La Segunda Guerra Mundial terminó hace 81 años, pero Japón y Rusia todavía mantienen abierta una de sus consecuencias territoriales. Desde 1945, ambos países sostienen una disputa por cuatro islas situadas entre la isla japonesa de Hokkaido y el extremo oriental ruso, un desacuerdo que todavía impide cerrar un tratado de paz definitivo entre Tokio y Moscú.
Los territorios en cuestión son Iturup, Kunashir, Shikotan y el grupo de islas Habomai. Actualmente están administrados por Rusia, que los integra a las Kuriles del Sur, mientras Japón los denomina “Territorios del Norte” y sostiene que forman parte de su territorio.
El conflicto combina argumentos históricos, interpretaciones jurídicas contrapuestas e intereses estratégicos. Aunque las relaciones diplomáticas entre Japón y la entonces Unión Soviética fueron restablecidas en 1956, ambos gobiernos nunca consiguieron concluir un tratado de paz que resolviera definitivamente la cuestión territorial.
Una disputa que nació al final de la Segunda Guerra Mundial
El origen inmediato del conflicto se remonta a los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. En agosto de 1945, la Unión Soviética entró en guerra contra Japón y sus tropas ocuparon los territorios disputados entre finales de agosto y comienzos de septiembre.
Después de la rendición japonesa, los habitantes japoneses que residían allí fueron desplazados y las islas quedaron bajo administración soviética. Tras la disolución de la Unión Soviética, Rusia mantuvo el control.
Japón renunció a las islas Kuriles mediante el Tratado de San Francisco de 1951, pero sostiene que Iturup, Kunashir, Shikotan y Habomai no formaban parte de las Kuriles a las que se refería aquella renuncia. Moscú mantiene una interpretación diferente y considera que la soberanía rusa sobre esos territorios deriva del resultado de la Segunda Guerra Mundial.
Las posiciones permanecen enfrentadas desde entonces: Japón reclama la soberanía de las cuatro islas y Rusia sostiene que su pertenencia a la Federación Rusa no está sujeta a revisión.
Pesca, recursos y una ubicación militar estratégica
La importancia del territorio supera ampliamente su superficie. Las aguas que rodean las islas cuentan con recursos pesqueros, mientras la región posee recursos naturales que incrementan su valor económico.
Además, su ubicación tiene una fuerte relevancia militar. La cadena se encuentra entre el océano Pacífico y el mar de Ojotsk, un espacio estratégico para Rusia y particularmente importante para su actividad naval.
El dominio sobre las islas también tiene implicancias sobre accesos marítimos y presencia militar en el Pacífico Norte. Por eso, cualquier negociación territorial involucra no solamente cuestiones históricas y diplomáticas, sino también intereses vinculados con seguridad y defensa.
El tratado de paz que nunca llegó
Uno de los principales intentos de resolver el conflicto ocurrió en 1956. Ese año, Japón y la Unión Soviética firmaron una declaración conjunta que puso fin formalmente al estado de guerra y restableció las relaciones diplomáticas.
La Unión Soviética aceptó entonces que Shikotan y Habomai fueran entregadas a Japón después de la conclusión de un tratado de paz. Sin embargo, Tokio mantuvo su reclamo sobre las cuatro islas y el acuerdo territorial definitivo nunca se concretó.
Durante las décadas siguientes hubo diferentes etapas de acercamiento y negociación, pero ninguna consiguió resolver la soberanía de los territorios.
La relación volvió a deteriorarse con fuerza en 2022, después de que Japón aplicara sanciones contra Rusia en respuesta a la invasión de Ucrania. Moscú suspendió las negociaciones para alcanzar un tratado de paz y calificó la posición japonesa como “hostil”.
El conflicto volvió a ocupar el centro de la agenda bilateral en 2026, cuando el presidente ruso Vladimir Putin visitó Iturup, la mayor de las islas disputadas. El viaje provocó una protesta diplomática de Tokio, que consideró la visita “inaceptable”. Rusia rechazó el reclamo japonés y volvió a sostener que ejerce soberanía sobre el territorio.
Actualmente no existe un diálogo de paz activo capaz de destrabar la disputa. Rusia continúa administrando las cuatro islas, Japón mantiene su reclamo territorial y el desacuerdo sigue bloqueando un tratado de paz definitivo más de ocho décadas después del final de la Segunda Guerra Mundial.
Japón y Rusia mantienen desde 1945 una disputa por Iturup, Kunashir, Shikotan y Habomai, cuatro territorios controlados por Moscú y reclamados por Tokio como sus “Territorios del Norte”. El conflicto, atravesado por intereses pesqueros, recursos naturales y valor estratégico militar, volvió a tensionarse en 2026 y continúa impidiendo la firma de un tratado de paz definitivo.
La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945, pero aparentemente nadie encontró el botón de “cerrar sesión” en este rincón del Pacífico. Japón y Rusia llevan 81 años discutiendo por cuatro islas mientras generaciones enteras nacieron, envejecieron, aprendieron a usar internet y vieron aparecer teléfonos capaces de traducir idiomas en tiempo real, pero la diplomacia todavía no consiguió resolver quién se queda con Iturup, Kunashir, Shikotan y Habomai. La humanidad llegó a la Luna antes de que estos dos países pudieran ponerse de acuerdo sobre un puñado de territorios frente a Hokkaido.
El problema tampoco admite la sencilla solución diplomática de fingir que las islas no existen. Tienen pesca, recursos naturales y, para completar el combo geopolítico premium, una posición estratégica entre el océano Pacífico y el mar de Ojotsk. Es decir, no son cuatro piedras decorativas sobre el mapa: están ubicadas exactamente donde cualquier potencia militar preferiría que estuvieran sus propias piedras decorativas.
Japón las llama “Territorios del Norte” y reclama su devolución. Rusia las administra y considera que su soberanía quedó definida después de la Segunda Guerra Mundial. En 1956 hasta apareció algo parecido a una puerta de salida: la Unión Soviética aceptó entregar Shikotan y Habomai después de la firma de un tratado de paz. El tratado nunca llegó. La puerta estaba, la llave estaba, pero la política internacional decidió hacer lo que mejor sabe hacer cuando ve una solución incompleta: convertirla en un problema de ocho décadas.
Después llegó 2022, las sanciones japonesas contra Rusia por la invasión de Ucrania y la suspensión de las negociaciones. En 2026, Vladimir Putin visitó Iturup y Tokio volvió a protestar. A esta altura, el conflicto funciona como una serie histórica que nadie se anima a cancelar: cambia el elenco, cambia el contexto mundial, aparecen nuevas guerras y nuevas tecnologías, pero el episodio termina siempre de la misma manera. Rusia conserva las islas, Japón las reclama y el tratado de paz continúa esperando una temporada que todavía no fue confirmada.