
Durante las primeras horas de la investigación también se confirmó que otras dos personas habían ingresado a la Unidad de Pronta Atención de González Catán con heridas de arma de fuego. Un hombre murió poco después de llegar al centro de salud, mientras que una mujer logró sobrevivir.
Las víctimas fatales fueron identificadas como Naiara Naomi Marte Semprevivo, de 19 años; Joaquín Maximiliano Villegas, de 34; y Víctor Alejandro Martínez, vecino del lugar. Posteriormente se confirmó una cuarta víctima fatal, elevando el saldo del ataque.
Según la reconstrucción realizada por los investigadores, todas las víctimas coincidieron en una vivienda señalada por vecinos como un presunto punto de venta de estupefacientes. En ese momento, dos hombres que se desplazaban en motocicleta abrieron fuego contra el inmueble y escaparon inmediatamente.
La autopsia determinó que Villegas recibió seis impactos de bala, convirtiéndose en una de las víctimas más castigadas por el ataque.
La investigación apunta al circuito narco
La causa quedó en manos del fiscal Diego Rulli, de la UFI de Homicidios de La Matanza, con apoyo de la DDI y la Policía Departamental. Los investigadores analizan si el ataque guarda relación con otros episodios recientes ocurridos en el distrito, entre ellos el homicidio de una adolescente alcanzada por un tiroteo durante otro presunto ataque sicario.
Como parte de las medidas de prueba, se ordenó una pericia balística para comparar los proyectiles recuperados en ambos hechos. En la escena del crimen fueron secuestradas 25 vainas servidas, un elemento considerado clave para determinar si se utilizaron las mismas armas.
La investigación enfrenta además dos obstáculos importantes: la escasa presencia de cámaras de seguridad en el sector y el hermetismo de muchos vecinos, quienes manifestaron su enojo durante el procedimiento policial y acusaron a las autoridades de no haber intervenido antes frente al funcionamiento del presunto búnker de drogas.
Un ataque a tiros contra un presunto punto de venta de drogas en Gregorio de Laferrere dejó un saldo de cuatro personas muertas y una mujer herida. La investigación apunta a un enfrentamiento vinculado al narcotráfico y busca establecer si el caso tiene relación con otros recientes ataques sicarios ocurridos en La Matanza.
Cuatro muertos, una casilla incendiada y 25 vainas servidas. A veces alcanza una sola cifra para explicar que el barrio ya venía escribiendo el final mucho antes de que llegara la Policía. El llamado al 911 apenas habló de disparos. La escena respondió con otra escala.
El presunto búnker terminó reducido a chapas negras y cenizas, como esos electrodomésticos que se arreglan con cinta hasta que un día directamente dejan de existir. La diferencia es que acá nadie esperaba que funcionara mejor: el incendio fue la traducción más inmediata de un barrio cansado de convivir con un negocio que siempre parece tener clientes, pero casi nunca responsables.
Los investigadores reconstruyen una secuencia conocida en distintos puntos de La Matanza. Dos hombres llegan en moto, disparan decenas de veces y desaparecen antes de que alguien alcance a distinguir un rostro. Después aparecen las ambulancias, las pericias y las promesas de esclarecer un expediente que empieza con más preguntas que respuestas.
Los vecinos, mientras tanto, hicieron lo que suele ocurrir cuando la paciencia vence al miedo: prendieron fuego la casilla señalada como punto de venta de drogas. Es una reacción que no resuelve nada, pero tampoco nace de un día tranquilo. Nace de la repetición.
La Justicia ahora intenta establecer si este ataque guarda relación con otros homicidios recientes atribuidos a disputas narco en la zona. La pericia balística buscará determinar si las armas utilizadas son las mismas que aparecieron en otros atentados. Cuando los casquillos empiezan a repetirse más que las respuestas, el expediente ya no parece una excepción. Parece una franquicia.
Hay barrios donde las cámaras de seguridad no alcanzan para registrar lo único que falta hace tiempo: el momento exacto en que la normalidad decidió mudarse.