El Gobierno nacional mantiene abierta la posibilidad de incorporar nuevos submarinos para la Armada Argentina como parte del plan de recuperación de capacidades militares perdido tras el hundimiento del ARA San Juan en noviembre de 2017. Mientras avanza la incorporación de los cazas F-16 y se espera una segunda tanda de aeronaves, el Ministerio de Defensa analiza distintas alternativas para sumar tres sumergibles de ataque en el mediano plazo.
El principal límite para concretar la operación continúa siendo el financiamiento. Según estimaciones oficiales, el programa demandaría un crédito internacional cercano a los 2.310 millones de dólares. En el ámbito militar calculan que cada submarino nuevo tiene un costo aproximado de 700 millones de dólares, a lo que deben añadirse sistemas de armas, repuestos y la capacitación de las tripulaciones.
Francia y Brasil, una alternativa con producción regional
Entre las propuestas evaluadas, la más avanzada corresponde al astillero estatal francés Naval Group, que ofrece el modelo Scorpène equipado con baterías de ion-litio. Estas unidades pueden permanecer sumergidas durante más de 78 días continuos y cuentan con seis tubos lanzatorpedos de 533 milímetros para transportar hasta 18 armas, entre torpedos pesados, minas y misiles antibuque.
En noviembre de 2024, el área de Defensa firmó una carta de intención con la empresa francesa, aunque el contrato definitivo quedó detenido debido a las condiciones financieras planteadas por Francia. El esquema de pagos requerido, con plazos de entre seis y siete años, representa una dificultad para la economía argentina.
Ante ese escenario comenzó a tomar fuerza una alternativa que incorpora a Brasil. El país vecino fabrica submarinos Scorpène en el Complejo Naval e Industrial de Itaguaí, en Río de Janeiro, mediante transferencia tecnológica francesa.
La propuesta en análisis contempla que las tres unidades destinadas a Argentina sean ensambladas en astilleros brasileños. Para Brasil, el acuerdo permitiría sostener la actividad industrial de sus instalaciones, disminuir costos asociados al desarrollo y ofrecer herramientas de financiamiento regional.
A pesar de las diferencias políticas entre los gobiernos de Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva, el ministro de Defensa brasileño, José Múcio Monteiro, mantuvo en mayo una reunión con su par argentino, Carlos Presti, donde esta alternativa formó parte de las conversaciones bilaterales.
Alemania e Italia, otras opciones bajo análisis
Otra posibilidad está vinculada al grupo alemán ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS), que compite con el modelo HDW Tipo 209NG. La empresa cuenta con antecedentes de provisión de submarinos a la Argentina, aunque actualmente sus astilleros tienen una elevada demanda por contratos relacionados con países de la OTAN, lo que podría extender los plazos de entrega hasta la próxima década.
La construcción de nuevos submarinos requiere entre cinco y ocho años desde la firma del acuerdo definitivo. En caso de avanzar el esquema con Francia y Brasil, la primera unidad podría llegar a la Argentina entre 2032 y 2036.
En paralelo, la relación entre Milei y la primera ministra italiana Giorgia Meloni abrió la puerta a evaluar una alternativa diferente: la adquisición de submarinos usados de la clase Sauro pertenecientes a la Marina italiana, mientras ese país incorpora nuevos modelos U212A.
Las unidades italianas que permanecen operativas son el «Salvatore Pelosi» (1988), «Giuliano Prini» (1989), «Primo Longobardo» (1993) y «Gianfranco Gazzana Priaroggia» (1995). Se trata de submarinos oceánicos de tamaño medio con capacidad para realizar misiones prolongadas en zonas como el Atlántico Sur.
A diferencia de los diseños más modernos, los clase Sauro utilizan sistemas convencionales sin propulsión independiente de aire. Esa característica podría facilitar su incorporación debido a una logística menos compleja, mantenimiento más sencillo y una adaptación más gradual para las tripulaciones argentinas.
La posibilidad de adquirir submarinos italianos también tiene un antecedente histórico: las primeras unidades submarinas incorporadas por la Armada Argentina en 1933 fueron los sumergibles clase Tarantino, construidos en astilleros italianos. La definición del próximo paso dependerá de la disponibilidad financiera y de los acuerdos industriales que logren avanzar.
El Gobierno argentino analiza alternativas para recuperar la capacidad submarina de la Armada tras la pérdida del ARA San Juan en 2017. Entre las opciones aparecen submarinos franceses Scorpène construidos con participación brasileña, modelos alemanes y unidades usadas italianas. La principal dificultad para avanzar es el financiamiento, ya que el programa requeriría créditos internacionales por unos 2.310 millones de dólares.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
2.310 millones de dólares para volver a tener submarinos. Porque aparentemente hasta desaparecer bajo el agua necesita antes pasar por la burocracia de superficie.
La Argentina busca reconstruir su capacidad submarina con una mezcla de astilleros franceses, brasileños, alemanes e italianos, como si estuviera armando un equipo de fútbol con jugadores de cuatro ligas distintas y esperando que el presupuesto aparezca antes del primer partido.
El proyecto contempla sumar tres sumergibles de ataque, pero cada unidad nueva ronda los 700 millones de dólares antes de agregar repuestos, armas y entrenamiento. Es la clase de compra donde hasta la calculadora pide licencia por estrés.
Francia aparece como una de las opciones más avanzadas con sus Scorpène de baterías de ion-litio, mientras Brasil podría convertirse en el socio que acomode la ingeniería financiera y fabrique los barcos en sus instalaciones. Una suerte de “hecho en Francia, ensamblado en Brasil y pagado cuando la economía deje de mirar el calendario con cara de trámite pendiente”.
Mientras tanto, Alemania ofrece experiencia y antecedentes con la Armada argentina, pero sus astilleros tienen la agenda ocupada por pedidos vinculados a la OTAN. Italia aparece con una alternativa usada, porque en defensa también existe el mercado donde algunos miran un vehículo con kilómetros encima y dicen: “todavía tiene vida útil”.
La Armada necesita recuperar una capacidad perdida, pero el submarino más difícil de encontrar sigue siendo el financiamiento. Ese todavía no salió a superficie.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El Gobierno nacional mantiene abierta la posibilidad de incorporar nuevos submarinos para la Armada Argentina como parte del plan de recuperación de capacidades militares perdido tras el hundimiento del ARA San Juan en noviembre de 2017. Mientras avanza la incorporación de los cazas F-16 y se espera una segunda tanda de aeronaves, el Ministerio de Defensa analiza distintas alternativas para sumar tres sumergibles de ataque en el mediano plazo.
El principal límite para concretar la operación continúa siendo el financiamiento. Según estimaciones oficiales, el programa demandaría un crédito internacional cercano a los 2.310 millones de dólares. En el ámbito militar calculan que cada submarino nuevo tiene un costo aproximado de 700 millones de dólares, a lo que deben añadirse sistemas de armas, repuestos y la capacitación de las tripulaciones.
Francia y Brasil, una alternativa con producción regional
Entre las propuestas evaluadas, la más avanzada corresponde al astillero estatal francés Naval Group, que ofrece el modelo Scorpène equipado con baterías de ion-litio. Estas unidades pueden permanecer sumergidas durante más de 78 días continuos y cuentan con seis tubos lanzatorpedos de 533 milímetros para transportar hasta 18 armas, entre torpedos pesados, minas y misiles antibuque.
En noviembre de 2024, el área de Defensa firmó una carta de intención con la empresa francesa, aunque el contrato definitivo quedó detenido debido a las condiciones financieras planteadas por Francia. El esquema de pagos requerido, con plazos de entre seis y siete años, representa una dificultad para la economía argentina.
Ante ese escenario comenzó a tomar fuerza una alternativa que incorpora a Brasil. El país vecino fabrica submarinos Scorpène en el Complejo Naval e Industrial de Itaguaí, en Río de Janeiro, mediante transferencia tecnológica francesa.
La propuesta en análisis contempla que las tres unidades destinadas a Argentina sean ensambladas en astilleros brasileños. Para Brasil, el acuerdo permitiría sostener la actividad industrial de sus instalaciones, disminuir costos asociados al desarrollo y ofrecer herramientas de financiamiento regional.
A pesar de las diferencias políticas entre los gobiernos de Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva, el ministro de Defensa brasileño, José Múcio Monteiro, mantuvo en mayo una reunión con su par argentino, Carlos Presti, donde esta alternativa formó parte de las conversaciones bilaterales.
Alemania e Italia, otras opciones bajo análisis
Otra posibilidad está vinculada al grupo alemán ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS), que compite con el modelo HDW Tipo 209NG. La empresa cuenta con antecedentes de provisión de submarinos a la Argentina, aunque actualmente sus astilleros tienen una elevada demanda por contratos relacionados con países de la OTAN, lo que podría extender los plazos de entrega hasta la próxima década.
La construcción de nuevos submarinos requiere entre cinco y ocho años desde la firma del acuerdo definitivo. En caso de avanzar el esquema con Francia y Brasil, la primera unidad podría llegar a la Argentina entre 2032 y 2036.
En paralelo, la relación entre Milei y la primera ministra italiana Giorgia Meloni abrió la puerta a evaluar una alternativa diferente: la adquisición de submarinos usados de la clase Sauro pertenecientes a la Marina italiana, mientras ese país incorpora nuevos modelos U212A.
Las unidades italianas que permanecen operativas son el «Salvatore Pelosi» (1988), «Giuliano Prini» (1989), «Primo Longobardo» (1993) y «Gianfranco Gazzana Priaroggia» (1995). Se trata de submarinos oceánicos de tamaño medio con capacidad para realizar misiones prolongadas en zonas como el Atlántico Sur.
A diferencia de los diseños más modernos, los clase Sauro utilizan sistemas convencionales sin propulsión independiente de aire. Esa característica podría facilitar su incorporación debido a una logística menos compleja, mantenimiento más sencillo y una adaptación más gradual para las tripulaciones argentinas.
La posibilidad de adquirir submarinos italianos también tiene un antecedente histórico: las primeras unidades submarinas incorporadas por la Armada Argentina en 1933 fueron los sumergibles clase Tarantino, construidos en astilleros italianos. La definición del próximo paso dependerá de la disponibilidad financiera y de los acuerdos industriales que logren avanzar.
El Gobierno argentino analiza alternativas para recuperar la capacidad submarina de la Armada tras la pérdida del ARA San Juan en 2017. Entre las opciones aparecen submarinos franceses Scorpène construidos con participación brasileña, modelos alemanes y unidades usadas italianas. La principal dificultad para avanzar es el financiamiento, ya que el programa requeriría créditos internacionales por unos 2.310 millones de dólares.
2.310 millones de dólares para volver a tener submarinos. Porque aparentemente hasta desaparecer bajo el agua necesita antes pasar por la burocracia de superficie.
La Argentina busca reconstruir su capacidad submarina con una mezcla de astilleros franceses, brasileños, alemanes e italianos, como si estuviera armando un equipo de fútbol con jugadores de cuatro ligas distintas y esperando que el presupuesto aparezca antes del primer partido.
El proyecto contempla sumar tres sumergibles de ataque, pero cada unidad nueva ronda los 700 millones de dólares antes de agregar repuestos, armas y entrenamiento. Es la clase de compra donde hasta la calculadora pide licencia por estrés.
Francia aparece como una de las opciones más avanzadas con sus Scorpène de baterías de ion-litio, mientras Brasil podría convertirse en el socio que acomode la ingeniería financiera y fabrique los barcos en sus instalaciones. Una suerte de “hecho en Francia, ensamblado en Brasil y pagado cuando la economía deje de mirar el calendario con cara de trámite pendiente”.
Mientras tanto, Alemania ofrece experiencia y antecedentes con la Armada argentina, pero sus astilleros tienen la agenda ocupada por pedidos vinculados a la OTAN. Italia aparece con una alternativa usada, porque en defensa también existe el mercado donde algunos miran un vehículo con kilómetros encima y dicen: “todavía tiene vida útil”.
La Armada necesita recuperar una capacidad perdida, pero el submarino más difícil de encontrar sigue siendo el financiamiento. Ese todavía no salió a superficie.