La recaudación tributaria suele ser tomada como un indicio de la marcha de la actividad económica, por lo que una baja de los ingresos fiscales suele asociarse con una menor producción. Sin embargo, en Argentina se presenta una dinámica diferente: en los primeros ocho meses de 2026 la recaudación cayó 3,8% en términos reales, mientras que la economía muestra señales de crecimiento.
El mercado estima que la actividad podría terminar el año con una suba cercana al 2%, mientras que los ingresos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) podrían cerrar en niveles similares a los de 2025 una vez descontado el efecto de la inflación.
El fenómeno es analizado en el informe Economic GPS N° 137 de PwC, “Tracking: Los factores estructurales detrás de la dinámica de la recaudación”, que identifica tanto modificaciones de política tributaria como cambios en la estructura productiva para explicar la pérdida de recursos.
Consultado sobre el tema, el especialista Alejandro Pegoraro sostuvo que la debilidad recaudatoria estaría vinculada con la caída de la actividad en sectores transables, especialmente al compararla con la evolución de la recaudación de Ingresos Brutos de las provincias, que está relacionada con la facturación.
La expectativa es que la pérdida de recursos se reduzca hacia el final del año. En los escenarios más optimistas, los ingresos de ARCA podrían terminar 2026 en niveles similares a los de 2025 en términos reales, mientras la economía crecería alrededor de un 2%.
Por qué cae la recaudación de los impuestos
De acuerdo con el estudio de PwC, los cambios normativos implementados durante 2025 afectaron los ingresos tributarios. En los derechos de exportación e importación se registra una caída real del 24,3%, explicada por la reducción de alícuotas de derechos de exportación iniciada a comienzos de 2025 y confirmada durante 2026, además de la restitución de certificados de exclusión de IVA para importadores.
En el caso del Impuesto a los Créditos y Débitos, también conocido como impuesto al cheque, se verifica una baja real del 3,5%. PwC atribuye parte de ese resultado a una norma de la Comisión Nacional de Valores de mayo que permitió el endoso directo de cheques electrónicos a cuentas comitentes en Agentes de Liquidación y Compensación (ALyC), evitando el paso por cuentas corrientes bancarias alcanzadas por el tributo.
En Bienes Personales, la actualización de alícuotas y el aumento del mínimo no imponible también redujeron su aporte respecto de períodos anteriores.
En cuanto al Impuesto al Valor Agregado (IVA), la consultora considera que su evolución responde a la transformación de la economía “y no a una debilidad de la actividad”. En ese sentido, sostiene que “las actividades de mayor expansión lideraron la economía —agro, minería, pesca— que, al estar orientadas a la venta externa, están exentas del IVA y no generan débito fiscal en el mercado interno”.
El informe advierte que por ese motivo se “redujo la base gravada del IVA sin que signifique una caída del nivel de actividad real”. También identifica un impacto derivado de la composición del empleo: “Aunque el empleo total creció 3,5%, la composición se desplazó hacia categorías con menor registración estimada de operaciones”. PwC define este fenómeno como una “menor base teórica”.
Otro de los factores señalados está relacionado con los saldos a favor de IVA acumulados durante la sequía. “Tras la sequía previa, los productores acumularon saldos a favor de IVA que, con la normalización de las cosechas, se aplicaron contra los débitos fiscales actuales, reduciendo la recaudación efectiva en caja”, explica el estudio.
PwC también identifica factores que compensaron parcialmente la pérdida de recursos, entre ellos el crecimiento del Valor Agregado Bruto, el aumento de tarifas alcanzadas por el IVA y el desplazamiento hacia actividades más intensivas en el cobro de ese impuesto.
Pegoraro: “los impuestos vinculados a la actividad están cayendo”
Alejandro Pegoraro, director de la consultora Politikon Chaco, señaló que “se está viendo una dinámica bajista de la recaudación porque los impuestos vinculados a la actividad son los que siguen cayendo”.
El especialista consideró que durante este año también se registra un efecto de “serrucho” en algunos impuestos, como Ganancias, debido a cambios en las fechas de pago.
“Hay mucho salto y caída por calendario que impacta en un mes específico, pero que al cierre del año debería volver al punto de equilibrio”, explicó Pegoraro.
El analista sostuvo que la principal medida de compensación adoptada por el Gobierno estuvo vinculada con el Impuesto al Cheque, a partir de la decisión de la CNV que modificó la posibilidad de depositar cheques en cuentas comitentes, una operatoria que permitía a las empresas evitar legalmente el pago del tributo.
Más allá de estos factores, Pegoraro consideró que la caída de la recaudación durante 2026 “tranquilamente podría recortarse a uno y medio” o, en un escenario de mayor optimismo, “quedaría nula”.
La recaudación tributaria argentina acumula una caída real del 3,8% en los primeros ocho meses de 2026, pese a que la economía muestra señales de crecimiento. Un informe de PwC y el análisis de especialistas atribuyen la brecha a cambios normativos y a una transformación de la estructura productiva, con mayor peso de sectores exportadores que generan menos IVA interno.
La economía puede crecer 2% y la recaudación caer 3,8% en términos reales. En Argentina hasta los impuestos parecen haber decidido que no necesitan acompañar al PBI para mantener una relación civilizada.
El fenómeno tiene una explicación bastante menos misteriosa: agro, minería y pesca están creciendo, pero gran parte de esa producción mira hacia afuera y no paga IVA como una actividad orientada al mercado interno. Es como llenar el carrito del supermercado, pasar por caja y descubrir que buena parte de las compras fueron hechas en otro país.
También hubo cambios de reglas que redujeron ingresos: menores derechos de exportación e importación, modificaciones en Bienes Personales y una maniobra normativa alrededor de los cheques electrónicos que afectó la recaudación del impuesto al cheque. El Estado, mientras tanto, hace las cuentas con una calculadora que cada tanto descubre una categoría nueva.
PwC sostiene que la menor recaudación del IVA no necesariamente refleja una caída de la actividad, sino una reducción de la base gravada provocada por el cambio en la composición productiva. El agro, la minería y la pesca pueden aportar crecimiento económico y, al mismo tiempo, aportar menos IVA doméstico.
A eso se suman saldos a favor de IVA acumulados durante la sequía, cambios en la registración del empleo y efectos de calendario que generan meses con saltos y caídas en impuestos como Ganancias. La recaudación, en definitiva, sigue creciendo donde no necesariamente se cobra lo mismo.
La economía argentina logró entonces una curiosa separación de bienes: por un lado, el PBI avanza; por el otro, los impuestos hacen la suya. Para fin de año, los especialistas esperan que la brecha se achique. La calculadora fiscal, por ahora, sigue esperando el reencuentro.